CAPÍTULO DIECISIETE
OASIS
31 de Octubre de 2015
La noche anterior había puesto la alarma a las ocho justo después de recibir la llamada de mi abogado. Normalmente solo tenía que ir una vez a mediados de mes para confirmar que el dinero estaba en mi cuenta, no obstante, no era mediados de mes.
No había podido dormir ante la expectativa de lo que me iba a decir. Estaba segura de que no era nada bueno.
Me destapé, suspiré y me fui a arreglar.
Pasados quince minutos estaba saliendo por la puerta. Esta vez dejé el skate y fui a paso rápido hasta la parada de metro más cercana. Según el mapa, ya que apenas me conocía Nueva York, tenía que coger la línea verde hasta llegar a cuatro paradas antes de la última y hacer transbordo con la línea azul hasta llegar a Fulton Street.
No sé si fue gracias al azar o a mi magnífica orientación, pero conseguí llegar sin equivocarme de metro ni de sentido.
Me bajé junto con una multitud más de personas. Llevé la mano a mi cuello, para comprobar que mis llaves seguían en su lugar nada más salir al exterior y comencé a subir la calle en dirección al bufete de abogados.
Al llegar al portal, toqué al telefonillo y entré. Me monté en el ascensor y subí hasta la vigésima planta.
La puerta del bufete estaba medio entornada, así que la empujé y me dirigí al mostrador donde estaba la secretaria.
—Días —dije—. Tenía cita a las nueve y media.
—Buenos días, Oasis —contestó sonriente la chica—. Enseguida te llamará, puedes sentarte. ¿Quieres un poco de agua, café, zumo?
—No, pero gracias de todas formas.
Ella asintió y yo me fui a sentar en uno de los sillones de cuero negro que había distribuidos.
No duré ni dos segundos sentada, ya que las puertas del despacho se abrieron al instante.
—Pasa, Oasis —habló.
Me levanté y fui tras él. En cuanto cerré la puerta, empezó a hablar:
—Lo mejor es que vayamos al grano. Tanto yo como la juez que lleva tu caso creemos firmemente que tu madre está intentando declararse insolvente —fue en dirección a su escritorio.
—¿Qué...? —dije a media voz mientras me sentaba en una de las sillas de cristal que había.
—Ha sacado todos los ahorros de su cuenta bancaria, no sabemos si ha hecho gastos en efectivo o no. Pensamos que su siguiente paso será conseguir que la despidan.
—Pero si hace eso ella tampoco podrá mantenerse —hice una pausa pensativa—. A no ser que ya haya conseguido un trabajo donde no tenga que declarar ese dinero... Mierda —apoyé los codos en la mesa de cristal y hundí mi cara entre mis manos mientras negaba con la cabeza—. ¿Y la pensión que le pasaba mi padre para mi manutención?
—En cuanto la juez ordenó tu emancipación, él quedó exento de pagar. ¿No se ha puesto en contacto contigo?
—No... —suspiré—. Supongo que solo sabía de mi existencia porque le costaba dinero, ahora seguramente ya ni siquiera se acuerda de que tiene una hija.
—¿Hace cuánto que no le ves?
—En realidad solo tengo unos vagos recuerdos de él. Se separaron cuando yo tenía cinco años y formalizaron el divorcio cuando cumplí los siete. Él se mudó a París con mis abuelos.
—Es bastante triste —dijo compasivo.
—Puede, pero es algo a lo que te acabas acostumbrando —me encogí de hombros.
—De todas formas, todavía no lo des todo por perdido, tu madre sigue trabajando y por lo menos este mes va a tener nómina.
—¿Y ella me puede reclamar el dinero que se le está reteniendo más adelante?
—Está obligada a pagarte una manutención hasta que cumplas los dieciocho. Si para entonces tienes un trabajo con el que se demuestre que puedes mantenerte sola, se procederá a retirarte poco a poco parte de tu sueldo para devolvérselo a ella. Aunque siendo sincero, no creo que tu madre sea tan retorcida como para exigir la devolución.
—Puedo asegurarte que lo hará. ¿Qué pasa si cumplo los dieciocho, no tengo trabajo y sigo con mis estudios?
—Pues deberá seguir pagando hasta los veinticinco. Ahí se declara nula la manutención, tengas o no trabajo.
—Yo cumplo los dieciocho antes de que terminen las clases, ¿qué hago entonces?
—No te preocupes, la manutención se alargará hasta Mayo. Tengo que decir que tú también podrías rechazar recibir más dinero si demuestras que tienes un contrato de trabajo estable.
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The Williamsburg Club
Teen FictionSeis chicas. Seis sueños. Un club. The Williamsburg Club. Oasis McCartney, Heather White, Ariel Hoffmann, Adrianna Ferguson, Casiopea Tiziano y Anastasia Rojas son seis completas desconocidas que por diversos motivos y por las vueltas que da la vid...
