WILLOW
No siento miedo al verla. Nunca he sentido miedo de Morgan.
Ni siquiera ahora que finalmente veo esa parte suya que se esforzó por no mostrar frente a mi. La mayoría se aterraría al presenciar esto. Al hombre que se retuerce en el suelo, sus gritos ahogados, su agonía interminable. Atado como un animal, el plástico que cubre las paredes y suelo están artísticamente cubiertos con su sangre.
La obra de Morgan.
Ella lo dijo —ni siquiera su sangre merece tocar este suelo —, y lo está cumpliendo. Su respiración se mezcla con el sonido de la hoja metálica cortando la piel del candidato al senado —ex candidato al senado —. Lenta y dolorosamente. Morgan no solo rompe su cuerpo. Si no su alma y eso es peor.
Morgan se pone de cuclillas frente a él luego de soltar sus piernas para que se arrastre por el suelo. Sostiene su daga, aún húmeda por la sangre entre sus dedos. Lo analiza, con calma, sin perder su elegancia a pesar de lo que hace.
—¿Sabes por qué estas aquí? —pregunta con su voz calmada, pero cargada de veneno. No necesita gritar para imponer y demostrar quien tiene el poder. Basta con ver su actitud y su postura —. No es solo por las chicas. Ni por el dinero que obtuviste a lo largo de los años vendiéndolas como ganado.
El hombre valiente quedó en el olvido. Su cuerpo tiembla. Le cuesta respirar, pero aún así intenta hablar. Morgan interrumpe su intento, ejerciendo presión lenta sobre la daga que ha clavado en su muslo. No necesita fuerza descomunal para someterlo. Su fuerza está en la presión con ñ que domina el dolor ajeno.
—Estás aquí por haber pensado en que podías poner tus asquerosas manos en ella —susurra, su vista se desvía unos segundos hacia mi. Un segundo en el que puedo sentir sobre mi cuerpo el peso de sus palabras, de lo que ella siente —. Por haber siquiera pensando en su nombre.
El senador suelta una carcajada, pero rota. Lo quiere demostrar con su arrogancia solo me hace sonreír. Está acabado. Aún cree que puede negociar con ella. Pero solamente le queda suplicar. Suplicar por un perdón que no le será otorgado.
—No lo has entendido —le dice Morgan, con esa sonrisa letal y llena de arrogancia —. Yo no estoy aquí para otorgarte una segunda oportunidad. No soy tu heroína.
Se incorpora nuevamente limpiando la hoja de su daga en la camisa rasgada del senador.
—Ibas morir de igual manera. Hubieras muerto hace un horas —coloca la punta de su daga entre sus cejas —un disparo certero aquí... y ¡puff! —le sonríe —te irías de este mundo. Pero... —juega con ñ daga entre sus dedos —. Intentaste utilizarla a ella... a mi mujer. Esa fue tu sentencia.
Mi piel se eriza al escucharla. Sigo sin decir nada. Solo observándola a ella. Su espalda recta. Su cabello oscuro y esa mirada cargada de odio, un presagio de sufrimiento, agonía y muerte.
Morgan no necesita usar máscaras frente a mi. Yo la acepté así, lo supe desde el instante en que la vi. El peligro en su andar, la oscuridad que la envolvía y la advertencia de ser consumida por su sonrisa. Letal. Indomable. Mía.
Ella nunca será una santa. Y yo nunca quise una.
Mis ojos se desvían hacia la otra víctima. Atada a una silla, Alishka observa atentamente cada movimiento de Morgan. Su serenidad fingida se desmorona ligeramente con pequeños detalles; su respiración irregular, sus labios temblorosos, aunque mantiene la boca cerrada. No ha quitado los ojos de Morgan desde que supo lo que le espera si Morgan da un paso hacia ella.
—No hay peor tortura que doblegar su mente —me susurra Morgan. Sin apartar la mirada.
—Esa mentora tuya... quiero conocerla —digo con media sonrisa.
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Amor Letal
RomanceMorgan Young ha decidido seguir los pasos de su madre, la organización tendrá una nueva jefa que tendrá que enfrentarse a uno de sus más grandes enemigos, mientras se debate entre su lealtad por la organización y el amor por Willow McAlister, la arq...
