Capítulo 12: Oasis

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Nota informativa: el capítulo desde el punto de vista de Cassie, es decir, saber lo que ocurrió en la fiesta con ella, Ann y Oasis de forma más objetiva, se publicará más adelante y como un especial. Sentimos mucho este contratiempo, esperamos que sigáis leyendo.

CAPÍTULO DOCE

OASIS

16 de Octubre de 2015


Al entrar en clase de Literatura, la profesora, que estaba ya en su escritorio, me sonrió. Era una de las pocas profesoras que me caía genial y solo hacía un mes que había empezado. Suponía que el hecho de que me encantara leer conllevaba a que su asignatura fuera mi favorita.
Me senté en mi pupitre y abrí el libro que estaba leyendo mientras esperaba que la gente entrara y empezase la clase.
No tuve tiempo de leer más allá de dos páginas y justamente era cuando empezaba lo bueno.

—Buenos días, chicas —hizo una pausa— y chicos. Hoy nos adentraremos en el análisis de uno de los poemas de Baudelaire. ¿Alguien sabe algo sobre este autor?

Levanté la mano.

—Adelante, Oasis.
—Desde mi punto de vista fue uno de los autores simbolistas, aunque también románticos, más atormentados que he podido leer. Si tuviera que resumir su vida simplemente diría que estuvo marcado por sus desdichas amorosas, una de las cuales lo llevó a la muerte.
—Una visión bastante acertada, pero un tanto negativa, ¿no crees?
—Bueno, simplemente me remito a los hechos.
—No obstante, podemos encontrar también poemas en los que no se note su hastío vital o spleen.
—Sí, pero en estos acaba comparando a su amada con un cadáver putrefacto —dije entrecerrando los ojos.
—Supongo que me he quedado sin argumentos —rió—. ¿Alguien más sabe algo sobre Baudelaire?

Silencio absoluto.

—Bueno, bueno, ¿por qué no probamos a hacer un debate sobre lo que cada uno de vosotros piensa del amor? Así podemos hacer que la clase tome un punto más activo.

Noté cómo Adrianna y Heather murmuraban.

—¿Heather?—preguntó la profesora, yo miré hacia atrás de reojo.
—Esto... —la rubia agachó la cabeza para que el pelo le tapase la cara.
—No se te oye —dijo con una sonrisa.
—Decía que yo creo que el amor es lo que mueve a las personas —aseguró elevando un poco más su voz.

Puse los ojos en blanco.

—¿Y eso por qué, Heather? —la profesora se sentó sobre la mesa y le sonrió de nuevo mientras me echaba una mirada divertida a mí.
—Está claro que todo tiene relación con el amor, es decir, los poemas, las canciones y las películas. Todo se basa en ello, porque todo el mundo quiere sentirse querido y especial. Hasta los géneros cinematográficos que no tienen nada que ver tocan, aunque sea de pasada, el tema del amor.

Bufé. ¿Cómo podía haber gente tan sumamente cursi?

—Y tú, Oasis, ¿qué piensas sobre este tema?
—¿Estás segura de que quieres saber mi opinión sobre el amor? —escupí la última palabra con ironía.

—Por supuesto, Oasis —afirmó—. Creo que a todas las personas aquí presentes les gustaría.

Levanté una ceja, pero comencé:

—Definitivamente el amor es un sentimiento sobrevalorado. Ninguna persona llega a sentir tanto como afirma y, absolutamente, con los años, se ha convertido en un despropósito de cursilería e hipocresía que las personas llegan a utilizar de forma poco ecuánime.
—El amor no es racional —intervino Heather.

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