Al día siguiente...
El sol se colaba entre las rendijas de las persianas del apartamento de Pablo, pero él seguía en la cama, tumbado boca arriba, sin haberse movido en horas. La noche anterior había sido un torbellino que lo había dejado sin rumbo, y ahora, al despertar, los recuerdos golpeaban su mente como una tormenta implacable.
Lo que había sucedido con Malú en el estudio lo llenaba de emociones encontradas. Sentía la calidez de su piel, la pasión de sus labios, pero también la frialdad de su marcha repentina. Habían compartido algo que para él siempre había sido más que físico, pero el peso de lo no dicho entre ellos hacía que todo se sintiera incompleto, casi vacío.
"¿Qué demonios estamos haciendo?", pensó, frotándose la cara con las manos, intentando alejar la sensación de frustración que lo invadía. Desde que conoció a Malú, su vida había sido un vaivén de emociones. Había algo en ella que lo atraía de forma inevitable, como un imán, pero también algo que lo mantenía constantemente a la defensiva, como si nunca pudieran encontrar un equilibrio.
Se levantó de la cama y fue directo a la cocina, buscando café para despejarse. Mientras esperaba que la cafetera terminara su trabajo, apoyó las manos en la encimera y dejó escapar un largo suspiro.—No puedo seguir así. —murmuró para sí mismo.
Su teléfono vibró en la mesa del salón. Lo miró de reojo, esperando ver el nombre de Malú en la pantalla, pero era su madre. Dudó unos segundos antes de contestar.
—¿Como estás hijo? —preguntó Lola, sin preliminares.
—Bien. —respondió Pablo, aunque sabía que su tono lo delataba.
—¿Seguro, hijo? Tu voz no dice lo mismo. ¿Te apetece hablar de lo que sea que te tenga así?
Pablo se pasó una mano por el pelo, intentando encontrar las palabras. Su madre siempre había sido su confidente, pero no sabía cómo explicarle el caos que sentía.
—Es complicado.
—Tiene que ver con la chica esa de la que me habló tu hermano, ¿no? —preguntó ella, acertando de lleno.
—Mamá...me he enamorado y es muy complicado todo. Ayer... —Se detuvo, buscando las palabras adecuadas. —Ayer volvimos a caer en lo mismo, como siempre. Nos buscamos, nos encontramos, pero al final todo termina... en nada.
Lola guardó silencio unos segundos antes de responder.
—¿Te has planteado que quizás necesitas alejarte de ella?
La pregunta lo golpeó como un mazazo. ¿Alejarse? ¿De Malú? Era una idea que había considerado en más de una ocasión, pero siempre volvía al mismo punto: no podía. Había algo en ella que lo mantenía atrapado, algo que iba más allá de la lógica.
—No es tan fácil, mamá. No puedo... no quiero dejarla ir. Pero tampoco puedo seguir así.
El café terminó de hacerse, y Pablo sirvió una taza, esperando que el calor del líquido le aclarara las ideas.
"Ella es un enigma", pensó. Cada vez que creía entenderla, Malú hacía algo que lo descolocaba por completo. Y, sin embargo, siempre volvía a ella, como si no tuviera otra opción.
Después de colgar la llamada con su madre, Pablo cogió su guitarra y se sentó en el sofá. Tocó unas cuantas notas, buscando distraerse, pero cada acorde le recordaba a ella, a su voz, a la manera en que lo miraba cuando estaba siendo completamente sincera.
Se habia enamorado. Eso lo sabía. Pero también sabía que enamorarse de Malú era como intentar abrazar un huracán: hermoso, devastador e imposible de controlar.El sonido insistente del teléfono rompió la monotonía de la mañana en la oficina. Malú levantó la vista de la pantalla de su ordenador, viendo el nombre de Alejandro parpadear en la pantalla del móvil.
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Entre notas y secretos.
RomanceMalú, una periodista musical de 28 años, asiste a una fiesta en un bar de la capital junto a dos amigos. Esa noche, el dueño del local, Pablo López, un principiante músico de 26 años, celebra su cumpleaños con un concierto especial. La voz de Pablo...