Lucrecia

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—¿Cómo que compraste un castillo? —preguntó Victoria cuando Lucrecia les conto sobre su loco impulso.
—Es un seguro de vida, todas bien sabemos que esto va a ponerse verdaderamente feo cuando sepan que básicamente les mentimos —aclaró Lucrecia.
—Bueno, no les mintieron, los nombres son legales —aportó Mencía.
—Nos hicimos los locos cuando vimos a Carla —dijo Lu—. Eso es equivalente a mentir.
—¿Desde cuando eres tan moralista? —inquirió con verdadera curiosidad Mencía.

—Desde  nunca. Solo estoy preocupada por Samuel.
—¿Aún no te lo dice? —preguntó Victoria con el mayor tacto que pudo.
—Nop —dijo Lu preocupada—. Y tengo miedo de que la razón por la que no me lo ha dicho sea porque ya cometió una tontería con ella.
—¿Segura que es eso? ¿O es que no te gusta que te oculte cosas? —preguntó Claudia.
—Chicas, Sam y yo no lo sabemos todo el uno del otro, él tiene sus secretos y tabues y yo tengo los míos y respetamos eso —aclaró Lu—. Les aseguro que no es el hecho en sí de que no me lo ha dicho lo que me tiene preocupada, sino la razón que lo lleva a no decírmelo.

—Tienes miedo de que ya se hayan acostado —susurró Mencía.
—Sí, tengo miedo de que Sam lo haya hecho por las razones equivocadas —confesó Lucrecia—. Porque hice exactamente lo mismo con Guzmán y terminé embarazada, y no me mal entiendan, amo a mi bebé... Pero... Nunca debío ser de Guzmán. Por años amé al mismo hombre y ese amor nunca fue en ambos sentidos.

—Lu, sé que quieres protegerlo, pero Samuel y Carla no son tú y Guzmán, no es la misma historia, no quiere decir que ella lo va a lastimar tanto como Guzmán a tí —dijo Mencía tomando las manos de Lucrecia entre las suyas mientras veía las lágrimas que resbalaban de las mejillas de la mexicana.
—Ustedes no lo vieron, ustedes no estuvieron ahí cuando se rompió en mil pedazos, pensé que jamás se iba a levantar de ello, no quiero volver a verlo así, es solo eso.
—Él es inteligente, dudo que vuelva a ponerse en esa situación —dijo Victoria—. Sabe que Athena es lo que más importa. Sin importar lo imprudente que él quiera ser, siempre estará ella primero.

—Por otro lado... ¿Cuando podremos ir a conocer el castillo? —preguntó Claudia haciendo reír a todas.
—Haré un hotel ahí, no pienso desperdiciar una propiedad de 4 millones de euros —se rió Lucrecia.
—Eso de los hoteles te está gustando, según veo —dijo Claudia.
—Son una buena inversión —dijo Lucrecia encogiéndose de hombros.
—¿Ya decidieron dónde iniciará la Diosa Griega la escuela? —inquirió Mencía cambiando de tema.

—La verdad es que no, Sam no quiere que sea en España, quiere que ella tenga una vida normal, por ello borró todo lo de su música.
—¡¿Cómo que borró su música?! —gritaron todas en pánico.
—Sí, el fue borrando de todos lados, Spotify es el último.
—Dime que no se van a ir hasta méxico, es lejísimos —rogó Mencía.

—La verdad es que no lo sé, esa es decisión de Samuel —comentó Lu.
—¿Y tu no tienes voz y voto? —preguntó Claudia—. Alejaríamos a los niños y son primos.
—Así como tu debes proteger a Hera y Hades, Sam debe proteger a Athena —dijo Lucrecia—. Tanto Raquel como Ares contaron con él para esa tarea.
—Lo sé, solo no quiero verlos crecer alejados —dijo Claudia con tristeza.
—Y nuestros bebés tampoco pueden crecer separados, ustedes son mi familia —dijo Victoria.

—Primero tenemos que dejar que Sam vuelva y ver que pasó con el asunto de Carla, después de eso, creo que podemos tomar acciones —explicó Lucrecia y todas estuvieron de acuerdo.

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Lucrecia dejó de lado la investigación sobre Carla, después de todo, ya no importaba cómo se habían conocido ella y Jonathan, al final, lo que importaba era que estaban usando a Carla, tanto por su dinero como por su título.

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