94

11 1 14
                                        

SAM

Cuando Finn me llevó a la azotea del edificio de los empleados, no tenía idea de lo que me esperaba. Había asumido que solo queríamos alejarnos un rato del grupo, tal vez respirar aire fresco después de la tensión de la cena. Pero cuando abrió la puerta y vi lo que había preparado, mi corazón se detuvo por un segundo.

La azotea estaba iluminada con luces tenues, dispuestas en un patrón caótico pero encantador. Había una manta extendida en el suelo con un par de almohadas, y una pequeña mesa con dos vasos y una botella de mi cerveza favorita. Pero lo que realmente me dejó sin palabras fue la forma en que Finn me miró, como si estuviera nervioso, como si esperara mi reacción con más ansiedad de la que usualmente mostraba.

-¿Y esto? -pregunté con una sonrisa, aunque mi voz sonó más suave de lo que esperaba.

Finn se metió las manos en los bolsillos, desviando la mirada por un momento antes de carraspear y volver a mirarme.

-Es... para ti. Bueno, para nosotros.

Me acerqué un poco más, sintiendo una calidez en el pecho.

-¿Nosotros ahora hacemos citas románticas?

Finn soltó una risa, sacudiendo la cabeza.

-No sé si es romántico, pero... quería hacerlo. Porque lo mereces. Me soportas demasiado y creo que no lo agradezco lo suficiente.

Fruncí el ceño, no por molestia, sino porque algo en su tono me hizo sentir que esto era importante. Me senté en la manta, jalándolo suavemente para que hiciera lo mismo. Cuando se sentó a mi lado, noté que jugueteaba con los bordes de su chaqueta, como si estuviera ordenando sus pensamientos antes de hablar.

-Has sido muy paciente conmigo, Sam. Mucho más de lo que debería pedirte.

-Finn...

-Déjame terminar -interrumpió con una sonrisa suave, sus ojos encontrándose con los míos-. No siempre soy fácil. Tú lo sabes mejor que nadie. Pero nunca te has ido. Nunca has hecho que me sienta como si fuera demasiado para cualquier persona.

Mi pecho se apretó con sus palabras.

-No lo eres.

-A veces siento que sí -admitió-. Pero contigo... contigo nunca lo siento. Y eso significa más de lo que puedo explicar. Contigo puedo ser yo, completamente y...creo que nunca en mi vida he sido más libre y feliz.

Me mordí el labio, sintiendo mis ojos aguarse un poco. Finn no solía ser tan abierto con lo que sentía. Sabía que no era fácil para él, que las palabras no siempre venían con facilidad. Así que el hecho de que estuviera aquí, diciendo esto, significaba más de lo que él imaginaba.

-Te quiero, Sam -dijo finalmente, sin rodeos. Como si hubiera llegado al punto que realmente importaba.

El nudo en mi garganta casi me impidió hablar, pero encontré la fuerza para sonreír y tomar su mano.

-Finn, yo no necesito esto. No necesito citas, no necesito una noche mirando a las estrellas ni una botella de cerveza.

Finn frunció ligeramente el ceño, como si temiera que no me estuviera gustando la sorpresa. Pero yo solo apreté su mano con más fuerza mientras mi voz se rompía de emoción.

-Solo te necesito a ti. Te necesito a mí lado, siendo feliz, con esas pecas preciosas y esa sonrisa que me fascina.

Finn parpadeó, sorprendido por lo simple que lo hice sonar. Como si nunca hubiera considerado que él, por sí solo, era suficiente.

- ¿Entonces no quieres la cita?

- dije que no la necesitaba, no que no la quisiera, anda ya. - tras una risa, me acerqué a las copas. Pero un par de gotas empezaron a caer una a una encima nuestro.

Entre dos mundos - Erick Brian Colón [+18]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora