Un gran desperdicio

529 70 17
                                        

(Advertencia: Lemon!)

Senku esperó a que Kohaku regresara a la mansión Nanami para poder hablar con ella, pero por desgracia regresó solo a la hora de la cena, así que comieron y luego, mientras se dirigían a la habitación que compartían, él intentó decirle que quería hablar de algo importante, pero ella alegó estar muy cansada.

—Kohaku, hablo en serio —masculló con cansancio mientras cerraba la puerta una vez los dos estuvieron solos en el cuarto—. Es sobre mi mem...

—¡Ah, estoy muy cansada, me daré una ducha rápida! —Corrió al baño de inmediato.

Senku hizo una mueca.

¿Qué le pasaba ahora a esa leona loca?...

Rodó los ojos, quitándose la bata de laboratorio y entrando al baño, viendo que ella ya estaba en la ducha, con el vapor del agua comenzando a llenar la habitación.

Sin pensarlo dos veces, se quitó la camisa, luego los pantalones y la ropa interior, dejando su ropa junto a la de ella y luego abriendo de golpe el vidrio opaco que separaba la ducha del resto del baño, haciendo que Kohaku volteara a verlo con sorpresa, su rostro enrojeciendo de golpe. Sin embargo, ella rápidamente volvió a darle la espalda, frotando sus brazos con nerviosismo evidente.

—S-si quieres hacer el amor ahora, e-está bien, pero no sé si estoy de ánimo para hacerlo en la ducha, realmente...

—Pues me da igual. —La pegó a la pared, haciéndola ampliar muchísimo los ojos—. Últimamente solo me dejas salirme con la mía cuando es permitiéndome dominarte en la cama, y si tengo que hablar contigo mientras estás al borde del orgasmo entonces lo haré, con tal de que me escuches. —Tomó su pierna y la levanto hasta que la envolvió alrededor de su cintura.

—E-espera... ¡Senku! —gimió cuando él comenzó a atacar su cuello con besos que más bien parecían ser intentos de devorarla, pasando su lengua a lo largo de su piel sensible.

Bajó por su garganta hasta su clavícula, se desvió a sus hombros y luego por fin a su escote.

Regó sus pechos de besos fugaces y luego lamió suavemente su pezón, haciéndola temblar de pies a cabeza, hasta que él empezó a mordisquear la punta y ella de repente lanzó un puñetazo a la pared, estremeciéndose por completo mientras lanzaba prácticamente un rugido de toda una leona en vez de los maullidos habituales a los que estaba acostumbrado.

Se apartó un poco, alzando una ceja.

—¿Estás algo sensible, no...?... —preguntó con curiosidad, viendo su rostro rojo y jadeante, pero ella solo apartó la mirada, sin decir nada.

Hmm, quizás ya por fin estaba cerca de tener su periodo, era difícil de decir ya que ella tenía periodos irregulares.

Aun así, decidió aprovechar la oportunidad y, con una sonrisa descarada, bajó la cabeza y volvió a capturar el pezón con su lengua, ahora raspando suavemente con sus dientes, riendo maliciosamente cuando ella lanzó un gritito y casi se desmorona en el suelo, por lo que tuvo que sujetarla firmemente por las caderas y apoyarla bien contra la pared para mantenerla en su sitio mientras chupaba suavemente.

Comenzó a frotar su dolorosamente dura erección contra su entrada desbordante de humedad, asegurándose de presionar directo contra su clítoris, alzando más su pierna enganchada a su cadera para tener un mejor acceso mientras continuaba chupando ahora el otro pezón, divagándose entre la idea de entrar ahora o torturarla un poco más, pero entonces ella tomó su nuca bruscamente, enterrándole el rostro contra su pecho mientras temblaba de pies a cabeza, gritando su nombre y corriéndose salvajemente, tomándolo totalmente desprevenido.

Re-MindDonde viven las historias. Descúbrelo ahora