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El aire olía a lluvia próxima. Era uno de esos atardeceres donde el cielo parecía debatirse entre el anaranjado y el gris, y Mina caminaba por la calle con los audífonos puestos, dejando que la música le hiciera olvidar, por un rato, lo monótono que había sido su día en la universidad. Las luces del semáforo parpadeaban, los autos pasaban, y el viento comenzaba a soplar con una fuerza extraña, más fría de lo normal.
Esa tarde, el camino a casa no se sentía igual. Había algo... diferente.
Mina lo notó cuando dobló en la esquina del viejo edificio abandonado, ese que siempre estaba cubierto de grafitis y anuncios rasgados. Frente a ella, el aire vibró como si alguien hubiera arrojado una piedra a la superficie invisible del mundo. Era una grieta, una distorsión luminosa en medio del aire. Parpadeó varias veces, pensando que era una ilusión, pero la figura seguía allí, ondulando, casi respirando.
—¿Qué... es eso? —susurró.
El instinto le decía que debía alejarse, pero algo la atrajo, una mezcla de curiosidad y presentimiento. Dio un paso adelante. Y otro. El viento la empujó con más fuerza, levantando hojas secas a su alrededor. Antes de darse cuenta, su mano ya había atravesado la brecha, y una corriente eléctrica recorrió su cuerpo. Un destello la envolvió, y el mundo entero se dobló hacia adentro.
El suelo tembló bajo sus pies.
Mina cayó de rodillas sobre el pavimento, jadeando. La sensación era como si hubiera pasado por un relámpago: el cuerpo le ardía, la vista le dolía y los sonidos a su alrededor parecían amortiguados. Se quedó quieta un instante, tratando de entender qué había pasado. Luego, poco a poco, levantó la cabeza.
Todo estaba... diferente.
La calle seguía siendo la misma —al menos, eso pensó al principio—, pero los detalles eran imposibles de ignorar. El edificio abandonado ya no estaba cubierto de grafitis ni tenía las ventanas rotas; en su lugar, un letrero nuevo colgaba del frente: "Cafetería Rosie's — Inauguración esta semana."
El asfalto estaba limpio, sin baches ni señales de desgaste. Los postes de luz tenían bombillas redondeadas, y los autos que pasaban eran enormes, de colores brillantes, con música de fondo que salía de alguna radio lejana. Mina se giró lentamente, incapaz de procesarlo.
No había pantallas luminosas. No había teléfonos en las manos de nadie. No había el zumbido de los motores eléctricos ni los anuncios digitales que siempre cubrían las calles.
El aire tenía un olor distinto, una mezcla de gasolina y pan recién hecho, y las personas caminaban con ropa formal, los hombres en trajes y las mujeres con faldas amplias y peinados perfectos. Todo parecía sacado de una película vieja.
—¿Qué...? —susurró, apretando los puños—. ¿Qué está pasando?
Corrió hacia la esquina, buscando algo que reconociera. Su corazón se aceleraba a cada paso. El parque donde solía pasar los veranos estaba allí, pero las bancas eran de madera pulida, nuevas, y el quiosco tenía una banda tocando música swing. En el suelo, un niño lanzaba un aro metálico con un palo, riendo. El edificio del cine aún existía, pero en el cartel se leía: "Rebel Without a Cause – James Dean".