HOTEL.

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León.

Me dejo caer de rodillas frente al cuadro. No quería asustar a nadie, pero un grito seco y desgarrador sale de mi garganta. El cuadro frente a mí parecía mirarme con ironía. Como si dijera: “Ahí estás otra vez.” Siento el temblor en mi cuerpo. Me contuve de no mostrarme vulnerable ante su presencia.

Pedirle perdón de nuevo, decirle que me arrepiento, que no importa si no regresa conmigo… Lo único que quiero es escuchar esa palabra: “Te perdono,” para poder vivir en paz. Aun con todo eso, sé que ella no va a perdonarme. Y, para ser franco, ya no puedo seguir intentando. Estoy cansado. Cansado de sentirme atado por la culpa. Sé que nunca voy a liberarme por completo de estas cadenas, pero al menos hoy… hoy siento que están un poco más flojas. Lo intenté. Ella no quiso. Lo acepté.

Subo al último piso, donde está el helipuerto. Aquí el aire sopla más fuerte. Al menos tengo cómo justificar cada suspiro.

—¿Otra vez te escondes aquí? — ella es una piedra en el zapato.

—Vete de aquí, metiche — sé que no se irá. Y se lo agradezco.

—Cuando estabas desterrado, yo subía todos los días. Tenía la esperanza de que, en una de esas, te encontraría aquí, con un cigarro en la mano —se sienta a mi lado y apoya su cabeza en mi hombro. Hace eso desde que pasó lo del bebé… y la golpiza que le dio ese mal nacido.

No respondo nada. Solo descanso mi cabeza sobre la suya, y con la otra mano toco el collar que Nina nunca se quita.

—Estuvo aquí —le digo, mientras acaricio la pequeña cápsula que guarda las cenizas de Antonio.

—Sí. La vi salir. Tenía la misma cara que tú tienes ahora. Esa mirada de quien también perdió algo. ¿Qué pasó? Pareciera que los dos actúan como verdugos.

—Solo quise protegerme. Te juro que no quise hacerla sentir mal —jugueteo con las cenizas de mi sobrino, imaginándomelo con la nariz de Nina, rasgo heredado de la princesa, la abuela Andrea—. Me puse el escudo.

—Así eras antes —me dice—. Soberbio, arrogante… pero ya no eres ese hombre. Sigues siendo un baboso y un ogro malhumorado —Nina suspira—. Pero ya no eres un imbécil. Yo te vi llorar en el suelo, golpeado, ensangrentado, perdido. Te saqué de bares, te escondí de los paparazzi para que ella no te viera destruido. Nadie, más que yo, sabe lo arrepentido que estás. Y también vi cuando empezaste a reconstruirte.

—¿Y todo eso para qué? Si al final ella no está conmigo.

—Ese nunca fue el objetivo —dice con dulzura.

—¿Y cuál era?

—Que pidieras perdón. Que lo hicieras de verdad. Que reconocieras tus errores, tu soberbia. En el camino se pierden cosas, personas. Ella también es orgullosa. El dolor que vi en su cara hace rato no era fingido. Le duele no estar contigo. Pero es una babosa igual que tú.

—¿Tú crees que aún hay forma? —pregunto, sin esconder el temblor en mi voz.

Nina me da un beso en la mejilla y se pone de pie.

—Claro que la hay.

—No lo haré. No por orgullo… por vergüenza. No quiero que me tenga lástima. Sé que la lastimé. Solo quiero quedarme con la poca dignidad que me queda.

Ella saca un pincel de no sé dónde.

—Entonces pintalo . Todos están en la sala de juntas esperando lo que tienes que decir.

Hay un dicho que dice: “Más vale pedir perdón que pedir permiso.” Eso es lo que me toca hacer hoy. Hice algo… digamos que a escondidas de todos.

— Te escuchamos — en la sala de juntas estamos reunidos todos , en videoconferencia , Sofía, Natalia y Cayetana, ellas no llevan el apellido Valferra, Pero son familia , la nostalgia me invade en pecho , Jojo estaría orgullosa de este proyecto.

— Compré dos hectáreas que colindan con las tierras de la hacienda , quiero construir un hotel — todos abren las carpetas para entender de lo que estoy hablando .

—¿Dónde dices que está? —pregunta mi papá, viendo el plano con la mirada fruncida.

—Aquí, frente a los girasoles de Amelia. Termina justo en este límite, y en la siguiente hoja verán el trato que hice con el antiguo dueño .

Todos me miran dudosos, sorprendidos. O no sé. Realmente no puedo descifrar sus expresiones.

—¿Entonces dejarás que esta persona viva siempre dentro del terreno? ¿No tocarás la casa hasta que se cumpla esta cláusula? —pregunta Mía.

—Exacto —asiento.

—¿Por qué? No es tu socio. Es más, no tenemos socios… al menos que sea uno de nosotros —agrega Emiliano.

— El hombre que me vendió se llama Augusto, su hija prácticamente los dejó en la ruina , pero como su esposa aún vivía de aferró a las tierras , me contó que su hija los abandonó  y después su esposa murió y también me contó que  daban rentadas sus  tierras  al abuelo Alfonso , Esa pequeña casita es lo único que le queda de ella, y no quiere apartarse de ese recuerdo. Solo quiere vivir ahí hasta poder descansar junto a su esposa , es lo que él me dijo . Quiere que, cuando sea oportuno, busque a su hija y, si ella tiene hijos, ellos puedan usar la casa. Si no hay desendientes , el pequeño terreno donde se encuentra la casita será mía .

— ¿ Por qué aceptaste ? — pregunta la abuela Andy viendo los diseños del hotel de barricas .

— Porque está sólo — contesto sin más . Augusto es un hombre grande con dolor en la mira .

—¿Le tuviste lástima? —pregunta el abuelo Rogelio.

—No. Supongo que me puse en su lugar. Me mostró fotos de su esposa, y se nota que la ama… ama esa casita. — le contesto a mi abuelito con total sinceridad.

— Si es un proyecto individual , para que convocaste la junta . — el tono de mi hermano es serio .

—Porque quiero que estás tierras se unan a las tierras de la hacienda.

— Y eso para qué — mi tío león habla con seriedad.

— No voy a mentirles , planeaba hacerlo con el motivo incorrecto, quería presumirles que no los necesitaba, pero , no soy nada sin ustedes , este es mi granito de arena para nuestro legado .

— León, me buscó para tratar los temas legales de la construcción del hotel , se me hace un gesto noble de su parte , amor , yo voto sí — Sofía fue la encargada junto a mi tía y mi padre, cuando se llevó a cabo el proyecto del museo , la cata y la boutique.

—Estoy orgullosa de ti bebé Yo voto sí — mi madre me toma de la mano .

—¡El ogro tiene corazón de pollo! ¡Eres un blandengue! —dice Emiliano—. Yo voto por el hotel de Pepito.

Todos me dan su voto de aprobación,solo falta uno .

—¿Cuándo comenzarás el proyecto? —pregunta Octavio.

—Después de la boda de ustedes —respondo, que prácticamente será en cuatro días .

—Por favor, papá. Siempre he soñado con esto, lo haré con mis recursos voy a pedir un préstamo en el banco ,la tía Natalia me está asesorando , solo quiero que pertenezca a la hacienda.

—¿Por qué? —vuelve a preguntar. Lo miro. Y respiro profundo antes de responder.

—Porque quiero que la hacienda sea un destino turístico completo. Ya está el recorrido por la viña, el museo, la cata, la boutique… El hotel daría la experiencia completa. Y con eso, le daría más proyección. Y también…

—¿También? —pregunta Amanda.

—También… porque es un regalo.

—¿Un regalo? — pregunta la fiera.

—Para mi esposa.

Todos se me quedan viendo en silencio.

— Baboso — Nina sonríe negando con la cabeza.

— No vas pedir un préstamo en el banco , la empresa te dará el dinero , tienes tiempo ilimitado para pagar el préstamo, estoy orgulloso de ti , hazlo .......

MI ORGULLO ES AMARTE.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora