1958• Parte 2

292 34 19
                                        

2025

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


2025.

Mina tardó unos segundos en comprenderlo.

Al principio pensó que era parte del mismo sueño extraño, que el parque solo había cambiado un poco, que tal vez la luz era distinta. Pero entonces vio el reflejo de los edificios de cristal en el lago artificial, escuchó el sonido lejano de notificaciones, motores eléctricos, conversaciones rápidas llenas de palabras que no existían en 1958.

Entonces lo entendió.

Había vuelto.

El universo había corregido su error.

—No... —susurró, con la voz rota.

El aire se le atoró en el pecho.
Su mente empezó a correr más rápido que sus pies.

—No, no, no, no... —repitió, girando sobre sí misma como si el simple acto de mirar en otra dirección pudiera devolverla al pasado.

Caminó unos pasos.
Luego otros.
Volvió al lugar exacto donde había besado a Chaeyoung.
Buscó la banca vieja que ya no existía.
El árbol donde se había recargado la chica rebelde... ahora era más alto, más grueso, distinto.

—Chaeyoung... —llamó, casi sin voz.

Nada.

Ni una sombra.
Ni un reflejo.
Ni una sensación.

Solo gente pasando, hablando por teléfono, riendo, viviendo vidas normales... ignorantes del hecho de que el mundo de Mina acababa de romperse.

Empezó a caminar más rápido, recorriendo el parque entero.
Sus pasos se volvieron erráticos, desesperados.
Sus ojos buscaban un rostro imposible: el cabello oscuro, los ojos felinos, el lunar bajo los labios.

Nada.
Nada.
Nada.

El pecho le dolía tanto que pensó que iba a caer de rodillas ahí mismo.

—Por favor... —murmuró, sin saber a quién le hablaba—. Solo dame una señal...

Pero el universo no responde súplicas.

Las lágrimas comenzaron a caer sin permiso.
Primero una.
Luego otra.
Luego muchas.

Mina se llevó las manos a la cara, pero no sirvió de nada.
Lloraba caminando.
Lloraba buscando.
Lloraba como alguien que acaba de perder algo que no puede recuperarse jamás.

¿Cómo no llorar?

Había perdido a Chaeyoung.
No por una pelea.
No por el tiempo.
No por una decisión.

La había perdido porque nunca debieron encontrarse.

Se apoyó contra una banca moderna, el cuerpo temblándole de pies a cabeza.
Su respiración se rompía en sollozos descontrolados.

—Yo iba a quedarme... —susurró entre lágrimas—. Iba a elegirte...

La gente pasaba cerca, algunos la miraban con curiosidad, otros con indiferencia.
Nadie sabía que esa chica lloraba por alguien que había existido en otro tiempo.
Por un amor que no tenía tumba, ni recuerdo, ni pruebas.

One Shots | Michaeng Donde viven las historias. Descúbrelo ahora