Verdad o reto.

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El tiempo parecía haberse detenido y acelerado al mismo tiempo para Malú y Pablo. En esas tres semanas, la relación entre ambos había crecido con la naturalidad de algo que estaba destinado a ser. Cada encuentro estaba lleno de momentos compartidos que se mezclaban con risas, besos robados y conversaciones que hacían que las horas se escaparan sin que se dieran cuenta.
Pablo había comenzado a incluirla en su rutina de trabajo, llevándola al estudio donde grababa y componía, mostrándole canciones que todavía estaban naciendo. Malú, por su parte, lo había invitado a su oficina en más de una ocasión, o encontrando siempre alguna excusa para hacer una pausa en el trabajo y escaparse con él a un cafetería cercana o simplemente para robarse unos minutos de tranquilidad entre el caos. También estaba la intimidad de las noches, que alternaban entre su hotel de confianza, el piso de Malú, o el apartamento de Pablo.
Aquella mañana, sin embargo, las cosas tomaron un giro incómodo. Malú estaba en la oficina central, sumida en la edición de un artículo que debía entregar antes del mediodía cuando levantó la mirada del monitor al escuchar el ruido de la puerta cerrándose. Estaba concentrada en ajustar las últimas líneas de un artículo, pero el aire en la habitación cambió de inmediato. La presencia de Óscar era imposible de ignorar.

—Hola, cariño. —saludó él, su voz cargada de una falsa amabilidad que a Malú le puso nerviosa.

—Óscar. —respondió con una sonrisa tensa mientras apartaba las manos del teclado. Intentó parecer relajada, aunque su espalda estaba rígida como un resorte—. ¿Qué haces aquí?

—Solo quería verte. Ha pasado un tiempo desde que tuvimos una noche para nosotros, ¿no crees? —Él se acercó al escritorio, rodeándolo con pasos lentos, como si estuviera inspeccionando su terreno.

Malú apartó ligeramente la silla hacia atrás, creando una distancia prudente entre ambos.

—Sí, bueno, he estado ocupada con el trabajo, ya sabes cómo es esto.

Óscar se inclinó, colocando ambas manos sobre el escritorio, atrapándola con su mirada penetrante.

—Y por eso mismo pensé que podríamos desconectar esta noche. Ir a cenar, tomar algo, y luego... acabar por todo lo alto.

El tono en su voz no dejaba mucho espacio para interpretaciones, pero Malú no dudó en negar.

—No puedo. Ya tengo planes.

Él frunció el ceño, claramente molesto.

—¿Planes? ¿Qué planes?

—Es el cumpleaños de una amiga. Quedé con ella y con algunas chicas para salir. —mintió rápidamente, intentando mantener un tono casual.

Óscar movió la cabeza, analizándola.

—¿Cumpleaños? No me habías dicho nada.

—Fue algo improvisado. Me avisaron esta semana y no le di mucha importancia. Solo vamos a salir un rato, nada especial.

La tensión en el rostro de Óscar se intensificó. Su mandíbula se apretó, y sus ojos brillaron con una mezcla de incredulidad y enfado.

—¿Y por qué no puedo ir contigo?

Malú respiró hondo, intentando mantener la calma.

—Porque es solo de chicas, Óscar. Además, no creo que sea el momento para presentarte.

—¿No el momento? —repitió, su tono cargado de sarcasmo—. ¿Llevamos desde finales de febrero juntos, estamos a mediados de mayo y todavía no es el momento?

—Por favor, no te lo tomes así, no tiene nada que ver contigo. Es una reunión pequeña, y no quiero incomodar a nadie.

Óscar soltó una risa seca y sarcástica. Dio un paso hacia ella, rodeando su silla como un depredador que acecha a su presa. Malú se tensó, sintiendo cómo su espacio personal se evaporaba.

Entre notas y secretos.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora