León.
Las comidas en casa de los abuelos siempre serán una bella tradición, Emilia juega en el jardín con sus abuelos , mis tios Julián y Mía son los mejores , ver a Nina reír a carcajadas definitivamente es un bálsamos para mí corazon , mi abuelo Rorro también intenta correr con Emilia .
— Ya estás viejo para andar corriendo — se sienta a mi lado y yo pongo el brazo sobre sus hombros .
— Recuerdo cuando corría así con ustedes, mira ahora lo grande que están , espero poder jugar así con tus hijos — sonrío negando con la cabeza, y suspiro , suspiro por la idea de tener hijos , soy un ogro, no quiero imaginarme como seré como padre , aunque , la idea suena bien.
— Creo que para eso falta mucho viejo.
— No , Yo creo que ya es hora —le dijo el abuelo, con voz grave y serena — Espérame aquí no te vayas .
— No corras que puedes caer — no entendí mucho , ¿ Ya es hora de qué? No le di mucha importancia, seguí viendo a la mini fiera correr .
No pasa mucho tiempo para que Rorro grande regrese y se vuelva a sentar a mi lado .
— Esto es para tí — sus manos tiemblan , recibo lo que sea que traiga en las manos , y al ver de lo que se trata lo miro confundido , un anillo, delicado, con una piedra que brilla con elegancia — Era el anillo de tu abuela .
—¿Es de Jojo? —pregunto con un nudo en la garganta.
—Sí —responde mi abuelo Rogelio también con voz temblorosa—. Fue el anillo que tu abuelo Octavio le dió.
— ¿ Esto no te molesta ? — había escuchado historias del abuelo Octavio, mi hermano compartía su nombre como un legado. Pero nunca imaginé que María José tuviera este anillo guardado , ella nunca le pudo corresponder al abuelo Octavio, se que ella siempre cargó con esa culpa .
— No , para nada , respeté muchísimo a Octavio, sin él no hubiera podido estar cerca de tu padre , para mí sigue siendo un buen hombre — sigo con la mirada los movimientos de Rorro —Esto también es tuyo. Lo escribió Jojo, dijo que debía dártelo solo cuando estuvieras listo.
Las manos me tiemblan al abrir la carta , reconozco su letra de inmediato , firme, elegante, como si cada palabra hubiera sido bordada con paciencia, tan ella .
Mi querido ogrito
Sabes muy bien mi historia, mis errores , mis culpas y mis cargas .
Siempre viví con la culpa de no haberle dado a Octavio el amor que merecía, y por eso guardé este anillo, no como recuerdo, sino como castigo.
Pero ahora te lo entrego a ti, no como una joya, sino como símbolo de redención. Porque tú también has amado, y también has herido. Y aunque tus errores fueron muchos, tu arrepentimiento ha sido más fuerte. Redímeme, León.
Haz que este anillo por fin tenga el significado que merece.
Te amo, siempre.
Jojo.
Bajo la carta, incapaz de contener las lágrimas. Por primera vez entiendo que nuestros errores fueron los mismos
—Jojo quería que la tuvieras tú, que lo hicieras bien, que cerraras el círculo que ella no supo cerrar — mi abuelo me abraza de la misma manera que lo hice yo hace un rato .
—Gracias — le digo llorando , tratando de contenerme un poco para no gritar , maldita seas María José, me dejaste cuando más te necesitaba.
—Haz lo correcto —responde el viejo—. Ya es tiempo, León.
