Capítulo 3:Eres un idiota

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Mi celular sonó mientras me estaba bañando, con la mano mojada intenté agarrarlo sin empaparlo para ver quién era. Resultaba ser Connor, mi mejor amigo de toda la vida y compañero del instituto. Ya me había llamado dos veces, pero no lo había escuchado. Cierro la ducha, y cubro con una toalla desde mi cintura hacia abajo. Contesto la video llamada.

-¡Connor! Veo que la estás pasando genial en el Caribe.

-¿Qué hay de nuevo, Trev? Lindos abdominales, por cierto.

-Ya basta, me sonrojo. No hay nada nuevo por aquí ¿Qué hay de ti?

-¡De lujo! La playa es genial, mi bronceado es increíble y las chicas están una más buena que la otra. Anoche en la playa me encontré con una chica italiana.

-¿Y qué tal?

-Bien, linda, inteligente. Al parecer en Italia enseñan a besar muy bien. Pero no tanto como en Venezuela. Ya aprendí a decir "Eres hermosa" en francés, no sabes cómo me miran las chicas cuando les digo así. "Tu es belle, Trevor"- me dijo Connor, levantando una ceja y tirándome un beso.

-Connor, me puedes-ambos reímos.

-¿Y qué hay de ti? ¿Ninguna Californiana que este buena a la que le hayas echado el ojo?

Pensé en Olive, en su cabello rubio y perfectamente ondulado, en sus ojos grises, en su tan delicada forma de caminar, y en ese segundo en el que el tiempo y mi corazón se detuvieron al verla frente a mí. Pero no quería que Connor lo supiera, se volvería realmente fastidioso y no dejaría de preguntarme por ella. Realmente prefería mantener el secreto. Al fin y al cabo, no creo que Olive me notara, y mis sentimientos eran algo del momento. Pero desde que la conocí no había dejado de pensar en ella.

-No, el barrio en el que estoy está llena de gente anciana. Espero ir alguna fiesta en la playa, pero antes tengo que conocer a alguien con quien ir, no quiero ir solo.

-Recuerdo aquella vez que estuve en California, sí que hay chicas lindas allí. Tu ponme al tanto de todo, y no vayas a cambiarme por nadie. A penas regresemos a Minnesota, quiero que seas el mismo-me amenazó Connor frunciendo el ceño y apuntándome con su dedo índice.

-Tranquilo Connor, mi corazón te pertenece- dije entre risas.

-Oye, avísame si conoces a alguna chica que esté buena, conozco algunos lugares a los que podrás llevarla. Las habitaciones son espectaculares, y si dices que te mando yo, seguramente recibirás algún trato especial- dijo levantando las cejas y giñando su ojo.

-Connor, estuviste aquí el verano pasado por tan sólo dos semanas, y de pronto eres un cliente recurrente ¿Qué has hecho?

-Digamos que la muchacha de la entrada me tomó afecto. Fui una vez con una chica que conocí en la playa, y bueno...una cosa llevó a la otra y...

-Eres repulsivo, Connor. El día que Penny cumpla 18 espero que te encuentres muy lejos.

-Tranquilo hermano, no me metería con la pequeña Penny. A menos que ella me busque.

-Adiós, Connor.

Corté la video llamada, y comencé a vestirme. Un frío corrió por mi espalda al imaginarme a Penny con 18 años huyendo de mi casa con Connor. Me puse un pantalón de jean ajustado, y cuando quise tomar mi camiseta noté que la había olvidado.

Tomé mi celular y la toalla mojada, y fui hasta mi habitación a buscar algo para ponerme. Abrí mi maleta, pero estaba vacía, al igual que los cajones del armario frente a mi cama. Estuve a punto de gritar para llamar a mi abuela, pero recordé que no estaba en mi casa, y sería de muy mala educación. Bajé las escaleras para buscar a mi abuela, pero no estaba ni ella ni Penny. En la heladera había a una nota pegada.

1900 MillasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora