El trayecto hacia Málaga estuvo marcado por una mezcla de silencios cómodos y momentos de conversación ligera. Malú miraba por la ventana, dejando que el paisaje la distrajera mientras su móvil vibraba en el bolso. Era un mensaje de la chica con la que había contactado el dia anterior.
"Hola, soy Elena. Perdon por tardar en responder. ¿Cómo puedo ayudarte?"
Malú tragó saliva, nerviosa. Durante unos segundos, dudó si responder, pero al final le escribió.
"Gracias por contestar. Quería saber si has trabajado con Óscar o si has tenido problemas con él... Necesito hablar con alguien que lo entienda".
A los pocos minutos, Elena respondió.
Elena: Trabajé con él hace años. Sé que no es fácil decir esto, pero... ¿te ha puesto la mano encima?
Malú sintió un nudo en el estómago. Miró de reojo a Pablo, que conducía concentrado. No quería que él notara su inquietud, así que respondió rápidamente.
Malú: Sí... ¿Podemos hablar el lunes? Ahora mismo estoy de viaje y no puedo hablar mucho.
Elena: Por supuesto. Llámame cuando puedas.
Malú guardó el móvil en silencio, prometiéndose a sí misma que haría esa llamada pronto.
Pablo notó su expresión seria y puso una mano en su rodilla.—¿Todo bien? —preguntó con suavidad.
Ella asintió y forzó una sonrisa.
—Sí, solo estaba respondiendo unos mensajes.
Pablo sonrió, pero no insistió.
Llegaron a la ciudad a primera hora de la tarde y, tras dejar las maletas en el hotel, decidieron explorar una cala cercana que Pablo conocía.
El sol ya había desaparecido completamente cuando Malú y Pablo llegaron a la cala. El ruido de las olas y el fresco de la noche creaban una atmósfera tranquila, casi mágica. Caminaban despacio, dejando que la arena húmeda se colara entre sus dedos descalzos y permitiendo que el silencio llenara los huecos que las palabras no podían.
Pablo fue el primero en romper el silencio, girándose hacia ella.
—¿Sabes qué es lo que más me gusta de las playas pequeñas como esta?
Malú lo miró con curiosidad.
—¿Qué?
—Que son como una especie de escondite. —Hizo una pausa, observando las luces lejanas reflejándose en el agua—. Aquí, no hay ruido de coches, ni teléfonos sonando, ni prisa por hacer nada. Solo el mar y nosotros.
Ella sonrió, volviendo la vista hacia el horizonte.
—Sí, es... diferente. Me hace sentir un poco más en paz.
Pablo la observó de reojo, notando cómo su expresión cambiaba ligeramente, como si su mente estuviera lejos.
—¿En qué piensas? —preguntó con suavidad.
—En muchas cosas. —Malú soltó un suspiro, encogiéndose de hombros—. Pero sobre todo, en que ojalá pudiera sentirme así siempre. Como ahora.
Pablo no respondió de inmediato. En su lugar, se detuvo y tomó su mano, obligándola a mirarlo.
—Lula, no tienes que cargar con todo tú sola. Lo que sea que necesites, estoy aquí, ¿vale?
Ella lo miró, sintiendo cómo sus palabras le llegaban al corazón.
—Lo sé, Pablo. —Apretó ligeramente su mano—. Pero hay cosas que son difíciles de soltar, aunque quiera.
Él asintió, entendiendo sin necesidad de que dijera más.
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Entre notas y secretos.
RomanceMalú, una periodista musical de 28 años, asiste a una fiesta en un bar de la capital junto a dos amigos. Esa noche, el dueño del local, Pablo López, un principiante músico de 26 años, celebra su cumpleaños con un concierto especial. La voz de Pablo...