—Ahhh, no pensé que nos echarian... —susurro King decaído, caminando en la oscuridad de la noche junto a Meliodas.
Habían abandonado la taberna un momento para intentar traer a Elizabeth y poder pasar un rato divertido con ella, sin embargo, ni si quiera pudieron entrar pues les dijeron que la familia real se estaba preparando para el festival de fuegos artificiales de la noche, por lo que sin más abandonaron la idea que tenían.
—Tienes razón, ni si quisiera porque somos dos pecados nos tuvieron lastima —se lamento Meliodas, caminando con sus manos detrás de su cabeza, despreocupado— Es que no me lo explico...
—En primera, y se que yo lo propuse, siento que fue mal momento, después de todo es entendible que Elizabeth quisiera pasar con su familia —hizo una pausa, cambiando su cara a una más seria— Y en segundo, creo que decirles literalmente "Sate sate sate, venimos a secuestrar a su princesa" —se acomodo su cabello, imitando al de su novio, al mismo tiempo que también imitaba su voz— ...no fue la mejor idea, idiota.
—Ya, no me mires así amor... —le pidió haciendo un puchero— Yo solo soy una pobre víctima...
—Si tu eres una víctima que dios nos apiade a todos... —el rubio soltó una risa por ello, pero no pudo negar nada.
Estuvieron caminando en silencio un rato más, disfrutando de la compañía del otro. Cómo era de costumbre para el ojimiel, su tesoro sagrado se encontraba en la taberna, y es que al menos cada vez que tenían esos momentos, King prefería no volar o ir sobre Chastiefol, pues apreciaba pasar más de cerca con Meliodas. El hada pensó en ello, e internamente sonrió, ya que ese sacrificio tan enorme, al menos a palabras de el, solo lo hacía con su rubio favorito.
—¡King, mira! —el demonio lo saco de su ensoñación, señalando hacia el cielo con asombro, por lo que obedeció y dirigio su mirada al lugar en específico. Al notar lo que quería enseñarle, el castaño palideció.
—¡No puede ser, nos estamos perdiendo los fuegos artificiales! —exclamo alarmado, pues se habían prometido estar en la taberna para verlos con tranquilidad, y estando aún de camino por el reino, las casas y edificios altos les impedían apreciarlos totalmente.
—...
—¡No puede ser, que mala suerte!
—King...
—¡Que haremos ahora, ahí se fue mi sueño por la borda!
—Oye, King...
—¡Ya me lo había advertido mi mami!
—Demonios, que conste que te quise avisar... —el ojimiel, que seguía en lamentos aún, tuvo que sujetarse para no perder el equilibrio debido a que el contrario lo tomó entre sus brazos sin avisarle— Sujetate, mi rey dramático.
—¡O-oye, que estás haciendo! —le grito, dando unos leves golpes para que lo soltase, además de moverse como loco, aunque notó como Meliodas ni se inmutó.
—Te pareces a las babosas cuando les tiran sal... —lo miro con su cara chibi, y King escondió su cabeza en su pecho apenado por ello— Ya... Confía en mí, ¿si? se lo mucho que te interesan los fuegos artificiales, así que no dejaré que te los pierdas...
—¿Y que vas a...? —antes de darse cuenta ya habían salido del reino, encontrandose ahora sobre un acantilado que permitía no solo observar todo su perímetro al completo, sino que también ver los hermosos fuegos artificiales en todo su esplendor— Meliodas...
—Servido, señor —lo bajo con delicadeza, y su novio, casi hipnotizado, se sentó sobre sus piernas en el pasto, mirando los fuegos artificiales con mucha ensoñación— ¿Por qué te gustan tanto, eh?
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Reencarnado en King (Yaoi)
Fiksi Penggemar¿Crees en las reencarnaciones? Puede sonar una pregunta algo tabú, y más si quizás eres de una cierta religión. Para mí, la respuesta era más que obvia: Es imposible reencarnar después de morir. Sin embargo, después de vivirlo en carne propia, no c...
