El destino es un encadenamiento que está siempre presente en nuestras vidas, sabemos que es completamente necesario, pero también fatal.
No sabía lo mucho que el destino se aferraba a que SeHun y yo estuviéramos juntos. Es curioso descubrir que la...
No me costó trabajo obtener el permiso de mi abuela para ir a la fiesta con SeHun, y lo cierto es que ella confía en él y lo ama como si fuera su propio nieto. Es una gran ventaja.
—¿Qué te vas a poner, hija? —me preguntaba mi abuela mientras asaltaba con desesperación mi closet.
—Abuelita, apenas son las seis —le respondí aún estando acostada boca abajo sobre mi cama.
—Y por eso te vas a meter a bañar ya —me ordenó arrojando sobre mi espalda una toalla—. Con él te doy permiso hasta la una de la mañana.
Me quité la toalla beige de encima y me levanté de la cama. Caminé hasta mi buró y saqué de uno de sus cajones unas bragas negras y un sostén del mismo color, con ellos en mano me metí a mi baño y me deshice de la ropa que traía puesta. Abrí el grifo de la regadera y esperé a que el agua se templara, cuando eso sucedió, me metí bajo la regadera y traté de relajar mi cuerpo mientras el agua acariciaba mi piel. Estuve así durante diez minutos y después comencé ha asearme lavándome el cabello y el cuerpo; cuando terminé, cerré la llave de la regadera y salí de ahí.
Comencé a secarme el cuerpo con una toalla mientras que otra envolvía mi cabello, y cuando estuve lo suficientemente seca, me puse mis bragas y el sostén. Salí del baño con únicamente una toalla envuelta en mi cabeza, mientras que la otra la había dejado en el cesto de la ropa.
Me sorprendí al ver lo que yacía tendido sobre mi cama. ¿Realmente yo tenía guardado eso en mi closet?
Me acerqué hasta quedar frente a mi aposento y agarré el vestido que estaba sobre ella.
Ciertamente, era un vestido muy hermoso, el color vino hace una mezcla perfecta con mi piel y el largo está perfecto para mí, de hecho creo que esta hecho justamente a mi estatura. En el suelo, había unas zapatillas plateadas con pequeños diamantes de fantasía adornándolas, y al probármelas, me di cuenta de que me quedaban perfectamente bien, así que ya no me las quité.
Miré el reloj de mi habitación y este marcaba ya las seis con cincuenta y ocho. Y sin perder más tiempo, decidí ponerme el vestido y mirarme al espejo. Este me quedaba perfectamente bien y ajustaba muy bien mi cintura, salvo por el hecho de que su escote es un poco atrevido.
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Corrí a sentarme en la silla que estaba frente a mi tocador y comencé a maquillarme.
El maquillaje que usé no estaba nada mal, se veían muy bien las sombras oscuras en mis párpados, el delineado negro en la línea de mis pestañas y, también el labial mate color carmín que apliqué en mis labios, los hacía lucir asombrosos.
Decidí no utilizar joyería y únicamente apliqué perfume en mi cuello y en mis muñecas. Mi cabello, como siempre, lo dejé suelto y lo arreglé acomodándome mis caireles en la espalda y sobre mis hombros, mi fleco lo enrosqué un poco y lo acomodé del lado izquierdo de mi cara.