El placer del dolor

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Myoui Mina era un problema. Al menos, eso es lo que todos decían. Hermosa, inteligente, y con una frialdad que asustaba a la mayoría de los estudiantes de la escuela. Pero no a Chaeyoung. Para los demás, Mina era una bully, alguien que hacía lo que quería y nadie la detenía. Para Chaeyoung... Mina era una obsesión.

Todo empezó de manera sutil. Un comentario aquí, una mirada despectiva allá. Pero pronto las cosas escalaron. Chaeyoung no podía ir de un lugar a otro sin escuchar la voz de Mina burlándose de ella, siempre apuntando a lo que la hacía diferente.

–Mírenla, no puede ni alcanzar la estantería –dijo Mina un día en la biblioteca, su voz lo suficientemente alta como para que los demás estudiantes la escucharan. Chaeyoung, en su intento por tomar un libro del estante más alto, sintió cómo las risitas llenaban el aire.

Podría haberle dolido, claro. Cualquier otro en su lugar habría sentido la humillación arder en su piel. Pero Chaeyoung... había algo en ese tono, en la forma en que Mina la miraba desde la distancia. Sabía que Mina la veía. Y eso, para ella, era suficiente. Incluso si se trataba de burlas.

Otro día, en el pasillo, Mina la empujó de repente contra una pared, tirando sus libros al suelo. Chaeyoung se tambaleó, sorprendida por la fuerza, pero lo que más le sorprendió fue la satisfacción que sintió al mirar los ojos oscuros de Mina, llenos de desprecio.

–¿Por qué sigues viniendo aquí? –le dijo Mina, inclinándose lo suficiente para susurrarle al oído–. Eres tan insignificante.

Chaeyoung debería haberse sentido rota, debería haber odiado a Mina como sus amigas siempre le decían que lo hiciera. Nayeon no paraba de llamarla una "salvaje" cada vez que Mina hacía algo, y Momo y Dahyun la apoyaban sin dudarlo. Pero Chaeyoung no podía detener esa atracción extraña que sentía hacia ella. Había algo en cómo Mina la trataba, en cómo la golpeaba con palabras y a veces físicamente, que hacía que su estómago diera vueltas.

Lo que nadie sabía, ni siquiera sus amigas, era que Chaeyoung encontraba en esos ataques algo que la atraía más y más hacia Mina. Cada comentario cruel, cada insulto sobre su estatura, sus tatuajes, incluso sobre sus manos pequeñas, solo hacía que Chaeyoung deseara estar más cerca de ella. La atención, aunque negativa, era mejor que nada. Sabía que algo en ella estaba roto por disfrutar de esa dinámica, pero no podía evitarlo. Había algo que la hacía querer más, como si fuera adicta a la manera en que Mina la despreciaba.

Una tarde, mientras Chaeyoung estaba sentada en el césped, trabajando en un boceto para una clase, Mina se acercó sin previo aviso. Tomó el cuaderno de su mano y lo levantó en el aire, fuera del alcance de Chaeyoung, que ni siquiera intentó recuperarlo.

–¿Qué es esto? ¿Crees que eres buena en algo solo porque dibujas un poco? –Mina hojeó las páginas antes de tirarlas al suelo, sonriendo de manera cruel–. Ridículo.

Chaeyoung se mordió el labio inferior, sintiendo la oleada de vergüenza mezclada con una emoción más profunda, más complicada. El latido en su pecho se aceleró mientras observaba a Mina alejarse sin mirar atrás. A nadie más le habría gustado esa humillación, pero a ella sí. El hecho de que Mina se molestara en prestarle atención, aunque fuera para derribarla, era suficiente.

Era un juego peligroso, y Chaeyoung lo sabía. Pero seguía jugando, porque de alguna manera, lo que le daba Mina, esa mezcla de dolor y deseo, era lo único que la hacía sentir viva.

Chaeyoung sabía que lo que sentía no era normal. Con el tiempo, había llegado a aceptar que lo que le sucedía cada vez que Mina la humillaba o la golpeaba iba más allá de un simple deseo de atención. Había una palabra para ello: masoquismo. No era fácil admitirlo, ni siquiera para ella misma. Sus amigas le dirían que estaba enferma si lo supieran. Pero había algo en ese dolor, en esas palabras hirientes y en los empujones que Mina le daba, que encendía algo dentro de ella.

One Shots | Michaeng Donde viven las historias. Descúbrelo ahora