Siete días.
Habían pasado nada más ni nada menos que siete días desde que había logrado conciliar el sueño por última vez. El no dormir no fue un grave problema para mí, ya que siempre he sido una persona noctámbula. Mi verdadera agonía eran aquellas sombras espectrales. Me acechaban, como si se tratara de un grupo de buitres que le dan vueltas a un animal moribundo. A la más mínima falta de luz, se encontraban ellas. ¿Mi salvación? Una pequeña lamparita de tono amarillento que coloqué en la mesita de noche. Yo me escondía en mi cama, y hacía mi vista más aguda, observando como se movían por el pasillo, incapaces de entrar en la habitación.
Realmente podían entrar, pero preferían esperar.
Y esperaban.
Sabiendo que, tarde o temprano, tendría que salir de aquella habitación vagamente iluminada.
Y se movían de arriba a abajo, augmentando o disminuyendo su número y, de vez en cuando, alguna asomaba una esquelética y terrorífica mano por el umbral de la puerta.
Pero la perdición llegó aquél día en el que se fue la luz.
Fui a encender la lamparita como hacía todas las noches cuando me percaté de que la habitación no se iluminaba. Apreté varias veces el interruptor con vehemencia, pero seguía todo a oscuras. Las pulsaciones incrementaron cuando a mis oídos llegaron unas divertidas risas. Me di la vuelta, observando atónita la puerta. Mi cuerpo no era capaz de moverse, por lo que me quedé quieta, notando como el frío sudor recorría mi frente.
La única claridad que me permitía observar sus movimientos eran los débiles haces de luz que desprendía la luna. Estaba sola, junto a aquél ejército sombrío que emergía de la oscuridad. Retrocedí unos pasos, chocando mis gemelos contra mi cama, cuando vi que se acercaban y, aún riendo, entraban en mi habitación. Un centenar de ojos huecos se posaron sobre mí, creándome una sensación de vacío en el estómago. Contuve la respiración, creyendo que así solucionaría algo.
—¡N-No tengo miedo!—Grité, tartamudeando un poco.
Mis piernas empezaron a flaquear, advirtiéndome de que pronto perdería el equilíbrio.
Pero las sombras se acercaron un poco más, helando la estancia hasta llegar a congelar la sangre de mis venas.
—¡No tengo miedo!—Repetí, sintiendo como me empezaban a rodear por la espalda.
Por un momento, las risas cesaron, dejando únicamente el murmullo del viento entre las cortinas. Pero las miradas no desaparecieron, acercándose aún más a mi organismo.
Sentí que el aire me faltaba al notar como ardían mis pulmones, e inhalé una gran bocanada de oxígeno para, seguido, volver a contener la respiración. Experimenté como, poco a poco, me iban envolviendo.
Y grité, presa del terror, al notar como una huesuda mano tapaba mis ojos.
Al amanecer, cuando al fin mis vecinos consiguieron tirar abajo la puerta con la ayuda de los bomberos, subieron a mi habitación para encontrarme estirada en el suelo con la mirada perdida y una leve sonrisa en mi rostro.
—No me han llevado, no me han llevado...—Era lo único capaz de formular.
Había caído en la demencia.
Pues eso, un especial de Halloween que tenía muchas ganas de hacer a mis seguidores que no me siguen por Sweetie. Al principio no tenía pensado hacer ninguno, pero creo que este "libro" se merece un especial de Halloween.
Espero que os haya gustado y os deseo una muy terrorífica noche de Halloween.
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Relatos
Short StoryPues eso, relatos. Ea, palante Empecé a escribir estos relatos en 2014, así que la gran mayoría son una mierda. Si queréis leer algo con un mínimo de calidad empezad por los últimos, o leed la historia en la que actualmente estoy trabajando, en mi c...
