"Un día me dijiste que nunca me harías llorar, pero si supieras que mi almohada ya está cansada de secar mis lágrimas que se derraman por ti." –Samm de la Rosa.
Un sonido me despertó, la alarma sonaba una y otra vez, después de un tiempo el ruido cesó. Me estiré en la cama y suspiré, hoy Arianna se irá de vacaciones y comienzo a extrañarla de inmediato, vuelvo mi mirada al reloj, es hora de ducharme.
Abro la puerta en la habitación de Arianna, la veo de espaldas sacando de su ropero algunas playeras, me acerco lentamente a ella y le beso el cabello, ella voltea sobresaltada y al verme sonríe, acerca rápidamente sus labios a los míos, ella comienza a apartarse pero agarro su nuca y junto otra vez su boca a la mía, al finalizar la caricia paso mi lengua por mis labios.
Observo a Arianna colocando su ropa dentro de una maleta color vino, su ceño fruncido se hace presente a causa de la concentración de su tarea, la miro con ternura y siento una opresión en el estómago al recordar cuanto la lastimé, Ari siempre mencionaba que lo pasado debe quedarse en ese lugar pero es inevitable olvidarlo. Tantas veces actué y pensé como un idiota creyendo que ella estaría mejor sin mí, la aparté pensando que el disfrutar la vida era estar solo y no depositar mis sentimientos a una persona, que equivocado estaba y ese error casi hace que la perdiera para siempre.
– ¡Es un día! –Menciona Arianna mientras vira los ojos.
Noto que mis brazos están cruzados, sacudo la cabeza para que todos los malos recuerdos se esfumen.
– Lo sé, pero es extraño, en lo que llevamos de relación nunca te has ido de vacaciones.
– Exacto, por eso cuando mi mamá dijo que saldríamos creí que estaba bromeando.
– No creo que cuenten como vacaciones un día –Murmuré.
Ari atrapa mi mirada y sonríe, ¿Qué haré sin ella todo un día?
– Ya sé, pero cuenta como vacaciones porque en ellas te diviertes y mis abuelitos son increíbles, sólo faltaría el ir a nadar y broncearnos –Dice.
– ¿A qué hora te vas?
Observa el reloj y se siente en la cama.
– Al medio día, faltan tres horas –Comenta.
Alzo la ceja y lentamente me acerco donde está Ari, me acuclillo.
– ¿Qué podríamos hacer en esas tres horas? –Le hablo en un susurro.
Ari lleva su mano hacia su mentón mientras me observa detenidamente, quizá compartamos el mismo pensamiento o quizá no, al instante frunzo el ceño.
– ¿Podríamos ir a desayunar? –Me responde.
Trato de ocultar mi cara de sorpresa, ¿Desayunar?
– Yo sé de qué tengo hambre y no es comida –Le hablo seductoramente.
La única respuesta que obtengo es una estruendosa carcajada de mi novia, comienza a tocarse el abdomen por la risa incontrolable. Con mi ánimo hasta el suelo me acuesto a su lado en la cama.
– Cuando quiera ser romántico recordaré este momento y mejor me quedaré callado –Bufé.
Ari se gira y me mira, sus ojos brillosos me hechizan al instante.
– ¿Eso era ser romántico? Más bien sonaba como un diálogo aprendido de alguna película que viste.
– ¿Y si lo saqué de un libro? –Le respondo.
Acaricio su mejilla mientras ella piensa en su respuesta.
– Ahora en adelante te regalaré cuentos infantiles.
Por segunda vez la risa de Arianna inunda la habitación, suspiro derrotado, ella es imposible y me sorprendo al darme cuenta que no me molesta, de hecho es interesante creer lo que ella dirá pero siempre resulta diferente su respuesta a lo que pienso.
– De acuerdo, vamos a comer –Comento.
Me levanto de la cama y Arianna me sigue, la observo y su hermoso rostro lo adorna una sonrisa, instintivamente la imito.
– Amo tanto que aguantes mis bromas –Habla suavemente.
La tomo de la cintura y la acerco a mí.
– En realidad estaba planeando ir a comer y después terminarte –Alcé una ceja con burla.
No esperé su respuesta, estampé sus labios con los míos y de inmediato se hizo presente la ya conocida sensación de electricidad, tantos besos y éste se sentía como el primero, memoricé cada sensación, pude ver en sus ojos el sentimiento mutuo, apreté mis manos en su cintura, sin prisa acerqué de nuevo mis labios a los suyos, éstos comenzaron a moverse con sincronía, una de mis manos comenzó a acariciar su mejilla con dulzura, comenzamos a separarnos sin abrir nuestros ojos, aún podía sentir sus cálidos labios estampados con los míos.
Abrimos los ojos al mismo tiempo y como un imán nuestras miradas no podían separarse, nuestras respiraciones empezaron a escucharse al unísono. Arianna dio un paso para quedar lo más cerca de mí.
Quería demostrarle con un beso cuanto la amaba y el cómo me hacía perder el control estando con ella, solo con ella, volví a besarla desesperadamente, Arianna de inmediato enredó sus brazos alrededor de mi cuello, el tono del beso subió de nivel, la cercanía hacia mantenernos en calor. Dejé de pensar con claridad y darle permiso de tomar decisiones a lo que estaba sintiendo en estos momentos, pasé mis manos por los muslos de Arianna delicadamente para después agarrarlos y colocarlos alrededor de mi cintura, ella apretó el agarre, una de sus manos paseaba con desesperación mi pecho, este era nuestro momento de caricias que expresaban a gritos lo mucho que nos gustábamos, separé mi boca de sus labios para succionar su cuello pero el grito de su mamá de Ariana proviniendo de la sala hizo que nos separáramos abruptamente.
Pasé unas cuantas veces mis manos por mi cabello mientras que Arianna se acomodaba la ropa desaliñada.
– Creo que deberíamos ir a comer –Hablé.
No sabía qué más podía decir así que dejé que ella me respondiera.
– Sí... –Susurró.
Volteamos a vernos y poco a poco comenzamos a reírnos.
– ¿Cómo puede darnos pena cuando tiene mucho tiempo que estamos juntos? –Comentó Arianna para quitarle peso a la anterior situación.
Dio unos pasos a mí, me abrazó y recargó su cabeza en mi pecho, le correspondí el abrazo.
– No sé, quizá porque se sintió como las primeras veces que nos besábamos –Le dije.
Levantó su mirada.
– Creí que había sido la única en notarlo –Habló sorprendida.
Negué la cabeza lentamente, ella también había experimentado esa sensación.
– Vamos a comer –Comenté.
Asintió y agarrados de la mano fuimos a la puerta.
Le abrí la puerta del local a Arianna y de inmediato se dirigió a una mesa que estaba pegada a la pared, a los segundos de sentarnos un camarero llegó con nosotros, dejó dos menús en la mesa, agarré uno y comencé a leer qué podía pedir para comer.
– ¿Ya decidieron que van a ordenar? –Comentó el mesero.
Abrió su libreta y esperó a que nosotros pidiéramos.
– ¿Qué vas a pedir? –Le pregunté.
– Una pizza chica.
Su respuesta fue tan rápida que apenas pude entender lo que había pedido, la miré detalladamente y sabía que algo estaba mal, se removía de su asiento y no volteaba a mirarme.
– Lo mismo, por favor y dos refrescos –Comenté para que el camarero pudiese irse.
Mi mirada regresó a Arianna, quizá estaba imaginando que algo andaba mal pero no fue así, en serio pasaba algo que desconocía.
– ¿Qué pasa? –Le pregunté.
– ¿Por qué lo preguntas?
– Porque cuando pediste tu pizza sonaste extraña.
– ¿Cómo extraña? –Respondió.
Trataba de ser evasiva.
– No sé, explícamelo tú.
Le sonreí con delicadeza, no quería presionarla pero lo mejor era saber qué sucedía, Ari permaneció en silencio durante unos segundos.
– Es algo tonto –Comentó riéndose, pero su sonrisa no llegaba a sus ojos.
– Dudo que sea algo tonto, además me da curiosidad –Dije.
Acerqué mi mano a la suya y la apreté ligeramente, vamos Ari, sabes que puedes confiar en mí.
– Durante un tiempo aborrecí la pizza –Habló.
Instintivamente fruncí el ceño ¿Qué? De todas las cosas que pensé que me diría esta era la que menos esperaba.
– ¿Aborrecerla? ¿En qué sentido? –Pregunté curioso.
– Pues no verla ni comerla.
Solté una pequeña risa, vaya, creí que yo había hecho algo para que el ambiente estuviera tenso, pero el problema había sido una pizza.
– ¿Por qué? –Pregunté.
Suspiró pesadamente.
– Cuando me pediste ser tu novia estábamos comiendo pizza y juraste nunca lastimarme enfrente de ése alimento –Mencionó.
Mi sonrisa se la había llevado el viento, sentí una opresión en el estómago como hace unos minutos en el cuarto de ella, todo vuelve, siempre vuelve, regresan los recuerdos que hubiera deseado nunca haber hecho. Miré nuestras manos entrelazadas, sentía que el contacto me quemaba, poco a poco alejé mi mano de la de ella, gracioso haber pensado que yo no tenía nada que ver en esta situación.
Miré al mesero cuando dejó nuestros alimentos, miré todo menos a ella.
– Mira, si te lo dije fue porque es tonto –levanté la cabeza de golpe– en serio y da risa.
Sus labios se curvearon para mostrar una sonrisa, me gustaban sus sonrisas así que la imité y también sonreí pero al instante todos los recuerdos cuando la dañé vinieron a mi mente, maldición ¿Acaso nunca podría detenerlos?
– En serio, es muy gracioso odiar un alimento ¿no crees? – Habló Arianna.
Respiré e inhalé unas cuantas veces, ella fue sincera al contarme lo de la pizza, ahora tenía que ser honesto con ella.
– Aún lamento todo lo malo que te hice –Susurré.
Sus ojos ya no brillaban como hace unos segundos, su mirada era triste.
– Escucha, todo eso ya pasó, venos ahora, estamos bien y eso es lo que debe importar –Dijo.
Me costaba trabajo creer en sus palabras, no porque no le creyera a ella, era el aceptar que todo estaba bien entre los dos cuando las regresiones de lo que pasó se aferraban a mí.
Arianna viró los ojos, tomó una rebanada de la pizza y sin pensarlo la mordió. Pasó el bocado y me sonrío ampliamente, me quedé anonadado, esto quería decir que podíamos seguir adelante, el peso de los recuerdos se desvanecía, le devolví la sonrisa.
Me acerqué a ella sin pararme y la besé con dulzura.
– Mmm, beso sabor pizza –Comenté al finalizar el beso.
Arianna carcajeó por mi comentario y yo la miré maravillado.
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2 veces sin ti
RomanceCreo que cuando conoces el gran amor de tu vida y de repente lo pierdes, llega una gran tristeza que no te deja ver la posibilidad de luchar por el, pero igual creo que hay personas a las que no les importan las adversidades, ni cuantas cosas negati...
