La mañana del domingo me despertó con un sabor agridulce, por una parte estaba a punto de decir adiós a esa ciudad hermosa que me regresó un poco la felicidad, y por el otro retumbaba en mi cabeza aquella propuesta que me hizo Carlos. Me revolví en la sábana por completo, noté al instante su ausencia en la cama, pues se tuvo que ir durante la madrugada para alistarse e ir a trabajar. Sin muchas ganas me levanté y terminé de poner todas mis cosas en la maleta, luego fui al baño para arreglarme e ir a desayunar. En cuanto abrí la llave de la regadera, escuché que mi celular sonaba. Corrí hacia el aparato y al último momento contesté sin fijarme quién realizaba la llamada.
- Bueno - dije un poco agitada.
- ¡Hola, soy Carlos! - habló el guía rápidamente.
- ¿Qué no se supone que estás trabajando? - pregunté confusa.
- Sí, así es - respondió el chico - Solamente tengo cinco minutos antes de que regrese el grupo a la camioneta y aproveché para llamarte y decirte algo.
- ¿Qué es? - pregunté un poco nerviosa.
- Te quiero. Te quiero como no lo había hecho con nadie más. Has cambiado mi vida por completo, y si decides quedarte conmigo, te prometo que haré todo lo que esté en mis manos para hacerte la mujer más feliz del mundo.
Me quedé callada, paralizada por lo que acababa de oír.
- Si decides elegirme, te espero a las ocho de la noche en nuestro punto de encuentro favorito. Si no llegas, entonces lo comprenderé - dijo en seguida de unos minutos en silencio.
Cerré los ojos, todo se volvía complicado, más de lo que pensaba que sería.
- Tengo que irme. Espero con mi corazón verte en nuestra cita - comentó el guía un poco nervioso.
Colgó. Dejé el celular en la cama. Suspiré hondo. No podía hacer lo que él me solicitaba, no podía dejar lo que tenía en Guadalajara, ¿o sí?
Me metí nuevamente en la regadera, deseando que el agua disipará mis dudas y me aclarara la mente. Cuando salí de bañarme, la batalla entre quedarme o no se inclinaba más al segundo, ya que pensaba que era una tontería dejar todo por un hombre que apenas conocía.
Luego de arreglarme, tomé mi bolsa y mi cámara fotográfica para meter ésta última en la maleta. En ese momento me di cuenta de que la cámara seguía prendida. Me senté en la cama un momento para revisar su contenido. Comencé a repasar las imágenes desde la última hacia atrás, hice un gesto de extrañeza cuando vi fotografías que yo no recordaba haberlas tomado, supuse que quizás Carlos las había hecho, y no podía dudar de que era muy buen fotógrafo. Entonces me percaté de que en la mayoría de sus fotos yo aparecía como la protagonista de la historia que contaban. Me removí un poco en la cama al sorprenderme por no reconocer a aquella mujer de las imágenes, esa chica tenía un brillo especial en los ojos, sus mejillas estaban rosadas, una fantástica sonrisa se asomaba entre sus labios, sin lugar a dudas esa mujer era feliz.
Volteé a verme en el espejo, el reflejo que me mostraba era totalmente diferente al que me reveló cuando llegué el lunes. Las ojeras habían desaparecido casi por completo, mi tono rosado desplazó a la palidez con la que viví por seis meses y medio. Mi mente trajo hacia mí la propuesta de Carlos, y entendí que en ese lugar yo era feliz, junto a ese guía turístico había vuelto a la vida.
Tomé una decisión. Recordé que alguien me dijo poco después de que colapsara mi vida, que a veces uno tenía que tomar riesgos para bien de uno mismo. Sabía que el quedarme sería un gran riesgo, sin embargo traté de traer a mi mente la última vez en que realmente me sentí feliz, y supe que tenía mucho tiempo que no lo era. Había visitado demasiados sitios en los meses anteriores y ni si quiera en casa podía percibir un poquito de lo que ahora experimentaba. Sonreí para mí misma, me arriesgaría a quedarme, podría encontrar un trabajo en aquella ciudad y si de alguna manera no funcionaba pues ya vería qué hacer, de todos modos las cosas que yo había planeado cautelosamente ya jamás serían.
Salí de la habitación con una sonrisa radiante. El sol me pareció como una bendición al sentirlo en mi piel. La decisión estaba tomada, ansiaba por completo ver a Carlos en nuestro punto de encuentro favorito. Sentía que el tiempo se me haría eterno hasta que se hicieran las ocho de la noche, pero aguantaría lo necesario, había esperado mucho para encontrar a alguien como Carlos y por lo mismo lo tomaría con calma.
Como tenía mucha hambre fui a parar inconscientemente en el primer restaurante al que llegué el lunes. Más feliz que nunca pedí unos huevos al Monte Albán y un exquisito chocolate tradicional con leche. Sabía que nada podría opacar aquella felicidad que sentía, o eso era lo que yo creía.
El mesero me trajo mi desayuno, el cual comencé a comer lentamente para disfrutar su sabor. Algo me hizo voltear hacia mi lado derecho y me petrifiqué, dejé caer mi cuchara en la mesa, puesto que ahí se encontraba el hombre con el que estuve obsesionada los primeros dos días de mi estancia en Oaxaca. El hermano gemelo diabólico de mi exnovio amablemente atendía a una familia. Lo observé detenidamente, no cabía duda de que no lo había imaginado. Luego de varios segundos mirándolo él sintió mi mirada y se dirigió hacia mí, no reaccioné de que se acercaba hasta que lo tenía a mi lado.
- ¿Le puedo ayudar en algo? - preguntó el mesero con voz dulce.
Me quedé callada, pues seguía en shock. Entonces él repitió su pregunta y fue cuando me obligué a reaccionar.
- No, gracias. Todo está bien - contesté en voz baja evitando mirarlo directamente.
El mesero asintió con la cabeza, me dedicó una sonrisa y se retiró. Cerré los ojos, sentí como la herida del corazón, que empezaba a cicatrizar, volvió a sangrar como una hemorragia. En mi mente seguía la imagen de la sonrisa de ese muchacho que para mí desgracia, era semejante a la del hombre al que me recordaba.
Luego de ese instante ya no pude terminar mi desayuno. Comencé a tener náuseas y una crisis de ansiedad me dominó por completo. Después de pagar la comida que no me terminé, salí corriendo hacia el hotel, tomé mis cosas y me dirigí rumbo al aeropuerto, comprendí que no podía seguir en esa ciudad.
Cuando subí al avión que me regresaría a Guadalajara, no recordé que alguien en ese preciso momento me esperaba a las ocho de la noche, a un lado de la catedral. Supongo que al no verme llegar entendió algo muy duro para él, y quizás también para mí, no lo había elegido.

ESTÁS LEYENDO
Simplemente yo
Romance"Él había sido el amor de mi vida. Yo le había dado todo lo que era, mis días buenos, mis besos, mi tiempo, mi cuerpo, y ahora todo se resumía a nada, a un punto muerto." Katherine era una chica que vivía solamente para una persona, su mundo giraba...