Pidan un deseo
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Por un momento, nadie habló, nadie respiró. El cuerpo de Ren había caído sobre la hoja por lo que no sabían si algún nombre aparecía completo en ella.
Los segundos pasaron tan pesados como el ambiente que se vivía en esa habitación del hospital, con el aire de muerte rondando alrededor de ellos y demasiadas preguntas en sus cabezas.
35... 34...33...
— ¡Len! ¡¿Qué le hiciste a mi hermano?! — Se escuchó a la niña, indecisa de si debía ir con él o esconderse de los adultos.
28...27...26...
La persona en la puerta giró al niño con suavidad y levantó la hoja, una sonrisa juguetona apareció en su rostro.
— Diablos, hubiera dejado que terminara de escribir.
Mello sostuvo la hoja a la altura de su cuello, el nombre "Nate Riv..." se encontraba escrito en ella con letra temblorosa y marcada con fuerza debido al arranque de furia que el niño había tenido.
— Ya veo, mi teoría era cierta — Mencionó Near jugando con un mechón de su cabello
— ¿Qué? No, no, no. MI teoría era cierta — corrigió Mello — Tú no estás en este caso.
— Mello, no es momento — susurró Matt, viendo hacia Ayumi. Ella había corrido a esconderse bajo una mesa, abrazándose a sí misma.
— No entiendo, entonces ¿el niño era Kira? — preguntó Namikawa en tono bajo — Pero si nunca le ha hecho daño a nadie...
¿Kira?
— No compartimos las mismas memorias, Señor Namiwaka — Intervino Mello, recordando todas las bromas que los gemelos le habían hecho.
Aunque era cierto, Ren era alguien bastante tranquilo y fuera de algunas bromas inofensivas, él nunca había demostrado ni un ápice de odio en su ser. Después de todo, era un niño. Un niño criado con todo el amor del mundo, un niño que no debería conocer la maldad ni la crueldad que habita el mundo.
— ¿Kira?... — murmuró la niña. Aunque su voz era bajita todos alcanzaron a escucharla— Len no es Kira. Kira es malo y Len sólo pedía deseos. Len me ayudó con el hombre malo. Len no es Kira.
— Cariño, ¿a qué te refieres con deseos? ¿quieres venir a explicarnos...?
— ¡No te acerques! No me toques...
Mello chasqueó la lengua cuando escuchó a la niña rechazar a Matt. Aunque no podía verla de cerca, se notaba muy asustada con su cercanía. ¿Acaso Matt le recordaba a algo que le había pasado? o ¿sólo estaría enojada por sacarla de su escondite?
— Señor Namikawa, ¿puedo ver a esa niña? — dijo L, bajo las sábanas. Al escuchar su voz, Ayumi corrió hacia la camilla intentando esquivar a los adultos.
— ¡Papá!
— Aún no — Dijo Matt, tomándola de la cintura. Inmediatamente el aroma del cigarro emanando incluso con el cubrebocas puesto le recordó a aquel sujeto que la había dañado.
— ¡No! ¡No me toques! ¡Suéltame! — comenzó a llorar. Su cuerpo forcejeó y, al ver a Mello a unos pasos, estiró los brazos hacia él— ¡Ya no! ¡Suéltame!
— ¡Ya basta, animal!
Mello la tomó entre brazos y se alejó sólo un poco para sentarla sobre la misma mesa en la que se había escondido anteriormente. Aún con poca luz, el rubio pudo darse cuenta de que sus suposiciones eran ciertas: ella estaba lastimada, parte de su ropa sucia y rasgada y en sus ojos se encontraba el inconfundible dolor del miedo y el trauma. Sin embargo, había algo en él que la tranquilizaba. Quizás el olor a chocolate, quizás el cabello rubio similar al de su madre.
