CAPÍTULO 35

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WILLOW


Cuando era una niña mi abuela Liliana siempre me cuidaba al salir de la escuela. Recuerdo que cada tarde me llevaba a la pastelería, me sentaba sobre el mesón y yo pasaba horas hablando con ella o haciéndole preguntas en las que todo niño se interesa mientras ve a su abuela hacer arte con cada pastel o postre que hacía para sus clientes; aunque para mi abuela Lili y Aurora, no era solo un trabajo simple, era su vida, su pasión y amaban compartir ese momento juntas. Así como yo anhela hacer todo lo que me apasiona con Morgan a a mi lado.

Lo que nunca sale de mi mente de todas esas tardes con mis abuelas, es que aunque adorara pasar el tiempo con ellas, siempre esperaba a que se dieran las seis de la tarde y apenas escuchaba el auto de mamá estacionar fuera, saltan del lugar en donde estuviera sentada y corría a sus brazos. Siempre esperaba con ansias el momento en el que alguna de ella llegara a recogerme, pero adoraba aún más el momento en el que ambas iban por mi, recuerdo vívidamente la sensación que me recorría cada vez que veía a mis madres ahí.

Mis ojos se iluminaban cada vez que ellas me abrazaban y llenaban mi rostro de besos. Adoraba ver sus sonrisas cada vez que yo les contaba todo lo que había aprendido durante ese día y ellas me escuchaban atentas hasta que paraba de hablar.

Mis madres siempre han sido mi vida entera, hasta que Morgan llegó a mi vida y entonces comencé a amarla como nunca creí que lo haría, pero si lo deseaba. Porque yo siempre anhelé tener un amor como el de mis madres y Morgan me ha enseñado la intensidad con la que una persona debe amarte y debe cuidarte si en verdad te quiere en su vida.

Cuando decidí mudarme a vivir con ella, recordé a mis abuelas y quise que nosotras tuviéramos la oportunidad de poder hacer lo que nos apasiona juntas. Quizás sea muy fantasioso, pero imagino mis días despertando a su lado, tomando el desayuno juntas y por las noches hablando de nuestro día mientras termino algunos planos que no pude terminar en la oficina, pero ella está ahí a mi lado, haciéndome preguntas mientras sostiene mi cintura y besa mi cuello haciéndome reír.

Pero esa ilusión se ha esfumado de un momento a otro, porque el mensaje que acaba de llegarme amenaza con destruir ese sueño.

Limpio mis lagrimas al ver la fotografía que me han enviado de mis madres y sé perfectamente de quién es.

Desconocido:
Te espero cuando ella se haya ido, alguien esperará por ti a unas calles.
A menos que, decidas que no son tan importantes en tu vida y entonces tenga que desatacarme de ellas, pero piénsalo bien. Si no aceptas, Morgan también puede caer en una trampa.
Tic tac, Willow.

Yo:
Iré, pero aléjate de ellas.

Desconocido:
Cuando estés conmigo daré la orden.

Ni siquiera lo he pensado mucho, pero decir que no implicaría poner en riesgo a las tres mujeres que son mi vida entera. Me meto a la ducha aprovechando que Morgan habla con Daila y sus madres. Ella no puede enterarse de esto, no me dio instrucciones, pero sé que así debe ser.

Al salir del baño me sorprendo al ver a Morgan sentada en la cama. Esta muy pensativa, sé que todo esto le preocupa mucho y entiendo el por qué nos quiero fuera de esto, lo comprendo ahora mismo mejor que nadie.

—Sabes por qué lo hago, ¿no es así? —me siento a su lado y entrelazo mi mano con la suya.

—Lo sé, cariño —apoyo mi cabeza en su hombro —lo sé muy bien.

—No quiero que estes molesta o que me odies por la decisión que he tomado.

—No podría odiarte por intentar protegernos —llevo mi mano a su rostro y acaricio su mejilla antes de darle un beso —eres todo lo que siempre esperé del amor, brujita.

Amor LetalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora