Capítulo 18: Heather

250 23 5
                                        

CAPÍTULO DIECIOCHO

HEATHER

31 de Octubre de 2015

Noté cómo alguien quitaba la manta que me cubría por completo. Intenté abrir los ojos pero la luz me hizo cerrarlos de nuevo.

—Hmmm —gruñí mientras me daba la vuelta e intentaba seguir durmiendo.
—Mueve el culo —abrí los ojos de nuevo y encontré a Adrianna de pie junto a mi cama.
—¿Qué haces aquí?

Me froté los ojos intentando despertarme. Pero, la verdad, no tenía ganas de levantarme de la cama. Llevaba casi dos semanas sin salir de casa, apenas había ido a clase y aquello me iba a pasar factura en las notas. Simplemente no podía, sabía que todo el mundo comentaría lo que había pasado, y todos se reirían de mí. En aquellos días que había decidido aislarme del mundo, Derek me había mandado millones de mensajes, sabía que no estaba siendo nada justa con él y a pesar que una parte de mí me decía que debía hablar con él, otra no podía ni mirar sus mensajes sin echarse a llorar.

—He venido a sacarte a la calle, vamos -dijo tirando de mí hasta sacarme de la cama.

Suspiré y me senté en la cama, pero sin meterme en ella de nuevo, aquello era un avance. Adrianna se acercó a mi armario y sacó ropa, la cual me fue tirando encima.

—Te estaré esperando abajo —se dirigió a la puerta y antes de salir, se giró y añadió con tono amenazante—. Si en quince minutos no estás abajo, te juro que no tienes Nueva York suficiente para correr, todo esto ha ido demasiado lejos.

Salió dejándome sola. Me puse la ropa que había sacado para mí: un vestido tipo camiseta de color blanco con rayas negras y una chaqueta vaquera. Me puse unas medias negras.

¿Adrianna se creía que vivíamos en el Caribe?

Tras ponerme las Converse verdes me miré en el espejo. Hacía días que no me ponía otra cosa que no fuese el pijama y me sorprendí, agradecida, el salir de casa.

Al bajar, encontré a Adrianna en el salón mirando las fotos que adornaban la mesa y las paredes. Se giró y me miró de arriba a abajo sonriendo.

—¿Es tu madre? —me preguntó mientras señalaba una foto en la que mi madre me abrazaba. Asentí—. Eres igual que ella.

Sonreí recordando aquel día. Habíamos ido todos a Long Island, a la playa, antes de que todo empezase a ir mal. Era uno de mis mejores recuerdos, aunque todos con mi madre lo eran.

—¿Dónde vamos? —dije con voz quebrada.
—A ver a tu querido primo, esperemos que él consiga animarte.

════════ ●●● ════════

—No pienso ir a esa fiesta —dije mientras salíamos de la tienda.
—Que te lo crees tú —dijo Adrianna agarrándome del brazo y arrastrándome calle abajo.
—¿Dónde me llevas ahora? —protesté—. Llévame a casa o gritaré.

No me contestó y no paramos hasta que un rato mas tarde paramos ante una gran nave transformada en un mercadillo de ropa de segunda mano y muebles que abría todos los sábados.

—Necesitamos un disfraz.
—¿No puedo ir de mí misma? —comenté mientras entrábamos y Adrianna iba directa al primer puesto.
—No —dijo y se metió en un probador.

════════ ●●● ════════

Adrianna y yo estábamos en la calle delante del edificio de Ann, donde se celebraba la fiesta. Salía música hasta del suelo, y había gente por todas partes. A medida que subíamos hasta la casa, la música era más fuerte, pero la fiesta estaba también por las escaleras donde la gente charlaba o hacían otras cosas.

The Williamsburg ClubHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora