Cielo. 2/3.
Para mí, era un día cualquiera , terminé de darle el último toque a mi maquillaje y me puse un viejo vestido amarillo que tenía olvidado , es bello , cuando camino tiene ese vaiven que hace parecer que vas flotando . Y me puse el perfume de mis recuerdos , de mi nostalgia, Elisa .
Voy a la cocina , distraída con la carpeta del caso Rivas en las manos intentando acomodar las hojas .
— Buenos días hermana — Luna apesta distraída haciendo lo que le encanta hacer , unos sandwiches deliciosos , la cocina olía a café, mantequilla, pan tostado y el delicado shampoo de Jasmin de mi hermana .
¿Es… en serio? — Luna casi tira las tazas de café que iba a poner en la barra , ella me mira con las cejas levantadas y frunzo el ceño, mientras le ayudo con las tazas de café
—¿Qué? — le pregunto a mi hermana.
—¿Ese vestido? ¿Ese amarillo? —Luna me señala de arriba abajo, sin disimular su asombro.
— ¿ Se ve mal ? — ahora dudo si el vestido fue una buena selección.
— No , no me malentiendas , el vestido te queda lindo , resaltas , parece que brillas , nada que ver con los negros elegantes o los grises diplomáticos que siempre usas
—Solo es ropa, Luna — no le doy importancia y voy por un vaso de jugo de naranja .
—¿Y el perfume…? — mi hermana se acerca a mí olfateando el aire con exageración — ¿Elisa? Ya llevas varios días usándolo .
Me quedo congelada un segundo con el vaso de jugo en mi mano, no confío mucho en mi pulso , ella ha logrado que entre un poquito en pánico .
—¿Y qué si lo es?
—¡Cielo! —exclamó Luna—. Ese perfume estuvo guardado desde… ya sabes. Desde León.
—No tiene nada que ver con él — respondo más rápido de lo normal , eso provoca que Luna cruce los brazos.
—Mira, no quiero pelear. Pero… he notado que desde que León apareció otra vez, tu vida empezó a tener colores.
—¿Qué estás diciendo? — el tobo de mi voz es afilado y a la defensiva.
—Que durante todo este tiempo parecías un retrato en blanco y negro — Luna, habla tranquila pero sus palabras firme—. Y ahora… te estás vistiendo de sol. Te estás perfumando con un recuerdo.
—¡No digas eso! — digo con brusquedad , dejando el jugo sobre la encimera con un golpe sordo. Creo que me veo amenazante porque mi hermana va retrocediendo poco a poco — No sabes lo que dices. No recuerdas lo que me hizo. —mi voz se quiebra por el doloroso recuerdo —. Me humilló.
—Lo sé — dice Luna suavemente, para intentar calmarme , pero ya el día se me había opacado .
—Entonces no me vengas con “colores” ni perfumes ni nada. León no tiene derecho a pintar nada en mi vida. ¡Nada!.
Mi hermana se acerca a mí y me abraza , se que me abraza por dos cosas para calmarme y para consolarme por mi dolorosa decepción.
—No estoy diciendo que lo perdones. Solo digo… que desde que volvió, tú también volviste, no sé si me entiendas .
Bajo la mirada , mis manos temblorosas delatan lo mucho que me ha afectado la presencia de León.
—Lo extraño, Luna. Lo odio por eso… —murmuró, reconociendo lo que siento en voz alta — Lo extraño, y me duele admitirlo. Me duele que cada vez que lo veo quiera correr y gritarle y abrazarlo al mismo tiempo.
—¿Por qué no se lo dices? — levanto la cabeza con los ojos encendidos.
—Porque no puedo. Porque me rompió. Porque si le muestro que me duele, él gana. Porque todavía me queda algo de orgullo. Porque no sé si algún día yo voy a perdonarme por seguir queriéndolo.
Las dos nos quedamos en silencio , en esta cocina , hay una víctima y un victimario, yo sufriendo por León y ella sufriendo por haber alejado a Emiliano.
—El rencor… —suspiro para liberar un poco de tensión — Es lo único que me protege de extrañarlo más.
Mi hermana asiente despacio. No insistió más. Solo se acerca y me abraza por la espalda y apoya la barbilla en mi hombro.
—Te ves hermosa hoy —susurró.
—Gracias — le digo con un nudo en la garganta acariciando sus brazos
Las dos nos sentamos a desayunar , cada una sumergida en nuestros propios pensamientos, hay algo que no quise admitirle a mi hermana , desde que León apareció cuento los días , los lugares en dónde solo me vé a lo lejos y en los otros donde agarra calor par hablarme , no le dije que cada noche apago las luces y me acerco a la ventana mientras lo veo de pie viendo directamente a mi ventana.
Él no estaba afuera de mi edificio esperándome , tampoco afuera del bufete, la sensación que siento es extraña, él se había vuelto parte del paisaje y parece que ha desaparecido ¿ De verdad se fue ?
Al entrar al bufete y dirigirme a mi despacho encontré la respuesta , me dió mucha vergüenza que Sofía nos encontraba casi peleando .
Sofía y su endemoniado sobrino , tardaron un buen rato hablando .
— ¿ Esperas a alguien? — Kat hace que olvide mis pensamientos y regrese a la realidad.
— No , a nadie — tecleo no se que cosa en la computadora.
— Parece que la cita de Sofía te afectó un poquito — entonces no está aquí por mí, el demonio tenía una cita con su tía .
— No digas tonterías Katerin.
— Woow tú nunca me dices "Katerin" .
— Pues tú nunca dices cosas sin sentido , ponte a trabajar porque al medio día llegan los Rivas .
— Lo que usted ordene jefa — usa un tono de voz como si fuera soldado — Por cierto, siempre te ves hermosa Pero hoy iluminas todo .
¿ Cómo no quererla ? Le aviento un beso a mi atolondrada amiga a la que se le van los ojos cuando Erick pasa por nuestro despacho .
Salí del bufete por un café y de regreso nos quedamos platicando Kat, Erick y otros compañeros del trabajo .
León salió del despacho de su tía. Saludó a la recepcionista con una sonrisa leve, como si estuviera en otro mundo. Sostuvo la puerta con la mano derecha y, por un instante, lo vi dudar… como si fuera a mirar hacia atrás, pero no lo hizo, no le importó escuchar mi voz , siguió caminando.
Con las manos en los bolsillos, la cabeza gacha y paso lento, esta vez no tenían prisa .
No se giró. No me buscó. No intentó hablarme .Y eso la golpeó, me hirió y me dejó una herida .
Más que todas las veces en que lo había rechazado. Más que sus súplicas ignoradas. Más que el día en que él apareció frente a mi casa con los tulipanes, o cuando me siguió al supermercado y fingió buscar la misma marca de té.
Ahora no había nada de eso.
Ni un gesto, ni una mirada, ni siquiera el intento.Solo el eco de sus pasos alejándose por la acera.
Un hueco en el pecho, quiso convencerme de que aquello era lo mejor. Que por fin León estaba entendiendo que no tenía lugar en mi vida. Pero algo me dolía, Como si en lugar de sentirme libre, me sintiera dejada atrás.
En la oscuridad de mi cuarto , me asomo a la ventana pero él no estaba ahí, desde hace un mes era una constante ver su silueta recargado en su coche pero ahora no está .
Ahora entiendo eso de que hay despedidas que no se anuncian.Que a veces el silencio no es paz, sino ausencia.Y que cuando alguien deja de insistir, el corazón empieza a escuchar lo que tanto tiempo se negó a sentir.
