Capítulo LIV

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Apenas amaneció no dudé en arreglarme y salir de casa, así evitaría enfrentarme a James.

Sabía que en algún momento tenía que darle una explicación, pero no quería que fuera esa mañana.

El trabajo en la oficina estaba bastante estresante.

A mitad de mañana había recibido una llamada de mi esposo. Me había pedido disculpas por llevarme a ese hotel. Pero no podía ser tan descarada. Hice que detuviera sus palabras y fui yo la que me disculpé y le di por excusa que estaba muy estresada y llena de trabajo; agregué que en la noche deberíamos hablar. Tenía que contarle sobre "el viaje de trabajo".

Mi día culminó en una discusión con uno de mis socios, por lo que estaba de mal humor. Sin contar que no había sabido nada de Jake en todo el día.

Al parecer, él ahora era la razón de mis ratos de buen humor.

Y como si fuera poco, ahora tenía que llegar a mi casa... A la casa que no sentía mía, y en donde me esperaba un esposo al cual no amaba.

Conduje de mala gana, creo que fue la primera vez en mi vida que conduje tan lento.

En el camino intenté llamar a Jake, pero no respondió.

Dejé un mensaje de voz en su buzón diciéndole que me enviara un mensaje cuando pudiera.

Seguro estaba con su esposa o que se yo qué demonios estaría resolviendo.

Aparqué en las afueras de la casa de James y reposé mi frente en el volante de la camioneta como si eso me ayudaría a deshacerme de mi mal humor.

Di un golpe al volante y bajé dando un portazo.

-¡Buenas noches y buen provecho!- dije a James y a Ailyn, la ahora, nana de mi hijo, quien charlaba y comía plácidamente en el puesto que yo debía ocupar en la mesa.

Esther estaba de pie al lado de James...

-¿Quiere que le sirva la cena señora Brittany?- preguntó Esther...

-No gracias, no tengo apetito- dije cortante.

Sabía que mi humor se hacía notar...

-Te espero en el despacho- dije dirigiéndome a mi esposo mientras me daba la vuelta para subir las escaleras.

Ni si quiera escuche si me había dado respuesta.

Fui hasta la habitación de mi pequeño que estaba dormido como un angelito. No quise despertarlo, por lo que me fui al despacho para esperar a que James llegara.

Justo tomaba asiento detrás del escritorio cuando James irrumpió en el despacho...

-Hola pequeña- dijo con tranquilidad; pero, para su mala suerte, yo no la tenía.

-¿Puedo saber por qué ahora lo empleados ocupan mi puesto en la mesa?- le solté.

James me miraba perplejo.

-Eh... ¡Mi amor...!- dijo dudoso.

-¿Alguna razón para dudar en lo que me vas a responder james? ¿Acaso Ailyn si tiene derecho a sentarse en la mesa y Esther no?- dije fúrica.

-Pequeña Esther no tenía apetito, por eso no quiso sentarse-

Me enfermaba que él me dijera así cuando yo estaba molesta.

-Hasta donde sé, en la cocina está habilitado un espacio para los empleados, ¿O acaso se derrumbó la mesa de la cocina y Ailyn tuvo que comer contigo por eso?-mis palabras salían una tras otra y mi mirada destellaba furia.

HOY ERES MÍODonde viven las historias. Descúbrelo ahora