"Me sobran ganas de pedirte que te quedes, pero no lo haré. Hay cosas que deben nacer de una persona, como permanecer, querer permanecer" – Poly Cinco, en 140 carácteres.
Connor me miraba fijamente, puso una mano en mi cintura y me atrajo hacia él. poco a poco su rostro se acercó al mío, todo lo veía en cámara lenta; la forma en la que sostenía mi cadera y como su otra mano rozaba mi mejilla delicadamente, la manera en la que sus labios se unían a la perfección con los míos, como de un instante a otro nuestras respiraciones se fueron agitando, lentamente nos separamos. Connor no dejaba de mirarme, ni siquiera su mano que me tenía rodeada se había movido.
De pronto un sentimiento desagradable vino a mi mente oscureciendo el beso de hace unos segundos.
– ¿En qué piensas?
Me preguntó mientras ladeaba la cabeza.
– En ti.
– ¿En mí? –Frunció el ceño.
– Sí, en ti.
Me separé bruscamente de él y le di la espalda.
– ¿En qué piensas sobre mí? –Volvió a preguntar, su voz estaba apagada.
– En si esto es un sueño, estoy pensando que tal vez estás borracho y por eso me dices ese tipo de cosas, me aterra saber que esto es un juego –me volteé para encararlo– ¿Qué pasa si el lunes cuando regresemos a la escuela te vea y tú no te dignes siquiera a mirarme? ¿Qué tal si tú les dices a todos que me acosté contigo? ¿Qué tal si les dices que beso horrible y que te doy asco? ¿Eh? Yo realmente no podría soportarlo.
Lo último lo dije en un susurro sacando a flote mis temores que hace años llevaba arrastrando. Había tenido experiencias amargas si hablábamos de amor, entregaba todo mi corazón y al final tenía que unir los pedazos uno por uno.
Connor solo se limitaba a verme con una mirada dolida, la habitación estaba en completo silencio a pesar de que abajo hubiera una fiesta.
– No puedo creerlo –dijo mientras se acercaba a mí– ¿Por qué estás diciendo todo esto? ¿Acaso no has escuchado todo lo que te acabo de decir? Escúchame bien –se acercó a mí y puso sus manos al lado de mi cabeza– Nunca en mi vida le había dicho a alguien que me gustaba, nunca he expresado mis sentimientos puesto que nunca los he sentido de esta manera –dio el único paso que nos separaba y poco a poco sus ojos comenzaron a brillar– solo contigo fui capaz de abrirme.
– Connor – Pronuncié su nombre en un tono bajo temiendo que si subía la voz este momento se desvaneciera.
– Shhh –me calló poniendo su dedo índice entre mis labios– piensas mucho las cosas, no lo hagas, sé que es difícil creer todo esto, yo apenas y lo hago. Nunca en mi vida pensé que con mirar una vez a alguien tendría sentimientos por esa persona.
Sus últimas palabras me dejaron impactada, ¿Realmente Connor sentía algo por mí? ¡Qué irritante es no saber qué hacer!
– Sí –Contesté.
– ¿Qué?
Volteé a verlo y tenía el ceño fruncido.
– Hay que ser amigos –Sonrió.
– ¿En serio? –asentí– eso es estupendo, Arianna.
Lo miré sorprendida.
– Dijiste que no sabías mi nombre –Dije sin ocultar mi desconcierto.
– No, dije que tú no me habías dicho tu nombre.
– ¿Entonces cómo lo sabes? –Pregunté.
– Escuché cuando se lo dijiste a un chico
Hizo una mueca.
– ¿A un chico?
¿De cuál chico hablaba Connor?
– Cuando volteé hacia la puerta principal te vi, así que me paré y fui a buscarte, creí que te estaba imaginando. Llegué a las escaleras y estabas platicando con un chico, cuando pasé a tu lado le estabas diciendo tu nombre.
Ahora entendía por qué cuando subí él ya estaba en el cuarto, creí que se teletransportaba.
– Oh.
¿En serio? ¿Lo único que pude decir es "Oh"? Alguien debería entrar al cuarto y darme una cachetada
– ¿Quién era el chico? –Preguntó con un tono relajado, quitándole importancia.
– Se llama Ethan y lo acabo de conocer –la mirada de Connor cambió y no estaba segura del por qué– le pregunté en dónde se encontraba el baño.
Me sonrojé inmediatamente, tal vez debí omitir eso.
– Quizás haga lo mismo.
– ¿Lo mismo de qué? –Pregunté.
– Ya sabes –sonrió de lado– hacer que las chicas me pregunten en dónde está el baño y sacarles sus nombres, me acabas de dar una gran idea para conquistar.
¿En serio acaba de decir eso? Bueno, tal vez alguien debería entrar a la habitación y darle una cachetada a él, no a mí.
– Ethan se portó muy amable, ya sabes –dije con los dientes apretados– nada de querer conquistarme, porque Ethan sí es caballeroso.
Era absurdo defender a Ethan ya que apenas lo conocía y articulé como siete palabras con él, pero lo más absurdo era que Connor quisiera conquistar a chicas que le pregunten en dónde se encontraba el baño, imbécil.
– Tal vez funcione –dijo indiferente– Además, no necesito una táctica para conquistar a chicas, con solo sonreírles hago que se desmayen.
Su tono tenía una pizca de burla aunque también sonaba engreído, quise golpearlo yo misma.
– ¡Mira Connor, si piensas de esa manera mejor me voy!
¿Cómo es posible que acababa de confesarme su amor y diga este tipo de cosas?
– Oh, vamos, Arianna, no estarás celosa.
Su expresión era divertida ¡Se estaba riendo de mí! ¡De mí!
– No, por supuesto que no –Lo miré con frialdad.
Él me miraba fijamente y de la nada comenzó a carcajearse, el sonido llenó la habitación de forma agradable pero no dejé que eso me distrajera.
– ¿De qué te ríes? – Pregunté irritada.
– De ti –estaba a punto de decirle un par de cosas nada amables pero me interrumpió– no, no lo tomes a mal, es que realmente acabo de confesarte mi amor y aún dudas de mí.
Me miró con ternura.
Escuché un fuerte ruido y los recuerdos de hace un año se desvanecieron.
– ¡Arianna, te estoy hablando!
Levanté la vista de golpe y me encontré a mi madre furiosa observándome desde el otro lado de la mesa.
– ¿Qué sucede? –Dije desconcertada.
– Sucede que desde hace diez minutos te estoy hablando y tú pareces estar en trance –Comentó muy enojada.
– Lo siento, es solo que...
No me atreví a terminar la frase, si ella se entera que aún me afecta lo de Connor la iba a preocupar.
– ¿Es solo que, qué?
– Nada.
Traté de concentrarme en mi desayuno.
– Ari –se sentó a mi lado– me rompería el corazón saber que aún sufres por Connor.
Su mirada era tan triste que en vez de romperle el corazón a ella, el mío se estaba haciendo trizas.
– No te preocupes, ya no he pensado en él.
Mentí, ¿Pero qué más podía hacer?
– Está bien –su ánimo cambió en un abrir y cerrar de ojos– come y después sube a arreglarte, iremos a comprar todo lo que necesitas para tu regreso a la escuela.
– Mamá, falta una semana para entrar –Dije sin ánimos de salir.
– Bueno, yo también necesito comprarme cosas –sonrió– y pensaba tener toda una tarde de compras contigo.
– De acuerdo –acepté, no podía rechazarla cuando estaba tan entusiasmada– bajo en quince minutos.
Después de reemplazar mi pijama por ropa cómoda, bajé de nuevo y mi madre ya estaba en la puerta lista con las llaves del carro en las manos, sonreí al verla tan ansiosa.
La plaza a la que siempre íbamos quedaba a veinte minutos de mi casa, al entrar me percaté que ésta estaba llena, aunque siempre era así, ya que era la más cercana a Subterráneo, lugar donde vivo, la otra plaza se encontraba en Central y estaba a una hora de aquí, así que era más que obvio que la gente prefiriera venir acá.
– Y bien, ¿Qué quieres hacer primero?
– Realmente estás entusiasmada por esto ¿Verdad? –Sonreí.
– Por supuesto, la última vez que salimos de compras juntas fue cuando tenías diez años –se quedó en silencio un momento– ¡Ya pasaron ocho años! –Gritó.
– Shhh. –Giré mi rostro hacia todos lados y cómo era de esperarse, algunas personas dejaron de hacer sus cosas y voltearon a vernos.
– Lo siento –susurró– no creí que se escuchara.
– Prácticamente gritaste –me reí y ella hizo lo mismo– primero hay que ir por algunos vestidos para ti.
– Me parece perfecto.
Y con su brazo alrededor de mis hombros nos encaminamos a una tienda que nos llamara la atención.
– Me gusta ese vestido, pero estaría mejor si fuera color morado.
Mi madre hizo una mueca.
– ¿Por qué mejor no le pedimos a la encargada que nos muestre todos los vestidos morados?
– Buena idea, iré yo, tú por lo mientras ve alguna prenda que te guste.
Y después de eso se dirigió a recepción.
Primer pasillo. Ningún vestido de mi agrado. Segundo pasillo. Ése me gustó pero no hay de mi talla. Tercer pasillo. Un vestido rojo realmente hermoso. Descuelgo el vestido para verlo mejor. Voy hacia el probador. Me quedó perfecto. Salgo para mostrárselo a mi madre. Connor está afuera de la tienda.
– Pero qué carajos –me paro en seco, está de espaldas pero lo reconocería en cualquier lado.
Oh, Dios mío.
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2 veces sin ti
RomanceCreo que cuando conoces el gran amor de tu vida y de repente lo pierdes, llega una gran tristeza que no te deja ver la posibilidad de luchar por el, pero igual creo que hay personas a las que no les importan las adversidades, ni cuantas cosas negati...
