CAPÍTULO 39

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WILLOW


Espero impaciente a que Morgan entre al apartamento, entrelazo mis manos algo nerviosa, porque sé que no le ha gustado saber desde hace cuanto le he ocultado lo que hice con Alishka. Veo a mi alrededor como si pudiera encontrar algo que me ayude, pero sé que no es así.

Danna se encargó de limpiar el apartamento con ayuda de Sam, para que nuestra vecina aún no sepa que ha sido descubierta, al menos no hasta que sepamos quién es realmente o qué quiere de nosotras.

El silencio me está consumiendo a cada minuto que pasa, hasta que escucho el sonido del ascensor y Morgan sale de este. Su paso es firme, su mirada en alto, imponiendo su presencia aun cuando no lo hace de manera intencional. Y no puedo evitar que mis ojos recorran su cuerpo entero —¿estuvo todo el día usando esa falda ajustada? —vuelvo mi atención a sus ojos en cuanto se detiene a unos pasos.

No dice nada. Solo me observa y eso basta para desarmarme.

Trago con fuerza al ver esa mirada feroz. Mi corazón reacciona de manera irracional al tenerla frente a mi, los latidos de mi corazón se escuchan cada vez más fuerte, golpeteando contra mi pecho como si quisiera huir... o más bien correr a sus brazos y rendirse ante ella. Sus ojos azules me atraviesan el alma, azules como un mar agitado, como si una tormenta estuviera a punto de caerme encima.

—Un mes, Willow —dice sin más rodeos. Su voz no es fuerte, pero si me da contra el pecho.

Asiento sin saber cómo reaccionar ante ella, siempre se que decir, pero verla de esta manera es algo nuevo para mi. Se que suele ser muy intimidante con otras personas, pero no conmigo. Y no puedo pensar mientras actúa así, menos aún cuando da un paso hacia mi. Su perfume entra por mis fosas nasales como un hechizo y ese aroma suave, amanerado y elegante me envuelven.

Me parece injusto tenerla tan cerca sin poder tocarla, y la facilidad con la que me hace temblar no es lo más coherente de mi parte.

—Yo... —intentó hablar, pero ver su gesto me hace olvidar lo que quería decir —. Lo hice por nuestra seguridad. Ella está en un lugar del que pocos saben y nadie podrá encontrarla.

—Lo decidiste tú sola —sigue sin alzar la voz, pero sé que sus palabras salen cargadas de dolor, porque no le gusta que le mienta o le oculte cosas.

Aprieto mis manos a mis costados, porque no puedo hablar, mis palabras se han quedado atoradas y quiero explicarle mis motivos, pero mis palabras me traicionan y mi cuerpo no ayuda al reaccionar ante cada paso que ella da hacia mi. Me siento indefensa ante esa mirada y esa elegancia brutal que la envuelve.

—Solo quería sacarle información personalmente —admito con un hilo de voz —de verdad no quise ocultártelo, solamente...

Morgan da un paso más hacia mi. Ahora la tengo de frente y no puedo hacer más que alzar la vista y contener la respiración.

—Solamente qué —susurra peligrosamente muy cerca de mis labios.

Cierro mis ojos tratando de regular mi respiración. Mi piel se eriza al sentirla tan cerca. No es su enojo lo que me hace sentir así de vulnerable, es deseo que provoca en mi aún en situaciones como esta. No puedo sostenerle la mirada, pero tampoco puedo apartarla.

—Solamente creí que sería mejor si estaba lejos de ti —mi voz sale casi en un murmuro —sabía perfectamente que no lo aprobarías... Y cuando te miras así me cuesta pensar —acabo admitiendo.

Morgan ladea su cabeza y algo brilla en sus ojos. Entre el enojo y su curiosidad se habré pasó una brecha por la cual puedo entrar.

—¿Así cómo? —su voz es suave, atrayente, como la de una bruja que quiere envolverte en ella.

Amor LetalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora