El sol veraniego de junio iluminaba la habitación de Malú, pero el calor no conseguía disipar la frialdad que sentía por dentro. El ultimo mes había sido un torbellino emocional. La presencia constante de Óscar, el recuerdo de su corta historia con Pablo, y su propio miedo a tomar decisiones. Esa mañana, con una taza de café en mano y el portátil frente a ella, Malú intentó enfocarse en su trabajo, pero una notificación nueva en su correo electrónico captó toda su atención.
El remitente era Pablo López.
Su corazón dio un vuelco, y las manos comenzaron a temblarle antes de hacer clic. Lo que encontró fue algo inesperado: dos archivos adjuntos titulados "Vuelvo a Verte" y "Ángel Caído". Junto a ellos, un breve mensaje."Quizá ya no piensas en mi como yo lo hago, pero no importa, porque yo no me olvidó de esa voz tan mágica que tienes. Haz lo que quieras con ellas pero yo no me las puedo quedar porque esto solo te pertenece a ti. Ojalá te encuentres a ti misma en sus letras y algún día pasemos a ser dos compañeros cumpliendo sus sueños."
Malú dejó la taza sobre la mesa, incapaz de apartar la mirada de la pantalla. Sintió cómo las lágrimas subían rápidamente a sus ojos. Esas palabras eran un reflejo de todo lo que ella no sabía cómo expresar.
Con un clic tembloroso, abrió el primer archivo. "Vuelvo a Verte" era como una súplica, un grito ahogado que pedía el reencuentro con alguien amado o quizas con uno mismo. Cada línea le hacía pensar en los momentos con Pablo, en lo que había sido, en lo que podría haber sido, en como se paraba el tiempo cuando estaban juntos. El segundo archivo, "Ángel Caído", era aún más impactante. Cargado de fuerza y vulnerabilidad, parecía estar hecho a medida para su propia historia.
Al terminar de leer, su corazón latía con fuerza. Algo en esas canciones despertó en ella una mezcla de culpa, nostalgia y un inexplicable deseo de actuar. Pero no sabía cómo manejarlo sola. Necesitaba ayuda.
Sin pensarlo más, decidió acudir al único que siempre estaba dispuesto a escucharla sin juzgarla: Pablo Alborán.
Cuando Malú llegó al estudio de Alborán, le encontró sentado en su terraza, con una guitarra en las manos. Al verla, dejó la guitarra a un lado y se levantó, notando la expresión agitada en su rostro.—¿Qué ha pasado ahora? —preguntó directamente, haciendo un gesto para que se sentara.
Sin decir nada, Malú sacó el móvil de su bolso y abrió los archivos. Se los entregó a Alborán, que los leyó en silencio, primero con curiosidad y luego con creciente asombro.
—¿Pablo ha escrito esto para ti? —preguntó finalmente, sin despegar la vista de la pantalla.
Malú asintió, incapaz de articular palabra.
—No sé qué hacer... —dijo en un susurro, rompiendo el silencio.
Alborán dejó el móvil sobre la mesa y la miró con seriedad.
—Estas canciones son increíbles, Malú. No solo por la composición, sino porque están cargadas de algo que no es fácil de expresar... ¿Por qué dudas?
—Porque no soy cantante. Nunca lo he sido.
—¿Y eso qué más da? —replicó Alborán con firmeza—. Tienes una voz increíble, Malú. Lo sé porque te he oído hablar, pero, sobre todo, lo sé porque él lo sabe. Si alguien como Pablo cree que puedes interpretar esto, es porque puedes hacerlo.
Malú bajó la mirada, mordiéndose el labio inferior.
—Es que... no sé si estoy preparada.
—Nadie está preparado al principio. —Alborán se acomodó en su silla, observándola atentamente—. Pero estas canciones son un regalo, Malú. Y creo que, si las ignoras, no solo estarías desaprovechando algo que puede cambiar tu vida, sino que también estarías traicionándote a ti misma.
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Entre notas y secretos.
RomanceMalú, una periodista musical de 28 años, asiste a una fiesta en un bar de la capital junto a dos amigos. Esa noche, el dueño del local, Pablo López, un principiante músico de 26 años, celebra su cumpleaños con un concierto especial. La voz de Pablo...