CAPÍTULO 37

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La mañana comenzó pronto, las manijas del reloj marcaban las 7:00am, dentro del templo Uchiha, Sasuke hojeaba los asuntos pendientes del clan, había mucho trabajo retrasado que debía atender. Suspiró al llegar a la última hoja.

El Uchiha se levantó de la silla que ahora le parecía más incómoda que cómoda. Se dirigió al baño y miró su reflejo en el espejo del lavamanos, las bolsas negras bajo sus ojos lo hacían lucir deplorable, dio un largo bostezo y abrió el grifo de agua, cepilló sus dientes arregló su cabello y finalmente se echó agua en el rostro para verse un poco presentable.

Era consciente de que no había descansado bien en las últimas semanas, pero aún había muchas cosas por hacer, tenía que volver al hospital. Arregló el desastre en su escritorio y dejó órdenes a su familia.

Tenía que ocuparse de Sakura.

Durante el camino al hospital compró algunas frutas para la pelirosa, pasó frente a Ichiraku Ramen y se detuvo un momento preguntándose si debía llevarle un ramen a Naruto, después de pensarlo un rato se negó. Apostaba su katana favorita que Naruto alardearía sobre ello y su orgullosa imagen se vería afectada por su estúpido amigo.

Ya estaba cerca de su destino cuando noto la figura del Uzumaki recargado en el muro con los brazos cruzados fuera de la habitación de la pelirosa. El rubio tenía el ceño fruncido y sus ojos expresaban una seriedad muy rara en él haciendo que sus sentidos se pusieran alerta.

—¿Por qué tienes esa cara? —preguntó cuando llegó a su lado.

—¿Por qué no me dijiste que Sakura tenía pesadillas? —miró al Uchiha de una manera indescifrable.

—No lo vi necesario —respondió tajante.

—Que no lo viste necesario... —el rubio dejó su antigua posición para plantarse frente al Uchiha, cara a cara—, No digas tonterías, ella está aterrorizada —rugió.

Por un segundo sus pupilas se volvieron felinas.

—Yo me encargo —dijo el pelinegro desviando la mirada, intentó pasar por su lado a la habitación.

—Espera ahí —Lo detuvó—. ¿A que te refieres?, estamos hablando de Sakura, no de un objeto que se repara presionando algún botón.

—No te metas en mis asuntos, Naruto.

—Dime que demonios has estado haciendo todo este tiempo. Es el primer día que está sin ti y está-está —El Uzumaki no encontraba las palabras para describir.

—Lo hablaremos después —dijo el Uchiha.

—Lo hablaremos ahora —demandó.

Sus miradas chocaron en una intensa batalla donde ninguno quería ceder. Naruto estaba desconcertado con la situación, lo que sea que estuviera haciendo el pelinegro era casi igual que robar jutsus clasificados o prohibir el ramen. El Uchiha sabía que tarde o temprano debía confesarle esto al rubio, después de un rato Sasuke suspiró y tomó una decisión—. Entra y no hagas ruido —dijo pasando por su lado.

El Uzumaki lo siguió sigilosamente cerrando la puerta con sumo cuidado.

La pelirosa se encontraba sentada en la camilla, a simple vista se apreciaba la fatiga en sus ojos, sus ojeras estaban marcadas generosamente y sus manos estaban rojas por frotarlas durante un buen rato.

Sasuke colocó la bolsa en una mesa—. Sakura —El pelinegro detuvo el movimiento de manos de la pelirosa quien respingó ante el tacto, acarició suavemente sus manos enrojecidas.

El Uchiha las observó notando pequeños cortes en ellas.

—Sa-sasuke-kun...

—¿Tuviste una pesadilla? —preguntó acomodando un mechón rosado, dirigió su mano a su mejilla y acarició esta con el pulgar.

El Clan Uchiha... Rosa?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora