Lu

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—Hola Lu —saludó América desde el otro lado de la línea.
—Hola Mare, dime, ¿Me tienes algún reporte importante?
—Pues llamaron de Bis...
—Cari, me refiero al otro tipo de reporte —dijo Lucrecia divertida.
—Oh... dame unos segundos, dejé los papeles en tu oficina —dijo la chica entendiendo perfectamente a lo que se refería su jefa y amiga.

Lucrecia y América Rodríguez habían compaginado enseguida, de hecho, Lucrecia había tenido tantas secretarias mal escogidas por recursos humanos, que había terminado por hacer las entrevistas ella misma. No podía culpar a los chicos de recursos humanos, después de todo, ellos no la conocían realmente. Pero Lucrecia supo que América era la chica correcta desde el momento en que llegó a su puerta, Lu pudo ver a desesperación en sus ojos, el hambre reflejada en sus pupilas, el cansancio en sus ojeras y la falta de esperanza en sus iris avellana. Lu enseguida supo que la ropa que traía era lo mejor que tenía, a pesar de estar gastado, de estar las medias jaladas que intentaba cubrir con la falda que tenía la marca de la plancha cuando se quemó.

Pero apenas habló Lu supo que la chica tenía ganas de salir adelante. No había estudiado mucho más del colegio y Lucrecia supo por experiencia propia que llevaba días sin comer bien. Calculó su talla y mandó pedir 5 conjuntos sastres de una tienda, que si no fueron de alta costura, fue únicamente para no hacer sentir mal a la chica.

Para cuando la entrevista terminó, Lucrecia bajó con ella en persona hasta recursos humanos donde le dieron sus credenciales de identificación y de derecho a comedor, y mintiendo sobre un hambre que realmente Lucrecia no tenía, se sentó con América a almorzar, ahí fue donde Lu supo que ella había quedado huérfana a la edad de 17 y por eso no había terminado de estudiar. Cuando volvieron al despacho de Lucrecia, ya estaba allí la ropa que había pedido, se la entregó a América mintiendo sobre que ese era el uniforme, lo que la chica creyó totalmente.

La etiqueta de Lu duró solamente unos días, mientras América aprendió a tratarla y pronto se hicieron buenas amigas de trabajo, más cuando se trataba de espiar la vida amorosa de Samuel, como en ese momento. A América no le interesaba Samuel, como sí a la mayoría de sus secretarias anteriores, esa era la razón por la que Lu no pensaba perder a América.

—Este es el tercer día que se presenta con la misma mujer, alta, rubia y de ojos verdes —explicó América.
—¿Y ella que hace o qué?
—¿Qué es lo que no me estás diciendo Lu? —preguntó con sospecha América—. No pareces sorprendida de lo que te digo.
—Es una vieja conocida... Mare, Samuel no puede saber que yo sé que ella está con él ¿De acuerdo?
—¿Ella es mala o algo? —inquirió preocupada América.
—No, tranquila, es solo que lo sé por casualidad, pero prefiero esperar a que él me lo cuente.

—Bien, pues realmente no hace mucho, llegan al edificio, van directo al despacho de Samuel y de ahí ella se sienta mientras Samuel revisa los archivos sobre su escritorio, si llega a salir, ella lo acompaña, se les ve platicando, eso te dirán todos; pero Samuel le explica cómo es que funciona todo. ¿Lu, es una ex o algo?
—Ahora eres tu la que debe explicarme por qué piensas eso —dijo Lucrecia, no quería influir en nada, ella misma no podía ser objetiva en cuanto a Carla, necesitaba alguien que si pudiese.

—Cómo lo mira —decidió contestar América, llevaba ya el tiempo suficiente de conocer a Lucrecia como para saber que si ella evitaba un tema, era mejor no presionarla—. No sé, es extraño... he visto muchos tipos de mirada, pero no logro dar con la de ella. A demás, le dice Samuel, no Ricardo, como todos y él le habla fácil, ambas sabemos lo recatado que es cuando habla con mujeres, pero con ella parece tarabilla, y le sonríe y...

—Okey, me queda claro —dijo Lucrecia interrumpiendo a América y decidió contarle una parte de la verdad—. Nunca fueron nada oficial, llegaron a salir un par de veces cuando éramos adolescentes, por eso a familiaridad, supongo.
—Mónica la vigila como halcón, ¿Quieres que haga algo en especial con ella?
—Con Mónica, que encuentres por fin un motivo para echarla, por favor —dijo Lu de broma—. Y de la rubia... no sé exactamente si quiero hacer algo al respecto, no quiero meterme.

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