Cuando nuestras miradas se encuentran

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Mina y Chaeyoung habían compartido la misma clase desde hacía ya varios semestres, pero su historia se limitaba a miradas furtivas y sonrisas tímidas. Ambas sabían que algo latía en el aire cuando se encontraban en el mismo salón; lo sentían en la manera en que sus ojos se buscaban sin querer y en cómo la atmósfera cambiaba con la sola presencia de la otra. Sin embargo, ni una sola vez habían dado un paso más allá de ese juego silencioso.

Para Chaeyoung, el día mejoraba instantáneamente si veía a Mina pasar frente a su escritorio. La sonrisa se le dibujaba en el rostro casi sin pensarlo, y si por alguna casualidad sus miradas se encontraban, sentía el corazón palpitarle en la garganta. En esos momentos, no podía esperar a contárselo a sus amigas, Dahyun, Tzuyu y Jeongyeon. A veces, sus relatos eran detalles diminutos—un "buenos días" al pasar, o la manera en que Mina se acomodaba el cabello justo cuando Chaeyoung estaba cerca—pero para ella, cada interacción, por más mínima que fuera, se sentía enorme.

Del otro lado, Mina no era inmune a la presencia de Chaeyoung. Cada vez que la veía en el aula, notaba cómo cambiaba su propio comportamiento: los hombros se le tensaban ligeramente, las manos buscaban algún objeto que sostener para ocultar los nervios, y su mirada intentaba no quedarse demasiado tiempo en la chica de cabello rubio. Aun así, cuando estaba con sus amigas Momo, Sana, Jihyo y Nayeon, no podía evitar hablar de Chaeyoung con una mezcla de emoción y vergüenza. Les contaba cómo sonreía de manera dulce o cómo su risa resonaba como la melodía más encantadora. Y aunque sus amigas insistían en que Chaeyoung definitivamente tenía interés en ella, Mina nunca estaba segura.

El destino, no obstante, parecía determinado a cruzar sus caminos de maneras fugaces. En una ocasión, el profesor las emparejó para un proyecto de clase, y aunque intercambiaron algunas palabras cordiales y trabajaron en silencio durante la mayor parte del tiempo, ninguna se atrevió a romper el muro de la formalidad. Otro día, sus manos se rozaron al pasar una hoja de papel, y aunque fue un contacto apenas perceptible, ambas se sonrojaron y se apartaron rápidamente, sintiendo cómo la piel les ardía con el recuerdo del tacto.

Las semanas pasaban y el ciclo se repetía, una rutina en la que mirarse a lo lejos era su manera de estar cerca. Sin embargo, para sus amigas, esa dinámica ya se había vuelto frustrante. Un día, Dahyun decidió hablar con Chaeyoung.

—Tienes que hacer algo más que sonreírle, ¿sabes? —dijo, cruzándose de brazos—. No puedes seguir así para siempre.

Chaeyoung soltó un suspiro, jugueteando nerviosa con su bolígrafo.

—¿Y qué hago? ¿Le digo "hola, te he estado mirando durante meses, ¿quieres salir conmigo?"?

Dahyun rodó los ojos, pero Tzuyu intervino con una sonrisa alentadora.

—Podrías empezar por invitarla a salir en grupo. Ya sabes, algo casual, sin presiones.

Por otro lado, Momo también le daba un consejo similar a Mina.

—Siempre hablas de ella, Mina. Si tanto te gusta, ¿por qué no tomas la iniciativa?

—No es tan fácil... —respondió Mina, su voz apenas un murmullo.

—Claro que lo es —añadió Sana, con una sonrisa traviesa—. Solo tienes que hablar con ella fuera de los trabajos de clase. Pregúntale algo, lo que sea, pero fuera del aula.




El aula del laboratorio estaba en completo silencio, interrumpido solo por el sonido de los lápices escribiendo y el leve zumbido de los equipos en funcionamiento. Mina y Chaeyoung estaban sentadas en extremos opuestos de la sala, con sus grupos respectivos, pero desde donde estaban podían verse fácilmente si levantaban la mirada. Era casi un hábito para ambas: encontrar un momento en el que sus ojos se desviaran hacia la otra, siempre asegurándose de que nadie lo notara.

One Shots | Michaeng Donde viven las historias. Descúbrelo ahora