Mi recuperación fue lenta. Sinceramente, pensé que la paliza que me dio Antleres no había sido para tanto, pero olvidé un pequeño detalle: los malditos ángeles imbullen sus patas, garras y cuernos en metales que no son perjudiciales para su salud... pero para nosotros son veneno. Un veneno silencioso, corrosivo, que se filtra por la sangre y te va apagando desde dentro. No arde como el fuego. No duele como una herida abierta. Es peor. Es como si tu propia esencia comenzara a rechazarte.
Nuevamente, el trato con Tenebris salvó mi trasero. Tal vez esta vez sí rocé el umbral. Estoy segura de haberlo escuchado. No tengo pruebas. Pero tampoco dudas. Hay momentos en que la muerte tiene una textura distinta, un silencio más espeso. Yo estuve ahí... y algo me empujó de vuelta.
A mi regreso descubrí que, poco después de que saliera del infierno para la campaña del norte, un amigo de Grim mató a Ikaro. Pedí que su cuerpo fuera cremado, para que no sea devorado por algún listo. Me dolió saber que terminó igual que tantos de su especie: muerto por servir, muerto por lealtad. No tuve tiempo de llorarlo como merecía; reclamé desde mi cama de hospital, con la voz rota y el cuerpo aún intoxicado por metal santo. Desde Sam, no recuerdo que nunca haya apreciado tanto a una bestia; al menos, aunque murió sin gloria, le agradezco lo que hizo.
Supe entonces que Grim dejó a uno de sus amigos a cargo de mis hijos mientras él se marchaba. Nunca dijo adónde. Muchos sirvientes le advirtieron que no era necesario, que la casa estaba protegida y con gente perfectamente calificada para poder cuidarlos, y que podrían esperar al pronto regreso de cowa. No le importó. Lo impuso. Ikaro intentó proteger a mis cachorros hasta que Cowa volviera de una reunión con el rey, para que ella pudiera hacerse cargo, pues Bazal, padre de Grim, estaba en la frontera sur negociando con el territorio bestia. Cowa era la única con suficiente autoridad para contradecir a Grim sin que él la redujera a cenizas.
Nadie sabe qué habría hecho ese "amigo" con mis hijos; en el infierno nunca se sabe. Grim lo protegió... y luego lo mató. Tan abrupto como haberlo dejado al cuidado de mis hijos desde un inicio. Nunca se supo su intención real. Cowa, sin embargo, agradeció a Ikaro por haber protegido a mis cachorros con su vida. Según ella, muchos clanes y nobles deseaban a mis hijos. No solo como miembros de sus familias. Como trofeos. Como piezas estratégicas. Si no fuera por Ikaro, mis hijos estarían rondando por todo el infierno impidiéndonos recuperarlos.
Ahora, para mayor mortificación de Cowa, de Bazal... y mía, los cachorros quedaron bajo el cuidado directo y exclusivo de Grim. Él no permite que nadie se acerque. Grim ahuyenta o mata a quien lo intente. Ya se metieron en problemas con varios clanes por solicitar miembros como niñeros, solo para que Grim los ejecutara ante la mínima sospecha. No sé qué hacer con él. Hablar... probablemente será lo último que haga.
Hablando de clanes, gracias a mi desempeño en la guerra, el clan Hellhound, después de siglos, obtuvo estatus de clan permanente. El único que se concedió en la historia; no hay otro reino que lo haya dado. Ahora mi clan puede actuar con una seguridad que jamás tuvo; no caerá en desgracia por capricho político. Fue integrado oficialmente a la familia del conde Sanhu, unificando dos ramas familiares que habían sido divididas siglos atrás. Es un movimiento político brillante. También peligroso.
Mi clan no fue el único beneficiado. Muchos miembros de clanes que pelearon con valor, como el de Aemond, recibieron reconocimiento. Sus comercios aumentaron de valor, sus oficios ganaron prestigio, sus nombres comenzaron a sonar en las mesas donde antes no eran invitados. El infierno premia la sangre... pero ahora también premia la utilidad.
Si antes los clanes ya solíamos imponernos sobre los plebeyos, ahora la diferencia es aún más evidente. Y con ello, más demonios comenzaron a organizarse en familias con aspiraciones de convertirse en clan. Siempre existieron esas ambiciones, pero muchos caían antes de ser reconocidos. Ahora hay un incentivo claro: guerra, servicio, resultados. Apoyar al infierno de cualquier manera puede elevar un nombre al rango de clan, con todos los beneficios políticos y sociales que eso implica. Ahora todos quieren ser clan.
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Demon within
FantasyEn un mundo dividido, el odio que consumió el alma de una joven es la gota que derramó él vaso, Desató y terminó a la fuerza, una guerra sangrienta termina por llegar al límite de todos los involucrados, no pueden seguir, pero la desconfianza y des...
