Cap. 25- Cómo el sol y la luna

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"Inmarcesible es algo que no puede marchitarse, amor, lo nuestro es  la clave de aquella palabra." -Samm de la Rosa



Faltaban tres semanas para vacaciones de invierno, el frío ya se aferraba a la ciudad, esta época era la mejor del año, convivir con las personas que amas eran momentos inolvidables y también lo eran otras cosas.

Miré fijamente a Connor, nos encontrábamos en su habitación escuchando música, esa era la manera en la que pasábamos el tiempo, comer, salir al cine o escuchar música en su cuarto, todo había cambiado desde que le prohibieron seguir jugando americano.
– Me encantó esa canción –Comentó Connor y besó mi cabeza.
Subí mi rostro para mirarlo.
– Lo sé, al momento en que la escuché pensé en ti –me encogí de hombros– va con nosotros.
– Cómo cuando el sol sale y después se vuelve a esconder.
– ¿A qué te refieres?
Me acomodé mejor y lo observé directamente, él me acarició la mejilla y sus ojos brillaron.
– Si el sol no sale la luna se quedaría en el mismo lugar, los dos se complementan, si no existiera uno la otra no haría correctamente su función, ambos se necesitan, al igual que yo a ti, si no estás cerca de mí, el vivir no tiene sentido. Eres mi luz y mi oscuridad, cuando estoy cerca de ti yo brillo y cuando no es así soy un alma en pena.
Acercó su rostro al mío, sí, eso era posible.
– Quédate conmigo Arianna, pase lo que pase no me dejes –capturó mis labios en un delicado y cálido beso– eres lo único que me mantiene cuerdo.
Rozó mi mejilla.
– No me alejaré, es una promesa –Declaré.
Alcé mi mano derecha y doblé todos mis dedos excepto el meñique, Connor me miró, sonrió y me imitó.
– Es una promesa.
La tarde transcurrió de lo mejor, las palabras salían de nuestras bocas sin siquiera esforzarnos, era eso, una química increíble la cual nos hacía dejarnos llevar, cada palabra romántica que le mencionaba era real, todo el amor que le describía en estos momentos era cierto, lo nuestro era lo más real del mundo.
– ¿Puedes quedarte esta noche conmigo?
Connor rompió el silencio, su tono de voz era nervioso.
Busqué su mirada, incluso fruncí las cejas, nunca me había preguntado si podía quedarme a dormir con él, honestamente su pregunta me desconcertó.
– Yo... pues...
No podía formular una frase.
– Creo que no debí haber preguntado eso –Murmuró.
Pasó su mano desordenando su cabello.
– No es eso, solo que nunca habíamos pasado la noche juntos.
Connor miró hacia la izquierda, su mirada estaba perdida.
– Es que... –tragó saliva– tengo una gran necesidad de pasar todo el día a tu lado –se encogió de hombros– no sé cómo explicarlo.
Alzó su mirada y me sonrió de lado.
– De acuerdo, me quedaré contigo –Acepté.
El rostro de Connor se iluminó y a mí se me contrajo el corazón.
– ¡Perfecto!
Llegó a mi lado y me abrazó, repartió muchos besos en mi cara.
– Oye, pero tus papás... –Mencioné a medias, él lo entendió.
Connor dejó de besarme.
– No te preocupes, hablaré con ellos.
Se separó y desapareció por la puerta, solté un suspiro que estaba conteniendo minutos atrás.
Me levanté de la cama y coloqué mis dedos sobre mis labios, éstos se levantaban y caían rítmicamente, los nervios comenzaban apoderarse de mí ¿La mamá de Connor me permitiría quedarme aquí por una noche? ¿Toda una noche, en el cuarto de su hijo, solos? Maldición, cualquiera pensaría en doble sentido, incluso yo lo hago, aunque la manera en la que me lo preguntó o su confesión fue dulce, romántica, nada relacionado con lo sexual.
– ¡Mi mamá! –Grité.
Agarré mi celular, estaba en el escritorio de Connor, busqué su número y marqué, mientras más sonaban los pitidos mi corazón se iba agitando, era más que obvio que ella no lo permitiría, pero tenía una pequeña esperanza de que algo bueno sucediera.
– ¿Qué pasó Arianna? –Respondió secamente, mi estómago se contrajo.
– Hola mamá, yo... –inhalé y exhalé armándome de valor– marqué para pedir permiso.
No contestó por un minuto.
– ¿Qué tipo de permiso?
– Pasar la noche en la casa de... Doreen.
Terminé y maldije mentalmente por no decir la verdad.
– ¿Por qué quieres pasar la noche con ella?
– Pues... se siente mal, tuvo una discusión con su novio y me pidió quedarme en su casa.
Suspiró.
– Está bien, pero mañana te espero en la casa a la diez de la mañana ¿Entendido?
– Sí, te veo a esa hora –Comenté.
– Bueno, adiós.
– Adiós –Susurré.
Sonó el tono que indicaba la llamada finalizada.
No era agradable saber que aún había un distanciamiento entre nosotras, dejé el celular en el escritorio y me quedé parada en medio del cuarto, todo estaba en silencio hasta que una discusión rompió el ambiente tranquilo. Avancé a la puerta y la abrí ligeramente, el ruido provenía de la sala, saqué más mi cabeza y no se oía con claridad, salí al pasillo y me quedé en la esquina cubriéndome para no ser vista, todo se escuchaba con claridad, por desgracia.
– ¿Cómo quieres que acceda a que ella se quede en la casa toda una noche? –Habló energéticamente la mamá de Connor.
– ¡Es una noche mamá y se quedará a dormir, no a otra cosa, carajo!
– No le hables de esa manera –Interrumpió el papá de Connor.
– Pueden verse mañana, no sé cuál es el afán de que ella se quede hoy.
– Mira hijo, debes entender a tu mamá –Declaró el Sr. Khan.
– No –susurró mi novio– ustedes deben entenderme, hoy puede ser la única noche que pase con ella bien, sin hacer algo extraño, sin que un síntoma se presente o tal vez lo haga, quizás aparezcan los síntomas pero no como en un futuro se presentarán, no con la intensidad que el Doctor mencionó, solo es por hoy, quiero estar por unas cuantas horas a su lado sabiendo que está conmigo.
Ya no tuve el valor de escuchar más, me fui corriendo al cuarto de Connor y mi destino era el baño, me recargué en el lavamanos y me miré en el espejo, no tenía que llorar, no era el momento apropiado.
Escuché la puerta del cuarto abrirse.
– ¿Arianna? –Preguntó.
Aclaré mi garganta.
– Estoy en el baño –Grité para que me escuchara.
– Oh, bueno, te pasaré una playera para que la uses como pijama ¿De acuerdo? –Comentó.
– ¿Tus papás dejaron que pasara la noche aquí? –Pregunté sorprendida, creía que no accederían.
– Sí.
– De acuerdo –Dije dudosa.
Se escuchó como abría un cajón y después lo cerraba, unos cuantos pasos y tocó la puerta, la abrí.
– Ten –Habló calmado.
Me tendió la playera.
– Gracias.
La recibí y volví a cerrar la puerta.
Me quité la ropa dejando únicamente la interior y deslicé la playera en mi cuerpo, me observé en el espejo de cuerpo completo y quedé desconcertada, había estampada una frase, no se leía con claridad por la distorsión del espejo así que me la quité y la comencé a leer:

2 veces sin tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora