Cielo.
— Toma, Yanis me enseñó a preparar este té — dice Luna, me da la taza con una sonrisa suave, estoy segura de que mi hermana extraña mucho el sinfonella— Dice que calma los nervios… Espero que te ayude.
—Gracias, hermana — recibo la taza con ambas manos teniendo de que mis manos temblorosas derramen el té, Luna me observa con preocupación y no pude evitar sentir una presión en el pecho.
Pobre de mi hermana. Por mi culpa estamos aquí, en Los Ángeles. Ella debería estar feliz, acomodando pastelitos en el mostrador de la cafetería, preparando croissants para los comensales, mezclando café con esa dedicación que la hace brillar. Le gusta estar en Digital Lux, sí, pero su corazón late por el sinfonella.
—¿Y si pones una orden de restricción? — sugiere de pronto, ya había pasado una semana desde que el demonio reapareció en mi vida, y desde entonces se había convertido en mi sombra. Siempre estaba ahí. En todas partes.
—No quiero darle el gusto de que piense que me afecta su presencia — Luna me mira con sorpresa, pero también con cierta duda, como si intentara leer entre líneas.
—¿Estás diciendo que… te afecta la presencia del ogro?
—¡Estás loca! Claro que no. Lo único que quiero es que desaparezca, que me deje en paz — replico con brusquedad. Me molestaba que ella lo insinue, como si no supiera cuánto me dolió lo que León me hizo.
Él no preguntó. Se dejó llevar por ese informe que, sin duda, los malditos Villarroel le hicieron llegar. Si tan solo me hubiera dado el beneficio de la duda, le habría explicado todo. Pero no lo hizo.
Es cierto, Benedicto Villarroel se jacta de ser un mafioso poderoso, pero la verdad es que sin Maximiliano Villarroel, mi bisabuelo, no es nada. Lo único que le interesa a él y a su prole es el anillo de mi bisabuelo. Aún no entiendo por qué ese objeto es tan importante para ellos.
—No es necesario que me grites — responde mi hermana , algo fastidiada—. Lo único que estoy intentando hacer es ayudarte.
Así es mi vida ahora: un auténtico fastidio.
—Discúlpame. Estoy cansada, hermanita. Gracias por el té. Creo que me voy a acostar — me voy a mi cuarto, no quiero preocuparla más ,
Cierro la puerta detrás de mí y me recuesto en la cama, solo para que mi mente haga lo único que no quiero haga, volver a pensar en él… En el perro callejero que insiste en seguirme a todas partes.
Me deshice de los tulipanes, pero no de la nota. Esa que solo dice “Lo siento”. Me recuerda la primera vez que me regaló tulipanes… también entonces venía con una nota parecida.
Me siento de golpe en la orilla de la cama, con la lámpara encendida como única compañía. Podía escuchar los pasos suaves de Luna en la cocina, el chocar de la loza al lavar las tazas, esperando que esos sonidos me distraigan de mis pensamientos, pero estos perecen no tener la intención de silenciarse. León maldito León, no quería pensar en él, pero pensar en no pensar en él también era pensarlo.
¿Cómo puede alguien clavarse tan profundo en tu piel que ni el rencor lo arranca? Lo odio con cada fibra de mi alma, con cada recuerdo que había tratado de sepultar. Odio su maldito orgullo y arrogancia, y , por otra parte , esa parte de mí terca y estúpidamente enamorada, se aferra a su recuerdo .
Me levanto nuevamente de golpe, como si el movimiento pudiera detener el torrente de pensamientos, estoy cansada de este vaivén de emociones, de sentir que mi pecho es un campo de batalla entre el amor que alguna vez creí eterno y el odio que ahora me protegía del dolor.
Camino hasta el escritorio, y saco la nota , es como una brasa ardiendo en mis manos , " lo siento "
¡No!,No bastaba, quiero que llore como yo lloré, quiero que sufra , quiero que de verdad se arrepienta, Pero no lo hará , lo conozco , su maldito orgullo fue más grande que lo según sentía por mí ¿ Qué me hace pensar que de verdad le duele haberme herido?
Con un suspiro cargado de lagrimas y heridas, rompo en pedazos la nota . No por fortaleza, sino por instinto de supervivencia.
Los pedazos de la nota caen como gotas de lluvia suave al suelo de madera. Me quedé un momento mirando cada cachito de papel , como si la nota todavía se resistiera a morir, como si quisiera decirme que es verdad , que de verdad lo siente, que de verdad se arrepiente , que de verdad me ama .
Por mi ventana , las luces de Los Ángeles, distantes, parpadeaban como si alguien las encendiera y apagara al ritmo de mi ansiedad. Hasta hace una semana verlas me hacían sentir tranquila , ahora solo aumentan mi frustración, recorro un poco la cortina. No sé por qué lo hice. Tal vez para respirar. Tal vez para recordarme que el mundo seguía ahí afuera. Tal vez para olvidarlo, para olvidar su obligada presencia.Y entonces lo ví, Ahí estaba, Apoyado contra su coche frente al edificio, con el abrigo oscuro, las manos en los bolsillos, y la mirada fija en mi.
El corazón me late de manera descontrolada , como si se hubiera olvidado de las partituras y no sabe cómo seguir el ritmo de la música, Mi primer impulso fue cerrar la cortina, fingir que no lo había visto, como él fingió no quererme . Pero mis pies no se movieron. Mis ojos, se quedaron anclados a su silueta, como si su sola presencia reclamara algo que ya no tenía derecho a pedir.
¿Qué hacía ahí? ¿Qué es lo que quiere? Parece una estatua, inmóvil , estoica , que espera ser admirada . Una parte de mí quiso bajar, gritarle, exigirle que desaparezca, que me deje en paz , que deje de ser una sombra.
Cierro las cortinas , con firmeza, que entienda que no caeré de nuevo en su juego , no seremos de nuevo el gato y el ratón.
Vuelvo a mi bendita cama , para intentar dormir , para olvidar que él está ahí afuera, apagó la lámpara , pero , un reflejo ilumina los cachitos de la nota , está noche todo se confabula en mi contra para atormentarme , me levanto y recojo cada pedacito de papel , al tiempo que el sonido del motor de un carro hace que la piel se me ponga de gallina, abro la cortina y confirmo que se ha marchado , como si lo único que quería era asegurarse de que estuviera durmiendo, aprieto los papelitos que están en mi mano .
Pude tirarlos al cesto de basura , pude quemarlos , en vez de eso , vuelvo a guardarlos dentro del escritorio, ¿Para qué?.
Soy una masoquista eso es lo que soy ......
