Capítulo 28: Oasis

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CAPÍTULO VEINTIOCHO

OASIS

11 de Diciembre de 2015

Había tenido una noche realmente mala. Una sensación de incomodidad me había invadido justo después de despertarme de la pesadilla. Hacía bastante que no tenía esa clase de sueños, aunque por lo menos esta vez no trataba sobre aviones que se estrellaban o de asaltos a mano armada en algún lugar desconocido. En realidad, no sabría decir si creía en los sueños premonitorios o no, pero lo cierto era que cada vez que soñaba con catástrofes con aviones acababan pasando al cabo de poco tiempo en alguna ciudad o país del que había estado hablando los días previos. A veces me daba miedo a mí misma, y mucho. La pesadilla de esa noche se había resumido en la muerte de alguien, no sabía de quién, pero era un chico y rubio. Mis primeros pensamientos se dirigieron hacia Nick, solo el hecho de pensar que podría haber soñado con su muerte hizo que se instalara un nudo en mi garganta que estaba segura de que no se iría hasta que lo viera y lo examinara tanto a él como a su alrededor.

—Me da que esta noche tampoco te voy a ver por aquí, ¿verdad? —preguntó Castiel mientras me pasaba el skate.
—Verdad, ya lo sabes, no me gustan las fiestas.
—Podrías venir a hacerme compañía. Esto de supervisar a una panda de adolescentes hormonados es bastante aburrido.
—¿Eso significa que no me consideras una adolescente hormonada? —sonreí de medio lado. Lo cierto es que me sentí bastante halagada, era la primera persona, mayor que yo, que en ningún momento había dudado de mi madurez. Nick no contaba, él solo tenía dos años más, por lo que no había mucha diferencia.
—Por supuesto que no. Solo de la forma en la que escribes me lo demuestras cada semana. Creo que más de cincuenta personas han venido a preguntarme ya quién es Lyla. Has causado un gran revuelo.
—Es verdaderamente extraño que el jefe de estudios no te haya dicho nada todavía.
—Lo ha hecho, pero he mantenido tu anonimato. Cree que no son artículos muy educativos.
—¿Y el espacio para cotilleos sí que lo es? —inquirí.
—No es el mejor jefe de estudios que hemos tenido... —se lamentó—. Llegó el año pasado.
—Pues qué humos tiene para ser un novato.

Castiel me miró con un amago de sonrisa y dijo:

—¿Al final hablaste con el director sobre la expulsión?
—Claro y, para mi sorpresa, fue bastante bien. Tengo que decir que no soy una persona violenta, o por lo menos no una persona violenta con otras personas. Pegar a alguien siempre ha sido y siempre será mi último recurso, pero no me arrepiento en absoluto de haberle dado su merecido a ese. El director lo amonestó y lo expulsó un día, así que me puedo dar por satisfecha. Además, el moratón del pómulo todavía le dura y verle por los pasillos así es un gran placer para mí —reí al recordar cómo bajaba la mirada cada vez que me lo cruzaba—, por no hablar de la reputación de macarra que me he ganado, ahora Odio Extremo ya no se choca contra mí, aunque eso también puede deberse a la venganza efectuada por Ann.
—¿Odio Extremo?
—No preguntes, es mejor que no lo sepas.
—Creo que no quiero ser tu Odio Extremo.
—Jamás lo serías, me caíste bien desde el principio —dije caminando hacia atrás hasta la salida.

Justo antes de salir de casa después de comer (y de haberme parado antes en la tienda expresamente para ver si Nick seguía vivo), metí en mi mochila mi estetoscopio. No estaba a la orden del día que una persona de a pie tuviera uno, pero a mí me gustaba escuchar mi corazón de vez en cuando, y más si era a través de la auscultación.
Desde que me había despertado de madrugada, había estado investigando sobre cómo hacer una revisión física rutinaria, cosa que había acabado descartando al ver que los pacientes se tenían que quitar la camiseta para la palpación abdominal, no obstante, podía hacer los primeros pasos de esta sin problemas. Es cierto que puede que no fuera muy efectivo hacer la auscultación cardíaca y pulmonar sobre tela, pero era mejor que decirle a Nick que se quitara la ropa. Definitivamente no me había visto casi tres horas de documentales sobre enfermería para al final no hacer nada, aunque solo fuera echarme unas risas al ver la cara de Nick cuando le enseñara mi fonendoscopio.
Empujé con la cadera la puerta y me encontré con Nick asesorando a una chica. Iba vestida con el uniforme de Starbucks y tenía una chapa identificativa en la que ponía "Rose". Fui hacia la trastienda intentando hacer memoria. Ese nombre me sonaba de algo, aunque en ese momento no me venía a la cabeza. Dejé las cosas sobre la cama y volví discretamente hacia el mostrador.

The Williamsburg ClubHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora