La luz del amanecer cayó en mi cara, lo que hizo que abriera mis ojos. Cuando terminé de espabilar mi mente, comencé a manosear el otro lado de mi cama, en busca de aquello que me había hecho pasar una de las noches más calientes y orgásmicas de mi vida. Al terminar el recorrido decidí voltear ya que no había obtenido resultados.
Al girarme, el lugar estaba vacío. Sin algún rastro de él. Pero, no tardé en escuchar como alguien abría la regadera. Sabía que era él. Sabía que no se había marchado.
La noticia ni me alegraba ni me disgustaba... En realidad siempre había querido ser lo que era... Una mujer liberal... Una mujer que no tuviera la obligación de dar explicaciones... Una mujer capaz de sustentarse por sí sola, y sobre todo, una mujer deseada por cualquiera de sus cualidades... Una mujer que nadie fuese capaz de rechazar.
Me gustaba divertirme con mis encuentros sexuales, poco románticos y subidos en de tono.
Desde muy joven, siempre me propuse luchar por mi bienestar y mi comodidad. De hecho cuando comencé mis estudios de abogacía, siempre mantenía en mente el poseer mis bienes y mi estabilidad, sin ayuda de nadie.
Mi personalidad siempre me había ayudado a atraer gente. Para ser más específica, hombres. Y por lo general estas cercanías no me disgustaban para nada.
¡Si!, me encantaban los hombres, me encantaba sentirme complacida. Y aunque a la gente le pareciera mal, a mi encantaba saber que siempre había un alguien ahí, para mí. En cualquier momento, en cualquier lugar.
Me levanté de mi cama y decidí dirigirme a la cocina para preparar algo de desayuno. Iba casi desnuda, solo llevaba encima la transparentosa bata que Sid Martins había quitado de mi cuerpo anoche.
Saqué de la nevera par de huevos, rebanadas de pavo, varias tortillas de maíz y un zumo de naranja que había hecho el día anterior.
Sabía que a él le encantaba cuando yo cocinaba... Y lo que yo cocinara.
En pocos minutos ya tenía sobre el mesón un envase con huevos revueltos combinados con trozos de jamón de pavo, tortillas calientes, dos vasos de jugo de naranja y lo que jamás podía faltar para mi comienzo de día, una buena taza de café negro intenso.
Por lo general yo no acostumbraba estos protocolos de noche con derecho a desayuno; pero, una vez al año, tampoco es que causara daño.
Justo cuando terminaba de meter los trastes al lavavajillas para proceder a sentarme junto al mesón, oí como se abría la puerta de mi baño, para poco después sentir como el Sr. Martins me humedecía el cuello con su cabello empapado, llenándome de besos cargados en lujuria...
Si, lujuria. Sabíamos que lo de nosotros no daba un paso hacia algo más que no fuera interés sexual. Sin embargo, ninguno de los dos estábamos interesados en otra cosa que no fuera el disfrute que acostumbrábamos a crear cuando alguno, o la mayoría de las ocasiones, ambos necesitábamos.
Sentándose a mi lado, y bebiendo un poco del jugo cargado en vitamina C, que yo había colocado junto a la comida, me dijo...
-Todo se ve delicioso. Tan delicioso como tú estuviste anoche- Me dio una mirada colectiva, y terminó diciendo...
-O en realidad, como sigues estando-
Le di una mirada, recorriendo su escandaloso abdomen ya que no llevaba camisa, hasta parar en sus ojos, diciéndole que él también se veía muy atractivo.
Mientras comíamos solo notaba como el recorría mi cuerpo con sus ojos.
Me mantuve en silencio. Yo solo comía.
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HOY ERES MÍO
RomanceBrittany Minner Una persona que gracias a decepciones familiares y amorosas, se convierte en una mujer regia, eficiente, luchadora, al principio fuerte como piedra y un tanto arisca; la vida la enseña y la lleva darse cuenta que el goce de la mis...
