Can
Cada noche, cuando il mundo exterior se calma, volver a la finca es como dar inicio a una nueva e infinita magia. En los primeros meses del pequeño, nuestro universo se ha reducido al calor de estas paredes e a esta cama donde Deniz, durmiendo entre nosotros, es un pequeño milagro que respira al ritmo de nuestro corazón. Y yo no puedo evitar perderne durante horas mirándolo, encantado por lo que hemos logrado crear juntos.
"Mira qué perfecto es, Sanem, eres tú y soy yo, es tan hermoso como nuestro amor." Ella apoya la mejilla en mi hombro, con su cabello cayendo sobre su rostro como seda perfumada. "Tienes razón, es tan guapo como su papá." Me giro para mirarla, perdiéndome en sus ojos y en su aroma que ahora huele a jazmín, leche y vida. "No lo creo, es tan bello como su mamá y estoy convencido de que su hermanita se le parecerá aún más." Sanem levanta la cabeza, con sus grandes ojos muy abiertos por la sorpresa. "¿La hermanita? Deniz solo tiene unos meses Can, ¿qué estás diciendo?"
Tomo al pequeño y lo coloco en la cuna con una delicadeza reverencial, como si estuviera manejando el cristal más preciado del mundo, para luego volver con ella. La envuelvo en mis brazos, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío y busco su cuello, hablando entre un beso y otro. "¿Recuerdas lo que nos dijimos? Si no era... una niña... tendríamos que ponernos manos a la obra con mucho... mucho empeño."
Sanem ríe suavemente, una risa que vibra en mi pecho y que no deja de emocionarme porque he llegado a comprender que, por mucho que haya viajado, no existe en el mundo un panorama más bello que su rostro sonriente.
Nuestro "empeño" no tarda en dar frutos que, unos meses después, superan toda nuestra imaginación. Recuerdo todavía el momento en que Sanem vino a buscarme a mi estudio; tenía un paso ligero, casi temeroso, y esos ojos que no saben mentir brillaban con una luz nueva. Me bastó con mirarla para sentir el corazón acelerarse. Sin decir una palabra, tomó mi mano y la puso sobre su vientre, aún plano pero ya vibrante con un secreto inmenso. "Can... acabo de hacerme la prueba y parece que nos hemos 'empeñado' lo suficiente. Deniz pronto no estará solo."
En ese momento el mundo se detuvo. Fue una emoción enorme vivir con ella la experiencia del descubrimiento, ya que para el embarazo de Deniz las circunstancias habían sido muy diferentes. Con un escalofrío recordé aquellos momentos, las palabras de un médico ignorante del hecho de que yo no sabía nada aún, que estaba en la oscuridad sobre el hecho de que pronto sería padre, y la idea de que, si no la hubiera buscado, me habría perdido gran parte de esos meses de espera. Y así la estreché contra mí, respirando su aroma a tierra y flores y cerrando los ojos no pude hacer otra cosa que sentirme el hombre más afortunado del universo, agradecido por habérseme concedido una segunda oportunidad.
La verdadera sorpresa, sin embargo, nos esperaba en el consultorio del médico para el primer control. Sanem estaba tumbada en la camilla, su mano apretando la mía con tanta fuerza que me cortaba la circulación. Mirábamos la pantalla del ecógrafo emocionados y felices cuando el doctor empezó a mover la sonda y una extraña sonrisa apareció en su rostro. "Bueno, señores Divit... espero que su casa sea muy grande", comenzó riendo. "¿Por qué?", preguntó Sanem con un hilo de voz. "Porque aquí no hay un solo latido. Miren ustedes también... uno y dos: son gemelos."
El silencio que siguió solo fue interrumpido por el sonido rítmico de esos dos pequeños corazones que galopaban al unísono. Sanem y yo nos miramos, entre la incredulidad y el shock total. Dos. Otros dos. Pero no tuve tiempo ni de asimilar la noticia antes de que mi instinto de Albatros tomara el mando. Me aclaré la garganta, enderezando la espalda con una repentina certeza. "Son dos niñas." Declaré, serio como si estuviera leyendo las estrellas. "Siento una energía delicada, esta vez Sanem estoy seguro: son Yıldız y Ateş, nuestras dos hermosas niñas."
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Decisiones repentinas
FanfictionEse momento de celos, la repentina decisión de tomar su mano y arrastrarla lejos de esa fiesta y de ese hombre intruso, dio un curso completamente inesperado a mi vida y a la suya. Soy Can Divit, un albatros inquieto, posesivo e impulsivo, que quizá...
