La mañana en Barcelona amaneció gris. La luz apenas se filtraba por las cortinas de la habitación del hotel, y el reloj digital en la mesita marcaba las 10:07. Pablo llevaba ya un buen rato despierto, tumbado en la cama con la mirada fija en el techo, pero sin moverse.
No había dormido bien. Su cabeza seguía atrapada en aquella llamada perdida de la noche anterior. No sabía por qué, pero algo dentro de él le decía que esa llamada significaba más de lo que parecía.
Un sonido interrumpió sus pensamientos.
El teléfono vibró sobre la mesita. Era un número desconocido y Pablo se tensó.
Era el mismo de anoche. Podría ignorarlo, no tenía por qué contestar, pero no apartó la vista de la pantalla. Miró cómo el teléfono vibraba, cómo el número desconocido insistía, cómo el tiempo se agotaba. Tres segundos más y la llamada se perdería.Dos.
Uno.
Justo cuando la persona al otro lado estaba a punto de colgar, Pablo deslizó el dedo por la pantalla y contestó.
—¿Sí?
Se hizo silencio breve, seguido de una voz femenina.
—Pablo, gracias por contestar. Sé que no nos conocemos, pero necesito pedirte unos minutos. Por favor, no cuelgues.
Pablo frunció el ceño.
—¿Quién eres?
—Soy Carlota. Soy la terapeuta de Malú.
El aire en sus pulmones se volvió pesado.
Lo supo antes de que ella terminara la frase.
Malú.
Era por ella.
—Si llamas para hablarme de Malú, ahórratelo.
—Pablo endureció el tono—. No quiero saber nada.Carlota no se inmutó.
—Entiendo que esto pueda ser incómodo, pero créeme, no te llamaría si no creyera que es importante.
—No es importante para mí.
—Lo es para ella.
Pablo cerró los ojos con frustración. Su mandíbula se tensó.
—No sé qué te ha contado Malú de mí, pero sea lo que sea, no me involucra. Pasé página hace meses. Que haga lo mismo.
Carlota suspiró al otro lado.
—Pablo, por favor...
Pero él no le dejó terminar.
—No. —Su voz salió cortante, casi un gruñido—. Dejarme en paz.
Y colgó.
El teléfono quedó en su mano por unos segundos, con la pantalla aún encendida, esperando una reacción que nunca llegó.
Pablo lo dejó caer sobre la cama, se pasó una mano por el pelo y soltó una maldición entre dientes.
No entendía por qué Malú lo necesitaba ahora. No entendía qué tenía él que pudiera ayudarla.
No entendía nada. Pero entonces, su mente lo arrastró sin permiso.Y volvió allí.
A Málaga.
Flashback. Málaga, hace seis meses.
El sol se estaba poniendo tras el mar cuando volvieron al hotel. La piel de ambos aún conservaba el calor del día, y la sal se pegaba en su ropa. Pablo se dejó caer en la cama con un suspiro, observando a Malú moverse por la habitación.
Ella no había dicho mucho desde que salieron de la playa. Algo en sus ojos oscuros parecía ausente, perdido en sus pensamientos que no compartía.
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Entre notas y secretos.
RomanceMalú, una periodista musical de 28 años, asiste a una fiesta en un bar de la capital junto a dos amigos. Esa noche, el dueño del local, Pablo López, un principiante músico de 26 años, celebra su cumpleaños con un concierto especial. La voz de Pablo...