Ella es tan empalagosa

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Era un día tranquilo en el departamento de Mina y Chaeyoung. El sol entraba suavemente por las ventanas, iluminando el espacio que compartían desde que habían comenzado a vivir juntas hacía algunos meses. Su relación era, en muchos sentidos, perfecta. Chaeyoung, siempre afectuosa y cariñosa, encontraba en Mina un refugio cálido, aunque ella no fuera tan expresiva como para demostrarlo siempre.

Al inicio de su relación, Chaeyoung estaba pegada a Mina como si fueran imanes. Abrazos en cualquier momento, besos en la frente mientras veían películas, e incluso pequeñas caricias en la mano mientras cocinaban juntas. A Mina no le molestaba en absoluto; aunque no lo dijera en voz alta, esos gestos le hacían sentir amada y especial.

Con el tiempo, esas muestras de afecto se convirtieron en una costumbre. Mina podía anticipar cuándo Chaeyoung la rodearía con sus brazos después de un día largo, o cómo la besaría suavemente antes de dormir. Pero, en los últimos días, algo había cambiado. Chaeyoung ya no buscaba tanto el contacto físico. No la abrazaba al llegar a casa ni la tomaba de la mano mientras paseaban. El vacío que dejaba esa falta de gestos comenzaba a pesarle a Mina.

Una noche, mientras ambas estaban sentadas en el sofá, Mina no pudo evitar sacar el tema.

—Chaeyoung... —dijo, con una voz suave, casi tímida.

—¿Sí? —Chaeyoung levantó la mirada del libro que estaba leyendo, curiosa.

—¿Estás enojada conmigo?

Los ojos de Chaeyoung se abrieron con sorpresa.

—¿Qué? No, para nada. ¿Por qué preguntas eso?

—Es que... siento que últimamente estás un poco distante. Antes siempre me abrazabas o me tomabas de la mano, pero ya no lo haces... pensé que quizá había hecho algo mal.

Chaeyoung dejó el libro a un lado y se giró completamente hacia Mina. Su expresión era una mezcla de confusión y culpa.

—¿De verdad pensaste eso? Mina, nunca podría estar enojada contigo.

—Entonces, ¿por qué? —preguntó Mina, mordiéndose ligeramente el labio.

Chaeyoung suspiró y bajó la mirada, como si buscara las palabras adecuadas.

—Es que... pensé que quizá te estaba molestando con tanto contacto. Tú nunca me dices que te gusta, así que asumí que no era tan importante para ti.

Mina sintió un nudo en el pecho. Había sido tan reservada con sus sentimientos que nunca se había detenido a pensar en cómo eso podría afectar a Chaeyoung.

—Chaeyoung... yo... —empezó, tomando la mano de su novia entre las suyas— me encanta que seas así conmigo. En serio.

La sorpresa en el rostro de Chaeyoung se convirtió en alivio y, después, en una sonrisa tímida.

—¿De verdad?

—Sí. Es solo que... no soy tan buena expresando cómo me siento. Pero tus abrazos, tus besos... todo eso me hace sentir amada.

Chaeyoung soltó una risita, divertida y ligeramente avergonzada.

—Supongo que fui tonta por no preguntarte antes.

—Supongo que yo fui tonta por no decírtelo antes —respondió Mina, con una sonrisa tierna.

Ambas rieron, y Chaeyoung se inclinó para abrazarla, como solía hacer antes. Mina, esta vez, rodeó con fuerza a su novia, transmitiendo con ese gesto todo lo que las palabras no podían decir.

A partir de ese día, el contacto físico volvió, más natural y lleno de amor que nunca. Pero lo más importante fue que aprendieron a comunicarse mejor, asegurándose de que ninguna de las dos volviera a guardar sus sentimientos.

One Shots | Michaeng Donde viven las historias. Descúbrelo ahora