Capítulo XLII

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¡Dios mío!

Sí que había escuchado a una que otra mujer diciendo que nada como los dolores de parto. Pero, una cosa era escuchar opiniones y otra era vivirlo en carne propia.

-¡AHHHHHHHHHHHHHHH! ¡ACELERA JAMES!- grité tomándome de la manija del auto.

Las contracciones estaban a cada 4 minutos y sentía duraban una eternidad.

James aparcó en el primer puesto vacío, se bajó, rodeó el auto y me sacó enseguida del mismo.

No sé cómo ni en qué momento había llegado, pero justo cuando terminé de colocar mi segundo pie fuera del carro, estaba un paramédico con una silla de ruedas extendida para mí. Subí a ella y rápidamente me condujeron hasta urgencias.

Antes de salir de casa había llamado a Susan, así que seguramente ya estaría en camino.

Ingresada y dentro de un cubículo de urgencias, entró el médico de guardia a hacerme preguntas de rutina. Le comenté las características de mis contracciones, mi tiempo de embarazo y añadí el nombre de mi médico tratante.

El médico me conectó a varios aparatos y me hizo un tacto vaginal para revisar a cuantos centímetros de dilatación se encontraba mi cuello uterino.

-Seis centímetros... Sí, seis centímetros de dilatación. Señores, su bebé llegará muy pronto. Estaré al pendiente de usted hasta que la doctora Susan llegué Señora Minner- dijo el médico desechando sus guantes.

Cada vez que llegaba uno de esos horrorosos dolores, que por cierto cada vez eran más seguidos, apretaba una de las manos de James.; tanto, que imagino que el pobre sentía que iba a fracturársela.

-Buenas noches, casi madrugada- dijo Susan haciendo acto de presencia.

-Caramba, pensé que no vend... ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!-

-No grites Britt, es peor- dijo Susan con un tono calmado

Blanqueé los ojos para ella.

-Cuéntame. ¿Cómo va esto?-

-Tengo contracciones cada 3 minutos y hace rato mis dilataciones estaban a seis centímetros...- contesté a Susan.

Ella tomó unos guantes de la caja y me hizo un segundo tacto.

-Que extraño, sigues con la misma dilatación...- dijo bajando mi bata.

-Si sigues así haré una ecografía. Pero todo se encuentra bien. Estén tranquilos- culminó diciendo Susan y saliendo del cubículo.

Los dolores iban y venían.

James había salido del cubículo para ir al carro y buscar tanto las cosas del bebé como las mías porque ya nos habían asignado habitación.

Decidí escribirle a Carlotta. Si Alessandro nacía sin ella estar presente sabía que jamás me lo iba a perdonar. Era capaz hasta de dejar de tratarme.

¡Oh por Dios Brittany!
Estoy allá en 5 minutos.
¡¡QUE EMOCIÓN!!

¿Cinco? Sabía que llegaría en uno de mis parpadeos. James regresó y más atrás Susan.

-Haré otro tacto Brittany ¿Ok?-

-Está bien Susan-

-Mmm... Haré una ecografía, tu dilatación sigue igual. ¿Las contracciones siguen cada 3 minutos?- preguntó Susan

-Sí, el tiempo no ha disminuido- dije tomándome de las barandas de la cama. Ya iban a dar los 3 minutos.

-Bien. Vuelvo enseguida-

HOY ERES MÍODonde viven las historias. Descúbrelo ahora