Mina siempre había sido el tipo de persona que disfrutaba de la tranquilidad, de la paz que le brindaban los pequeños detalles de la vida. La calidez del sol en su piel, el sonido suave de las hojas moviéndose con el viento, y el simple hecho de tener cerca a las personas que amaba. Y entre esas personas, una brillaba más que cualquier otra: Chaeyoung.
Chaeyoung, con su energía vibrante, su sonrisa fácil y su risa contagiosa, había sido su amiga desde que ambas tenían uso de razón. A lo largo de los años, su amistad había crecido hasta convertirse en algo más profundo, algo que Mina no se atrevía a nombrar, por miedo a que al hacerlo, lo destrozara. No estaba segura cuándo había comenzado a enamorarse de ella, pero sabía que ese sentimiento era cada vez más fuerte y, a su vez, más doloroso.
Mina había pensado en confesarse, en decirle a Chaeyoung lo que sentía, pero el temor a arruinar lo que tenían la detenía. Después de todo, Chaeyoung siempre había sido más cercana a otros chicos, a veces hablando de ellos con un brillo en los ojos que hacía que el corazón de Mina se encogiera. Pero nunca había pasado nada. Hasta ahora.
Un día, mientras Mina estaba en la cafetería de la escuela esperando a que Chaeyoung se uniera a ella, vio algo que la hizo detenerse. Chaeyoung entró, sonriendo de oreja a oreja, tomada de la mano de un chico. Un chico que Mina reconoció como el líder de un grupo de estudiantes dos años mayores que ellas. Era atractivo, popular y, aparentemente, estaba saliendo con Chaeyoung.
El corazón de Mina se rompió en mil pedazos en ese momento. Sintió como si el suelo bajo sus pies hubiera desaparecido, dejándola caer en un abismo de dolor y desesperación. Pero no dejó que eso se reflejara en su rostro. No. Como siempre, se guardó su dolor para sí misma.
— Mina, te presento a Jungwoo —dijo Chaeyoung, con esa chispa en sus ojos que solía mostrar cuando estaba emocionada.
— Hola, Mina —saludó Jungwoo, ofreciéndole una sonrisa amigable.
— Hola —respondió Mina con una sonrisa tan forzada que sintió que sus músculos faciales se tensaban hasta doler.
Chaeyoung se sentó junto a Mina, todavía aferrada a la mano de Jungwoo. A medida que pasaban los días, el hecho de que Chaeyoung estaba saliendo con él se volvió cada vez más evidente. Las miradas, los gestos, las sonrisas compartidas... todo apuñalaba a Mina con una precisión quirúrgica en el corazón.
Por las noches, Mina lloraba en silencio, asegurándose de que nadie, ni siquiera Chaeyoung, sospechara lo que estaba pasando dentro de ella. Se decía a sí misma que debía ser fuerte, que debía seguir adelante, que lo que Chaeyoung necesitaba era su apoyo, no su egoísmo. Pero cada día que pasaba, era como si algo dentro de ella se desmoronara un poco más.
Los días pasaron, y la relación entre Chaeyoung y Jungwoo se fue haciendo más seria. Mina observaba desde las sombras, luchando contra las lágrimas cada vez que veía a Chaeyoung sonreírle a él de la forma en que siempre había deseado que le sonriera a ella. La distancia entre Mina y Chaeyoung comenzó a crecer, no por falta de amor, sino por el miedo de Mina a enfrentarse a la realidad.
Una tarde, después de clases, Chaeyoung insistió en que Mina se uniera a ella para ir a su cafetería favorita. A pesar de la lucha interna que libraba, Mina no pudo negarse. Se sentaron en una mesa junto a la ventana, el sol de la tarde bañando sus rostros.
— He estado queriendo hablar contigo —dijo Chaeyoung, su tono era alegre, pero había un tinte de preocupación en sus ojos.
Mina sintió un nudo formarse en su garganta, pero lo reprimió, como había aprendido a hacer durante todo ese tiempo.
— Claro, ¿de qué se trata? —respondió, tratando de mantener su voz lo más neutral posible.
Chaeyoung jugueteó con el borde de su taza antes de finalmente hablar.
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One Shots | Michaeng
FanfictionPequeñas o largas historias de nuestro ship favorito michaeng! ¡One shots! (Historias de un solo capítulo) - Adaptaciones no permitidas sin mi permiso
