Cap. 4- Lo que nunca te pude decir

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"Sigo mal, y seguiré peor, pero voy aprendiendo a estar sola y eso ya es una ventaja y un pequeño triunfo"- Frida Khalo



Lo peor de todo es que eran recuerdos de los momentos más felices que pasé con Connor, pero sólo eran eso, recuerdos, que abrían cada vez la herida y la hacían más profunda.

Miré con tristeza todos los papelitos que contenía la caja, agarré uno y decía:

"Eres la persona más sensible y dulce que conozco, te amo con todo mi ser"

Sonreí nostálgicamente, cuando se lo proponía era el chico más perfecto que cualquier chica quisiera tener, pero también cuando quería lastimar a alguien, ganaba el primer lugar. Hurgué en la caja y me encontré con muchas fotos de nosotros en distintas posturas; sonriendo, abrazándonos, dándonos un beso, haciendo gestos, en fin, muchas fotos, pero lo que me llamó la atención fue un sobre que se encontraba hasta el fondo, lo saqué, lo abrí y había una hoja doblada a la mitad con letras grandes y oscuras decía:

Lo que nunca te pude decir, Connor.

Me senté en mi cama y comencé a leer la carta.

"Tal vez cuando alguien rompe con su pareja se olvidan de ella fácilmente, tal vez no, yo no puedo olvidarlo por más que trate. Han pasado ya dos meses y no puedo sacarlo de mi cabeza, falta poco para que termine el curso y por fin deje de verlo, pero ahí no acaba el problema, lo volveré a ver, tengo fe que en estas tres semanas de vacaciones lo olvide. Quiero deshacerme de todo lo que tenga que ver con él, por eso estoy escribiendo esta carta, para no volver a desahogarme o volver a derramar una lágrima más. Quiero escribir en la carta lo que nunca le podré decir, por ejemplo que cuando estoy con él me siento bien, no importa lo demás cuando lo tengo a él de compañía, quiero plasmar en cómo mi corazón cada vez que lo ve late fuerte, tan fuerte que siempre temí que se me saliera del pecho. Amo cada una de sus sonrisas, son perfectas y con ellas mejora mi día, amo verlo con su uniforme de fútbol americano, amo ir a apoyarlo en cada uno de sus partidos, amo cuando estoy enferma y viene a cuidarme, amo cuando me pongo celosa y él deja en claro que yo soy su novia, que soy especial para él.

Supongo que eso ya no importa, me dejó a mí y todo el amor que era para él, quisiera odiarlo, quisiera aborrecerlo a tal punto de ya no volver a quererlo, pero no es así, cada vez que lo veo con una chica se me parte el corazón en mil pedazos. No puedo creer que pasamos cosas tan increíbles e inolvidables y no le hayan importado absolutamente nada, me dejó como una hoja ya utilizada; ya no hay donde escribir en ella y la tira.

Lo que más me dolió fue que a los dos días de haber terminado conmigo ya estaba con alguien más, según sus amigos no era su novia, pero se besaban ¡Enfrente de mí! No es justo que sepa aún mis sentimientos hacía él y me restriegue su nueva felicidad, no era nada justo, por ejemplo, no era justo que yo me muera por dentro y él tenga una estúpida sonrisa en el rostro, quisiera sacarlo de mi corazón como si dijera abracadabra, sé que no será así de fácil y es cuando tengo que demostrarme que soy fuerte. Aún lo amo, a pesar de todo, lo amo, y no es fácil amarlo cuando me hace daño, pero, vivimos un amor verdadero que ningún cuento romántico nos podrá ganar."

Ni siquiera me había percatado que estaba llorando, hasta que cayó una lágrima en la hoja y la manchó, fue ahí cuando también vi que en otras partes de la hoja tenía manchas, la acerqué a mi rostro para ver mejor y lo recordé; mientras escribía la carta lloraba. Solté un sollozo y tapé mi boca, más lágrimas se acumulaban en mis ojos

– No puedo creer que aún lo de Connor me afecte –miré la carta– no cumplí mi promesa de olvidarlo en las vacaciones –Admití.
– Arianna, alguien vino a verte –Gritó mi madre desde la sala.
Dejé la carta en la caja, la cerré y esta vez para siempre.


– ¡Doreen! –Grité cuando la vi sentada en uno de los sillones, ella se levantó y me abrazó.
– Por Dios, tu mamá me contó lo del accidente ¿Estás bien?
Nos separamos y volteó a ver mi mano.
– Pues no me duele –me encogí de hombros– por cierto, nada más vienes cuando estoy a punto de morir, Dor.
Se rio al escuchar el sobrenombre que le puse.
– Cálmate Ar, eres una exagerada.
– Un poco – reí– vamos a sentarnos, tengo muchas cosas que contarte.
Estuve con Doreen durante dos horas en las cuales le conté sobre la aparición de Connor en la tienda y como en todo el día él se aferraba a aparecer en mi cabeza, ella solamente me regañaba por acordarme de alguien que no valía la pena, cosa que era cierta, pero no se le puede decir al corazón "Oye, deja de pensar en él, te hizo mucho daño así que olvídalo de una vez por todas" no era así de fácil, era demasiado complicado, tan complicado que durante las vacaciones no lo pude olvidar ni un poco.


Había quedado de verme con Doreen a las cinco de la tarde en la plaza para comprar nuestros útiles, ya que cuando vine para hacer esas compras pasó el accidente de la mano y el otro problema era que ya mañana entrábamos a la escuela.

– Mátenme –Susurré.
– Pero yo no quiero matarte –Comentó Dor con un puchero, me reí.
– Me alegra saber eso.
– También a mí ¿Por qué estás tan de buen ánimo?
Puro sarcasmo salía de su boca.
– ¿Será porque mañana entramos a la escuela? –cuando estaba a punto de responderme, la interrumpí –ya sé, es porque mañana tendré que soportar a Connor restregándome todas sus nuevas conquistas, sí, es eso.
Dor me observaba detenidamente hasta que soltó un suspiro.
– Ari, sabes que te amo como si fueras mi hermana y por nada del mundo quiero verte triste, si mañana Connor hace una cosa así lo golpeo y ya.
– ¿Así de fácil? –Enarqué una ceja.
– Así de fácil.
Eso era lo que amaba de Doreen, realmente se preocupaba por mí y ella sabía perfectamente que cuando se trataba de Connor lo que yo pensaba era pura tontería, por lo general ella se ocupaba de los temas que lo involucraban.
– Por eso eres mi mejor amiga, ahora vamos por lo que necesitamos para mañana –Sonreí ampliamente.
– Esa es la Arianna que yo conozco.
Dicho esto se acercó a mí y me abrazó, una muestra de afecto que necesitaba demasiado.

Estuvimos dando vueltas por toda la plaza durante mucho tiempo, las dos ya nos encontrábamos muy cansadas así que decidimos hacer una parada para comer. Nos sentamos en una mesa vacía que se encontraba en frente de un local de comida china.

– Honestamente no se me antoja la comida china –Comentó Dor con cara de asco.
– En primera, deja de hacer esa cara –frunció el ceño, la ignoré– y en segunda, hay diez locales más para elegir.
– El problema es qué comeremos.
– Mejor hay que hacer una cosa, yo voy rápido al sanitario y tú escoges lo que quieras ¿Te parece?
– Perfecto, ahora regreso –Dijo.
Se levantó de la silla y se dirigió a un local que no observé detalladamente.

Entré al sanitario y en la puerta de éste había pegada una propaganda de una película de fútbol americano, vaya, todo me recordaba a Connor.

– ¿Qué pediste?
Pregunté cuando regresé, estaba a punto de sentarme en la silla cuando en el centro de la mesa se encontraba una pizza grande de peperoni.
– Pizza –Contestó Doreen como si decir pizza frente a mí fuera algo común.
– ¿Estás bromeando?
– No.
Su respuesta me hizo enojar.
– ¿Quieres que coma pizza? –Dije.
– Tranquilízate, sé que Connor te prometió su amor eterno frente a una pizza y que desde ese momento odias comerla, verla o solo hablar de este alimento –iba a defenderme pero me hizo un ademán para que guardara silencio– el caso es que mañana vas a comer pizza en la cafetería, enfrente de todos, incluyendo a Connor.
– ¿Para qué?
– Eso demostrará que ya lo olvidaste aunque tú y yo sepamos que no es así, debes hacerle creer que te da igual su presencia.

Tenía toda la razón, yo ya no quería ser la chica que el capitán de la escuela había botado como un trapo y que ella aún estaba destrozada por eso, yo quería volver a ser la misma Arianna que no le importaba nada.
– De acuerdo.
Me senté en la silla y tomé una rebanada de pizza, me le quedé viendo por unos minutos, hasta podía sentir que ya se había enfriado, la acerqué lentamente a mi boca y mordí una pequeña porción de ésta.
– Bien hecho, aunque mañana debes de tardar menos.
– Es patético no querer comer pizza por culpa de alguien –Resoplé.
Cubrí mi rostro con mis brazos y me recargué en la mesa.
– Patético es que Connor te lastimara de esa manera, déjalo atrás, mañana serás la chica que nunca anduvo con el capitán y que nunca lastimó.
– Eso espero –Susurré. 

2 veces sin tiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora