EXTRA

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MORGAN


Mis pies se mueven con sigilo. Cada paso está cuidadosamente calculado para no hacer ruido. Mi corazón se acelera con cada uno. El invierno hace que el suelo se sienta más frío de lo habitual, a pesar de que la calefacción está encendida. Un sudor helado me recorre la columna al escuchar una suave risa salir de la oscuridad.

—Casi lo logras —enciende la luz—, pero olvidas que puedo notar tu ausencia incluso dormida. Son años durmiendo contigo... ¿de verdad creíste que podrías escaparte a mitad de la noche sin que lo notara?

—Amor...

—Duerme en el sofá.

—Princesita...

—Te dejé mantas y una almohada —dice, levantándose del sofá junto a la ventana.

—Hace mucho frío. Voy a congelarme ahí.

—Enciende la calefacción de la sala. Si pudiste soportar el frío de las bodegas, puedes soportar el que hace aquí —me acerco a ella y coloco mis manos en su cintura, pero se cruza de brazos y aparta el rostro.

—Apestas.

—Voy a darme un baño. Luego iré a la cama...

—El sofá.

Se aleja rumbo a la habitación. Estoy a punto de seguirla, pero el portazo que da me deja claro que no me dejará entrar esta noche, ni aunque me arrodille y llore frente a esa puerta.

—¡¿Me pasas algo de ropa?! —La puerta se abre de golpe. Me lanza la bata que traía puesta y vuelve a cerrarla con otro portazo. Eso es todo lo que obtendré.

Y claro. Aunque intente ir a la habitación de invitados, sé que estará cerrada. No me queda más que aceptar mi castigo. Me meto a la ducha para quitarme los restos de sangre que aún salpican mis brazos y cuello. El agua se tiñe de rojo a mis pies.

Tuve que salir esta noche. Creí que Willow no lo notaría. No pude terminar el trabajo pendiente antes, porque Kaia me encerró en su oficina toda la tarde, obligándome a ordenar todos sus casos por prioridad y clasificar los más urgentes para entregarlos por la mañana. Después fuimos juntas al hotel para el chequeo semanal.

Willow estaba molesta. He regresado hace apenas dos noches y quería pasar tiempo conmigo. Pero no podía dormir sabiendo que dejé algo inconcluso. Sabía que si no me movía esta noche, mi presa tendría la oportunidad de huir. Solo él puede darme la información que necesito.

Me envuelvo en las mantas después de encender la calefacción, pero me cuesta conciliar el sueño. Tomo el celular y le envío un mensaje a Willow. Lo deja en visto. La llamo una vez. No responde. Lo intento una segunda, y esta vez responde... pero no dice nada.

—Déjame entrar —susurro—. Por favor...

Cuelga. Al intentar de nuevo, me manda directo al buzón. Suspiro. Me acomodo mirando al techo, y el cansancio termina por vencerme.

Mañana pensaré en cómo lograr que me perdone.

Despierto sobresaltada por un fuerte sonido que viene de la entrada. Me levanto de inmediato a buscar a Willow, pero no está en la habitación, ni en el baño, ni en ningún rincón de la casa.

Me visto lo más rápido que puedo y salgo directo al ascensor. Al llegar a la recepción, encuentro a Danna, leyendo tranquilamente un libro.

—¿Dónde está?

—¿Quién?

—Willow.

—No lo sé —responde sin mirarme siquiera—. Dijo que me sacaría los ovarios si la seguía. Así que... no sé dónde está.

Amor LetalDonde viven las historias. Descúbrelo ahora