Nada de lo que pensabas cuando eras niño existe; eran fantasías. Cuando creces, te das cuenta de la realidad del mundo y de las relaciones: Entonces, cuando piensas que no va a pasar, sucede. Aceptas que las amistades se acaban, que nada es para siempre y que confiar puede ser una actividad estúpida.
Te das cuenta de que dejar ir a la persona que amas, pero que no te ama, es amarte, respetarte y valorarte. Creces, dejas de ser un niño con ilusiones y fantasías. Nace el sentido común y el sentido de supervivencia en un mundo materialista, doloroso y realista.
Te enfrentas a la cruda verdad de que la vida no siempre es justa y que las expectativas raramente se cumplen. Te das cuenta de que la gente cambia, y que a menudo, aquellos que prometen estar siempre a tu lado desaparecen en los momentos más difíciles. Sin embargo, esta realidad también te enseña a ser más fuerte, a valerte por ti mismo y a encontrar un propósito más profundo y personal en medio de las decepciones y las adversidades. En este proceso, descubres que la verdadera fortaleza reside en la capacidad de adaptarse y seguir adelante, pese a todo.
Y, en medio de este proceso, a veces extrañas ser joven, cuando la vida parecía más simple y las preocupaciones eran menores. Extrañas los días en los que las responsabilidades eran pocas y la mayor preocupación era decidir a qué jugar. Anhelas la inocencia y la despreocupación de esos tiempos, antes de que las duras realidades de la vida se hicieran presentes. Pero también reconoces que esos recuerdos son parte de lo que te ha moldeado y te ha preparado para enfrentar el mundo con más sabiduría y resiliencia.
Sin darte cuenta, te convertiste en adulto, y los problemas se hicieron más grandes. Antes pensabas que devorabas el mundo, pero hoy él te devora a ti. Las pequeñas preocupaciones de la infancia se transformaron en desafíos abrumadores, y te ves obligado a enfrentar responsabilidades que nunca imaginaste. La transición fue tan sutil que apenas percibiste cuándo ocurrió, pero un día te despertaste y te diste cuenta de que ya no eres aquel niño lleno de sueños y fantasías. Ahora, la realidad te pide ser fuerte y enfrentar cada obstáculo con valentía.
Y no esperas a que llegue el día en donde seas viejo, donde le cuentes a tus hijos y nietos, todo lo que viviste, si es que te acuerdas.
Viendo cómo cambia el mundo, cómo cambiaste tú.
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Rosas, espinas y sangre.
PoetrySentimientos y sensaciones, escritos que te transportarán al dolor ajeno, al sufrimiento, tal vez al amor, tal vez a la esperanza. Quédate y leelos para descubrirlos.
