Lucrecia había acordado con Samuel todo acerca de los itinerarios para el cumpleaños de Athena, realmente ellos eran pocas personas, pero eran los 3 años de la Pequeña Diosa Griega y Sam, Claudia, Hera, Hades, Mencía, Pilar y Nano estarían aquí. La Familia de Lu era pequeña, pero era familia y no necesitaba más.
Lucrecia había guardado el guardapelo de Raquel, ese que Ares le había regalado hacía tanto tiempo. Miró el objeto entre sus manos y lo abrió. Ella misma había reemplazado la foto de Ares y Raquel por una donde solo salía su amiga. No era aún momento de confundir a Athena, el padre de Athena era Samuel, al menos así debían mantenerlo ante todo el mundo por ahora. Ese era el regalo de Athena de este año, obviamente también tenía dos canciones nuevas, una que había escrito Samuel para ella y otra que había escrito Lucrecia.
Repasó cada uno de los detalles, la mesa del pastel, el momento de la llegada de su familia, preparó los vestidos que Athena y ella lucirían ese día, había preparado también la ropa de Samuel, para que solo llegase a ducharse rápido y a cambiarse, inclusive había preparado un collar especial para Baggera.
Se puso a pensar en su vida, en cómo había cambiado tan rápido para mal y en todo lo que había trabajado (sí, trabajo ahora era una palabra normal para ella) para que cambiara para bien.
Samuel había sido todo en ese proceso. Lo que la llevaba de nuevo a Carla, después de casi diez años de realmente conocer a Samuel, Lucrecia no entendía por qué ella lo había dejado ir. Claro que Lu no tenía sentimientos románticos hacia el chico. Pero era precisamente por eso que podía ser objetiva. Samuel había logrado adaptarse a la élite española, sin importar si era en Madrid o en Barcelona, o en Valencia o en donde fuese, aún había veces que era un poco confiado, pero ella siempre estaba ahí para olfatear a las malas personas, le había costado poder encajar en el círculo, o más bien aceptar que era parte del círculo, pero solo había necesitado buenos amigos para ello.
Carla habría podido hacer lo que ella misma había hecho, enseñarle a Samuel a sobrevivir en su mundo. Después de todo, Samuel le había enseñado a Lucrecia a sobrevivir en el propio. Si ellos habían podido aprender, ¿De qué habría tenido miedo Carla? ¿Qué le aterraba tanto que decidió que no valía la pena luchar junto a Samuel?. Entonces Lucrecia se dio cuenta de una cosa.
Carla no conocía realmente a Samuel, les había faltado tiempo y madurez claro está, porque por ese tiempo, solo importaba follar. A ellos les había hecho falta conocerse realmente, no solo desnudar sus cuerpos y sus almas, les había faltado desnudar sus mentes, sus silencios, sus lagrimas, sus risas. Ellos no habían funcionado porque no habían tenido tiempo.
Raquel ya se lo había insinuado una vez, pero Lu no lo había entendido como tal hasta ahora. Incluso después de morir, Raquel seguía dándole lecciones de vida. Suspiró. Por alguna extraña razón, el destino (o Dios, diría Raquel) estaba permitiendo que los caminos de Samuel y Carla volvieran a cruzarse. Ahora ellos ya no eran unos niños... bueno, a juzgar por la actitud de Carla eso aún estaba en duda, pero al menos por parte de Samuel, él había vencido sus demonios, había aprendido a darse el valor que merecía, a quererse, había curado el vínculo con su familia, ese vínculo que Marina había roto hacía tanto tiempo.
Lu se levantó de la cama y fue a buscar en los cajones de Samuel. Ella sabía bien que Samuel sin importar a donde fuesen, siempre dejaba ese conjunto de lencería en el lugar que él sentía como hogar, el lugar al que debía regresar, tal vez fuera meramente psicológico, pero Lucrecia lo entendía. Al ver ese conjunto, ella supo que es lo que tenía que hacer.
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El cumpleaños del Sol de Lucrecia empezó de la mejor manera, ella despertó a Athena cantándole las mañanitas como cada año, aunque esta vez Samuel lo hizo solo a través de una videollamada. Lu la abrazó en su cama, mientras Athena abrazaba su enorme pancita de embarazo.
Se habían quedado en cama un par de horas viendo la Bella y la Bestia antes de que Lucrecia insistiera en que era hora de darse una ducha y ponerse presentables. La bañera era lo suficientemente grande como para que pudieran juguetear las dos en el agua un buen rato, Lu lo agradecía pues era más sencillo bañar a Athena si ella misma estaba en la bañera, su pancita le dificultaba cada vez más acciones tan cotidianas como bañar a Athena.
Una vez estuvieron limpias y secas, Lu se vistió cuan rápido podía y se puso a vestir a Athena, ambas con vestidos a juego. Mientras la peinaba no podía evitar ver a Raquel en ella, no había visto mas que dos fotos de la Bruja cuando niña, pero Athena era igualita, claramente tenía los ojos de Ares, pero era un ser de luz tan brillante como lo había sido Raquel en su vida, por esa razón, a Lu no le importaba haber dedicado cada día de los últimos 3 años a cuidarla junto con Samuel.
—¿Cuando nace mi primo? —había preguntado Athena mientras Lucrecia la peinaba.
—No lo sé. Solo sé que puede nacer en cualquier momento.
—Es que no quiero que nazca en mi cumpleaños —dijo Athena con un adorable puchero que era a debilidad de Lucrecia.
—¿Por qué? —inquirió la Mexicana divertida.
—Porque es mi día especial, MI día y el de mamá, es nuestro día especial y no quiero compartirlo.
Lucrecia intentó que no le afectara, pero la realidad es que no podía recibir peor golpe emocional, Raquel había muerto dándole vida a Athena, ella tenía razón, era su día especial.
—Te prometo que haré todo lo que esté en mis manos para que no nazca hoy, pero... en caso de que quiera nacer... ¿Puedo dejarlo que nazca mañana?
—Mmmmm.... —Athena lo pensó mientras miraba a Lu por el espejo—. Está bien, mañana si puede nacer.
Eso le había arrancado una automática sonrisa a la castaña, quien terminó de peinar a Athena mientras ambas cantaban canciones de Disney.
Athena no preguntó a qué hora llegaría Samuel porque le habían dicho que llegaría hasta dentro de un par de días. Así que Lu no se vio en problemas. Cuando ambas bajaron al lobby, Athena sonrió complacida, había tulipanes en todos lados, Samuel los había pedido especialmente para Athena, quien había decidido hacía apenas unos meses que sería su flor favorita cuando vio una foto de Raquel con uno en su mano. Lu no había coordinado nada de las flores, pero debía admitir que Samuel se había esforzado, Athena se veía totalmente feliz entre tantas flores y tantas luces. Sobre el piano, como si flotaran estaban las letras del nombre de Athena y un enorme 3.
La cascada proyectaba las letras "Feliz Cumpleaños Pequeña Diosa Griega" y había un arco de globos dorados que semejaba a las viejas columnas griegas que enmarcaban un trono. La emoción de Athena era el mejor regalo para Lucrecia, quien feliz la veía andar de un lado para otro mientras esperaba los mensajes de Samuel en los que le daba actualizaciones de su ruta de vuelta.
Lucrecia estaba coordinando todo el sistema de sonido al tiempo que respondía los mensajes del grupo que le mandaban todos diciendo que estaban cerca, o que dónde se esconderían para la sorpresa, mientras también seguía la ruta de Samuel en otra parte de la pantalla de la tablet, alternándose entre coordinar a sus empleados para que todo saliera perfecto y vigilar a su pequeño huracán rubio quien jugaba a las atrapadas con Baggera.
Para las 15:40 la familia llegó y Lucrecia pudo quitar un punto de su lista de pendientes cuando le pidió a una de sus empleadas que se hiciera cargo de llevarlos a una de las salas de reuniones de la planta baja. Después de finalmente coordinar el audio mandó a un empleado a dejar el micrófono de Samuel a su habitación junto a la ropa que Lucrecia ya había acomodado más temprano en la cama. Y finalmente había acabado con los preparativos. Samuel había llegado y se estaba cambiando la ropa. Lucrecia suspiró tranquila cuando fue a reunirse con Athena quien seguía en el piano intentando tocar la última melodía que Samuel estaba trabajando, Lu se sentó con ella, después de tantos años, algo le había enseñado Samuel de piano y aunque era lo básico, ella aún podía ayudar a Athena con ello.
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SobReviViR
FanfictionCuando Carla se fue a Londres dejando todo atrás, dejó también a las dos personas más importantes de su vida, las mismas 2 personas que habrían dado todo por ella. Se sentían traicionados y estaban realmente solos, pero encontraron una extraña forma...
