Lunes, 25 de febrero.
El reloj marcaba las 12:03 cuando Luis llegó a la puerta del estudio.
Carlota ya estaba allí, con su mochila colgada en el hombro y una expresión serena. Sus ojos delataban que estaba preparada para lo que fuera a pasar.—¿Lista? —preguntó Luis, metiendo las manos en los bolsillos.
Carlota asintió.
—¿Tú crees que él lo está?
Luis soltó una risa corta, sin humor.
—Ni de coña.
Carlota inclinó levemente la cabeza.
—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él?
—El jueves. Antes de que saliera hecho una furia del pub. No me ha respondido desde entonces.
Carlota lo observó con atención.
—¿Y tú?
Luis frunció el ceño.
—¿Yo qué?
—¿Estás preparado para lo que pueda pasar?
Luis suspiró, pasándose una mano por la nuca.
—No, pero alguien tiene que hacerlo.
Carlota sonrió con un deje de comprensión y juntos entraron al estudio.
Max, que estaba en recepción revisando unos papeles, levantó la mirada al verlos.—¿Buscais a Pablo?
Luis asintió.
Max señaló con la cabeza hacia el pasillo.—Está en el estudio tres. Esta solo. No ha hablado con nadie desde que llegó.
Luis y Carlota intercambiaron una mirada.
—Gracias, Max.
El pasillo estaba en silencio, solo interrumpido por el eco lejano de una melodía de piano. Luis respiró hondo antes de abrir la puerta.
Pablo estaba sentado en el taburete, tocando el piano sin mucho interés, como si sus propios acordes no le dijeran nada. Cuando la puerta se abrió y vio entrar a Luis y Carlota, se enderezó de inmediato.
Su expresión pasó de la confusión al recelo en cuestión de segundos.—¿Que hacéis aquí?
Luis cerró la puerta tras de sí y apoyó la espalda contra ella.
—Necesitamos hablar.
Pablo dejó de tocar y deslizó la mirada hacia Carlota, frunciendo el ceño.
—¿Y tú quien eres?
Carlota dio un paso adelante con calma.
—Soy Carlota, hablamos hace un par de semanas por teléfono.
Pablo soltó una risa sarcástica y se echó hacia atrás en el taburete.
—Ah, claro. Ahora todo tiene sentido.
Luis entrecerró los ojos.
—Pablo, escúchala.
—No. —Pablo se puso de pie, con los brazos cruzados—. Lo que voy a hacer es salir de aquí.
Luis bloqueó la puerta con su cuerpo.
—No.
Pablo lo miró incrédulo.
—¿Me estás encerrando aquí?
—Solo quiero que la escuches.
Pablo soltó una carcajada vacía y negó con la cabeza.
—Ahora estás en el lado de la mujer que me hizo mierda, ¿no?
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Entre notas y secretos.
RomanceMalú, una periodista musical de 28 años, asiste a una fiesta en un bar de la capital junto a dos amigos. Esa noche, el dueño del local, Pablo López, un principiante músico de 26 años, celebra su cumpleaños con un concierto especial. La voz de Pablo...