—¡Hey, James!—Norman se acercó a mí con un trote cochinero que lo hacía ver incluso más patético de lo que ya era—. ¿Qué... Qué te ha pasado?... —jadeó—. ¿Te has roto el brazo? —dijo señalando la escayola con una cara de espanto como si acabara de ver un fantasma.
—No, bueno... Es solo una fractura en el radio—dije alzando un poco el brazo—. Iba a llamar para informar de la baja, pero...—me encogí de hombros—. No tengo el número del centro, así que he tenido que venir.
—¿Cómo te lo has hecho? —preguntó casi de inmediato, delatándose él mismo de que realmente lo único que le importaba era el morbo de mi accidente.
—Me... me caí por las escaleras—dije, después de dudar un poco, lo primero que pasó por mi mente.
Él arqueó una ceja, incrédulo, y me miró ofendido. Estaba claro que ya sabía lo que había pasado, solo quería escucharlo salir de mi propia boca. Pues bien, no pensaba darle ese placer. En cuanto se dio cuenta de su expresión carraspeó un poco y cambió ligeramente el peso de un pie a otro.
—Vaya... Creí... Creí que te había ocurrido otra cosa—contestó titubeando un poco—. Bueno, ya sabes, dicen las malas lenguas que tuviste un accidente de coche.
Adopté un rostro sorprendido y no me permití sonreír.
—Pues, ya ves, las malas lenguas se equivocan—iba a marcharme cuando, en el último momento, di media vuelta—. Por cierto, Norman...
—¿Sí?
—Tu corbata—señalé su cuello—, está mal atada—esta vez sí que decidí sonreír de medio lado—. Tal parece que alguien tenía prisa por confirmar sus rumores...
Se quedó parado por un momento hasta que, finalmente, reaccionó y comenzó a ajustársela de forma torpe. Me giré y solté una pequeña carcajada. Me sentía bien, muy bien, mejor que bien. Oí como farfullaba por lo bajo mientras me alejaba de ahí y esperaba no tener que volver a verlo en todo el día. Ahora que había estado a un paso de la otra vida mi malestar por Norman no me parecía tan difícil de arreglar. Quizá ya era hora de plantarle cara de una vez y ser libre de sus abusos. Pero, por el momento, aquello era lo menos importante.
Mi cuerpo se movió prácticamente solo hacia la escena del crimen, otra vez. ¿Por qué? Quién sabe. Solo sentí que necesitaba estar allí pero, en cuanto llegué, la incomodidad invadió mi cuerpo como una ráfaga de viento helado. De repente no me apetecía para nada estar ahí, como si mi mente tratara de escapar de aquellos horribles recuerdos que ese estrecho callejón guardaba. Un pinchazo en las sienes hizo que me repensara un par de veces si acercarme más o no, y cuando estaba a punto de dar media vuelta alguien posó una mano sobre mi hombro, dándome un susto de muerte.
—Oye, ¿es que no me escuchas? —dijo el policía—. Fuera de aquí. Ya nos cuesta mantener a los periodistas a raya como para que ahora vengan un montón de chismosos a curiosear.
Su voz se notaba basta, como si realmente le molestara mi presencia allí. Probablemente si no me hubiese dicho nada habría salido por patas en menos de lo que canta un gallo, pero ahora que me habían pillado no podía echarme atrás. Al menos no quería quedar como un chismoso tal y como había dicho él.
—Soy... soy el tío de la víctima—adopté una pose neutral y un tono de voz apagado—. Venía a ver el lugar donde murió mi sobrina—tosí un poco—. Tengo derecho a saber dónde... dónde la mataron.
Estaba completamente seguro de que había sonado convincente, o al menos un poco, pero el hombre arqueó una ceja y me miró divertido.
—Pero bueno, ¿cuántos tíos tenía esa muchacha? Ya han venido siete como tú con la misma excusa—sentí cómo mi cara quedaba pálida como la tiza ante su comentario.
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Relatos
Historia CortaPues eso, relatos. Ea, palante Empecé a escribir estos relatos en 2014, así que la gran mayoría son una mierda. Si queréis leer algo con un mínimo de calidad empezad por los últimos, o leed la historia en la que actualmente estoy trabajando, en mi c...
