Carla y Samuel

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Bueno, ustedes lo pidieron, así que aquí esta. Pido perdon por el tiempo de tardanza, pero espero este capítulo lo compense.

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Carla quería sentirse mal, realmente quería sentirse mal, pero no podía.

Hacía una semana que había terminado con la relación más larga y más "estable" de toda su vida... y también la más aburrida, había terminado con él por una llamada, sin darle la cara... Justo como es tu costumbre le dijo su consiencia, pero Carla la calló sacudiendo su cabeza y poniendo los ojos en blanco. 

Pero con todo eso, no encontraba la culpa. Más bien todo lo contrario.

Había sido un impulso, ella ni siquiera lo había pensado realmente cuando lo había hecho, pero parecía que a su moral no le importaba un comino.

Una semana.

Se había sentido más viva en esa semana que en 10 años, el aire era simplemente más ligero, parecía que era más facil llenar sus pulmones y con cada acción, ya fuera cotidiana o espontanea que Samuel hacía, le era más fácil sonreír. Carla había creído hace tantos años que esas famosas "mariposas" que sentía cada que lo veía eran pura anticipación sexual, ahora se lo replanteaba todo, porque las estupidas mariposas seguían ahí aún después de 10 años.

Samuel no la había tocado, no como a ella le hubiera gustado. Sin embargo, cuando sus manos se rozaban por alguna casualidad, o cuando llegaba a poner su mano en su espalda por alguna razón muy alejada de una intensión sexual, su piel era como electricidad. Había robado para sus outfits los lentes obscuros de Lucrecia y les había encontrado una utilidad personal...

Evitar que Samuel notara en sus ojos cuán exitada se sentía con simples acciones.

Fué el 6to día en Barcelona. Carla le había pedido que le mostrara quienes eran los nuevos Lu y Samu, pues al final, ella quería también el perdón de Lu. Samuel no había respondido durante el día, pero por la noche la había llevado a un lugar de renta de autos, Carla había estado confundida, y después Samuel le había explicado que así habían llegado a Barcelona, en auto y después de eso le había llevado a una feria con una enorme rueda de la fortuna cerca del mar, por los señalamientos, Carla supo que estaban en Tibidabo. Como siempre, Samuel se bajaba antes para abrirle la puerta, no es que Carla no estuviera acostumbrada a que le abrieran la puerta, pero cuando lo hacía Samuel ella simplemente sonreía, recordando aquél joven muchacho que había sido antes y cómo los viejos hábitos nunca cambiaban.

La había llevado al puesto y había comprado banderillas, tarde Carla se dio cuenta que la había mandado a buscar una mesa para pagar él. Esa había sido una constante entre ellos los últimos días, por mucho que Carla quería cooperar con algo, él simplemente no la dejaba, buscaba como en ese momento, la forma de distraerla para que no pagara nada. Era la comida más mundana que había comido en años, pero no sentía molestia alguna, cuando la probó se llevó una agradable sorpresa, esa mordida le supo a hogar.

Y Carla solo había encontrado ese sabor en el departamento que había sido de Samuel en Madrid, lo miró sorprendida, preguntándole mil cosas con sus ojos y haciéndolo reír.

—Lu estuvo trabajando aquí con Raquel un tiempo, Lu cambió la receta a una que yo le había enseñado, tuvo éxito —dijo con cierto orgullo mirando de reojo el puesto y el sabor tuvo sentido.
—Sabes... esto va a sonar muy extraño, pero es como si supiera a tu casa —admitió Carla.
—Alguien tenía que enseñarle a cocinar a Lu... al menos si no quería morir envenenado por su terrible arte culinario —dijo Samuel con una risa pequeña y Carla lo apreció, era muy raro que Samuel le hablara de Lu, así que esos pedazos de información los guardaba muy bien en su memoria.

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⏰ Última actualización: Feb 15 ⏰

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