Samuel y Carla

130 13 3
                                        

Samuel solo esperaba que Carla no notara que había escuchado parte de la conversación... la casa estaba básicamente vacía, y el volumen del teléfono de Carla se había subido en alguna parte de la conversación.

Ella había mencionado el nombre de Jonathan, justo como había dicho Mencía que se llamaba el prometido. Carla no le había dicho que estaba con él, lo que era extraño, pues ni siquiera a la tal Jessica le había dicho nada.

—¿Necesitas que te ayude en algo? —preguntó Samuel pues se le hacía idiota preguntar si todo estaba bien cuando la voz de ella claramente decía que no.
—No, lamento que tuvieras que escucharme.
—Descuida, tu has escuchado también mi charla con Lu —dijo Samuel intentando quitarle importancia al asunto.
—Vale.

Recogieron todo y mientras Samuel lavaba los trastes ella estaba tecleando en su teléfono rápidamente. Samuel no sabía si era el agua, el jabón, el silencio o el tiempo, pero solo podía pensar en la razón por la que Carla estaba hí y en por qué le había dado a entender a la tal Jessica (que debía ser la amiga que Lu le había mencionado) que se quedaría fuera dos semanas, justo el plazo que tenía él.

Sí, le había ofrecido su casa pero estaba sorprendido de que ella realmente se fuese a quedar allí. Samuel quería preguntar, realmente quería saber sobre Jonathan y porqué habían peleado por teléfono, pero el mismo sabía que ese era un terreno peligroso. Una cosa era admitir a Carla de vuelta en su via como amiga, como esa amiga que lo había apoyado emocionalmente al ir a casa de Raquel y otra cosa muy diferente era empezar a pensar en ella como algo más.

Sobre todo porque ella estaba comprometida con alguien más. No es que a una pequeña parte de su corazón no le doliese, pero había intentado hacer ese sentimiento a un lado por su propio bien. Él siempre había querido que ella fuera feliz, aún si no era con él, y el hecho de preguntarle por su pelea con su prometido era un límite que no podía rebasar, que no se atrevía a rebasar, por mucho que tuviese ganas. No podía hacerse eso a si mismo, mucho menos a Athena, ella no merecía que él volviera a sumirse en una depresión después de que él se hubiera hecho algún tipo de ilusión sobre Carla y ella hubiese arreglado sus diferencias con Jonathan.

Pero si podía dejar las cosas claras con Carla, evitando totalmente mencionar su compromiso.

—Nunca hablamos realmente y creo que ahí estuvo uno de los muchos errores que cometimos Carla —le dijo Samuel una vez terminó de lavar los trastes, ella lo miró interrogante.
—¿De qué hablas?
—Que quiero ser sincero, y quiero que seas sincera conmigo —explicó Samuel—. Ayúdame a entender porqué estás aquí, porque obligación no tienes, y de antemano te lo digo de corazón a lo derecho, no me molesta que estés aquí, ¿Es extraño? Sí, demasiado, pero no me molesta y mi oferta de que puedes quedarte es enserio, solo quiero saber qué es lo que haces aquí, realmente.

Samuel básicamente le estaba rogando que no lo ilusionara, que no le diera esperanzas y quería confiar en que Carla era buena y no malvada como para darle alas que luego le cortaría, necesitaba saber su verdad.

Carla lo miró sin saber por cuanto tiempo, sin poder hablar.

—Carla, necesito que hables, no puedes solo permanecer callada, hay muchas cosas que siempre quise decirte, pero no puedo empezar con ellas si no puedes responderme una pregunta, y necesito saberla.

—No lo se ¿Vale? —admitió Carla con lágrimas amenazando con caer por sus ojos—. No puedo responderte algo que ni yo entiendo, desde el segundo que te vi con Lucrecia y tu hija me atacaron miles de emociones, emociones que no entiendo. Di por hecho que después de tantos años... estaría más preparada para el momento en que volviera a verte, pero ya ves que no —dijo Carla mientras sonreía y una lágrima bajaba por su mejilla—. Luego te vi vulnerable y algo dentro de mi despertó de nuevo, ese loco instinto por protegerte... y entonces hice esa estúpida promesa de que respetaría lo que me quisieras contar cuando lo único que he hecho todo el día es morderme la lengua por hacer mil preguntas de las que no estoy segura de querer escuchar las respuestas. No sé que hago aquí. Solo sé que cuando me ofrecí a venir parecía ser lo correcto y actualmente sigue pareciendo correcto aunque se vea mal desde más de la mitad de los ángulos.

SobReviViRDonde viven las historias. Descúbrelo ahora