Capítulo XXV

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Jamás pensé que una esposa fuera la razón por la que Jake había desaparecido, no podía lograr imaginar a este hombre con un matrimonio y/o una familia después de que habíamos vivido todo aquello.

Me había dicho que se había enamorado de mí, pero no podía ser, era imposible. El tenía una esposa a la que amar y quizá un hogar al que asistir.

Sus últimas palabras me habían dañado completamente, tanto que ahora no podía lograr ser la misma y mucho menos sacar aquellas palabras de mi mente. Sus hermosos ojos y esa mirada arrepentida tampoco podía olvidarla.

Me sentía tan utilizada, tan engañada y tan sola. ¿Quién podía ser yo ahora?

No me quedaba más que arrancarlo de mis recuerdos y de mi cuerpo. Necesitaba olvidar sus caricias, esa forma de amarme, de hacerme sentir tan de él, tan mujer y tan capaz de sentir amor. Pero, eso solo había sido una noche... Una noche que él solo utilizó como despedida. Él solo quiso volver para sentir una vez más mi presencia y luego volver con su esposa. Ahora ella era la prioridad. Me sentía desplazada, cuando antes me hacía sentir tan importante para él, tan imprescindible. Ahora que lo pienso, tal vez era solo por trabajo...

Ahora estaba en medio de una nube oscura, como cuando el cielo se torna gris porque se avecina una tormenta. Me sentía tan vacía, tan simple... Con tanto rencor. No quería volverlo a ver, me había destrozado...

Me dolían absolutamente todos mis recuerdos de esa última noche, en la hice el amor con él, como nunca antes había podido hacerlo con alguien. Ahora todo era oscuro.

Necesitaba tanto volver a ser la misma, volver a esa dureza impenetrable. Volver a cuando no vivía este infierno, cuando solo yo era dueña de mí, cuando mi cuerpo era mío y de nadie más... Cuando nadie me había amado, ni hecho amar...

Pero como volvía a ser esa persona si a pesar de todo mi rencor mi cuerpo pedía a gritos que Jake estuviera de nuevo aquí conmigo. Debía volver a comenzar, esta era una prueba a la que no le encontraba salida.

"Pero nunca debemos olvidar que una experiencia espiritual es sobre todo una experiencia práctica del Amor. Y en el amor no existen reglas.
Podemos intentar guiarnos por un manual, controlar el corazón, tener una estrategia de comportamiento... Pero todo eso es una tontería.
Quien decide es el corazón, y lo que él decide es lo que vale. Todos hemos experimentado eso en la vida. Todos, en algún momento, hemos dicho entre lágrimas: estoy sufriendo por un amor que no vale la pena.
Sufrimos porque descubrimos que damos más de lo que recibimos, sufrimos porque nuestro amor no es reconocido, sufrimos porque no conseguimos imponer nuestras reglas, sufrimos impensadamente porque en el amor está la semilla de nuestro crecimiento.
Cuando más amamos, más cerca estamos de la experiencia espiritual"

...Decía así alguna parte del libro que había estado leyendo durante mi llamado duelo emocional. Dicen que cada quien lleva el duelo a su manera... a su estilo. Pues el mío era así. No daba más que para llorar, leer, escribir y algunas pocas veces, dormir.

"Aquí, una vez más en ésta esquina, sola con mi gran taza de café... Oscuro e Intenso...

Tan intenso como las lágrimas que ruedan por mis mejillas sin algún entretiempo, solo acompañando los pensamientos de mi mente que relatan más que tristeza y soledad indeseable. Apagando así, el cálido brillo de mis pupilas, las que incandescentes fueron en algún instante...

Instantes en los que mi vida aún no estaba llena de pesadillas...

Instantes en los que mi vida estaba llena de puras fantasías de sonrojos y alegrías... De los que pensé que jamás podría despojarse de mi ser.

Supe que todo había terminado cuando el rosa se esfumó entre brisas, dejando solo el matiz de un opaco color...

Tan opaco como el gris de una nube cargada de llovizna...

Tan opaco como el sepia de una foto antigua...

Tan opaco como el recuerdo de lo que una vez, todo fue".

En alguno de esos días desolados, había vuelto a tomar lápiz y papel.

Tenía cerca de tres o cuatro semanas en cama, poco comía y no salía. Lo poco que trabajaba era desde mi laptop... Desde mi cama. No quería ni acercarme a la oficina y tampoco podía darme el lujo de que mis empleados vieran a su jefa en el estado tan deplorable en el que estaba.

"Escriba todo lo que está sintiendo, saque las cosas del alma, póngalas en el papel y después tírelo.

...Dice la leyenda que el río Piedra es tan frío que todo lo que cae en él, hojas, insectos, plumas de ave, se transforma en piedra.

¿Acaso no sería buena idea que dejase sus sufrimientos en esas aguas?"

...Era uno de los últimos fragmentos del libro que leía (A Orillas Del Río Piedra Me Senté y Lloré - Paulo Coelho)...

Definitivamente eso me había dado una idea. Tomé lápiz, papel y me desahogué de todo pesar que llevaba en mi mente.

Al terminar doble el papel, lo guardé y enseguida marqué a Carlotta.

Ella había estado llamándome muchas veces, pero yo no le había contestado...

-Prima, por Dios... Tengo varios días llamándote. ¿Qué es de tu vida?, ¿Qué ha pasado contigo?- dijo Carlotta algo fúrica.

-Carlotta, luego te explico. Empaca algunas pocas cosas, salimos en la noche para Cancún. Tal cual el viaje que hicimos no hace mucho, ¿Lo recuerdas?- pronuncié con un tono autoritario.

-Claro, como olvidarlo. Pero, ¿Hoy martes?-

-Sí, hoy martes y no sé cuando volvamos, así que puedes comenzar a empacar. Nos vemos a las seis de la tarde en el aeropuerto- dije sin pensarlo mucho.

Carlotta aceptó mi propuesta, creo que no le di otra opción.

Al momento me comuniqué a Minner Legal Association para mandar a preparar el avión de la empresa, y en segundo lugar hice una corta llamada al Minner Paradise. Le avisé a Aanisa que estaría por allá unos días.

Me levanté de mi cama con un ánimo que creo haber sacado de mis almohadas, diciéndome a mí misma que debía poner stop a esta situación que terminaría por acabar conmigo.

Tomé un maletín y empaqué ropa suficiente para los días que estaría descansando en México. Me duché y ordené a Roberto que subiera a ayudarme.

YASR & DAVM

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